martes, 11 de diciembre de 2012

Unidad 25: La civilización grecolatina



INTRODUCCIÓN.


I. LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
INTRODUCCIÓN.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
1.1. LA ÉPOCA PREARCAICA Y ARCAICA.
La civilización minoica.
La civilización micénica.
La caída de la civilización micéni­ca.
Los siglos oscuros y el renacer.
El movimiento colonizador.
La polis griega y la evolución de su estruc­tura políti­ca: de la monarquía a la tiranía.
1.2. LA ÉPOCA CLÁSICA.El Estado ateniense.
La democracia.
El Estado espartano.
1.3. LA ÉPOCA HELENÍSTICA.
Macedonia: Filipo II y Alejandro Magno.
Los reinos helenísticos.
2. SOCIEDAD.
3. ECONOMÍA.
4. RELIGIÓN.
5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
5.2. FILOSOFÍA.
5.3. CIENCIA.
6. ARTE.


II. LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
INTRODUCCIÓN.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
1.1. LOS ORIGENES DE ROMA: LA MONARQUÍA.
1.2. LA REPÚBLICA
.
Las instituciones republicanas.
La expansión.
La crisis republicana.
1.3. EL IMPERIO ROMANO.
Augusto.
La nueva expansión.
La evolución del Imperio.
1.4. LA CRISIS TARDORROMANA.
2. SOCIEDAD.
2.1. LA DIVISIÓN SOCIAL.
2.2. LAS CIUDADES.
3. ECONOMÍA.
4. RELIGIÓN.
4.1. LA RELIGIÓN PAGANA.
4.2. LA APARICIÓN DEL CRISTIANISMO.
5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
5.2. FILOSOFÍA.

5.3. CIENCIA Y TECNOLOGÍA.
5.4. DERECHO.
6. ARTE.



INTRODUCCIÓN.
Abordamos esta UD con un planteamiento de resumen y visión general, sin entrar en excesivas particularidades, pues se extiende sobre una enorme dimensión temporal y espacial.
Resumen.
La civilización grecolatina tiene una im­portancia vi­tal para ex­pli­car nuestro pasado, pues es deter­mi­nante en nues­tra civilización occidental. Es una herencia que per­duró escon­dida en la Edad Media para alumbrar con renovado vigor en la Edad Moderna y que advertimos aún hoy en la len­gua, urbanismo, eco­no­mía, arte, política, dere­cho, matemáticas, física, historia, geografía, fi­lo­so­fía, poe­sía...
Grecia originó muchos de los avances anteriores y nos legó una cultura antropo­céntrica, pues inclu­so su Re­li­gión, de­ri­vada del mito, está huma­ni­za­da, y fue la pri­mera en valorar la li­ber­tad indivi­dual como ele­men­to esen­cial del carácter humano.
Ro­ma, por su parte, fue la inter­mediaria entre Grecia y noso­tros, y, en cambio, valo­ró más los principios de au­toridad y gobier­no que son necesarios para eje­cutar los idea­les huma­nos.
La economía grecolatina era predominantemente agrícola, con la céle­bre “tría­da medite­rránea” del trigo, la vid y el olivo. También la mi­nería, la pes­ca, la arte­sanía, el comer­cio se di­fundieron en la socie­dad anti­gua, que vivió el auge de las ciu­dades y la inte­gración del Medite­rráneo en un único mer­cado, foro de intercam­bio de pro­ductos, hombres e ideas. Pero era una economía basada en un sis­tema esclavista, lo que redundó en una fuer­te divi­sión so­cial y en una falta de estímu­los para la in­nova­ción téc­nica, lo que con­llevó su final decadencia.
Griegos y romanos procedían de un mismo origen indoeuro­peo, lo que explica la semejanza de sus sociedades, idiomas y re­ligiones, y tu­vieron una notable continuidad cultural, pero les distin­guen su histo­ria y otros rasgos, por lo que los es­tudia­remos sepa­rada­men­te.


I. LA CIVI­LIZACIÓN GRIEGA.
INTRODUCCIÓN.
La antigua Grecia se extendía por el sur de la península balcánica, las islas del Mar Egeo y las costas de la península de Anatolia. Estos territorios del Mediterráneo oriental cons­tituyeron la llamada Hélade, espacio donde se desarrolló funda­mentalmente la civilización griega o helénica, que fue la pri­mera gran etapa de nuestra civilización occidental y que más tarde se extenderá por las colonias en la Magna Grecia del sur de Ita­lia y en otros lugares del Mediterráneo.
Grecia es considerada hoy día como la cuna de la civili­zación occidental. Efectivamente, de Grecia hemos recibido una manera concreta de entender al mundo y al hombre, un sistema de gobierno democrático y unas normas artísticas que basan sus metas en la belleza ideal, en la armonía y en el equilibrio. La civiliza­ción griega se basa en el triunfo de la razón, funda­mento de la filoso­fía, de la técnica y de la ciencia que carac­terizan a nuestro mundo occidental.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
1.1. LA ÉPOCA PREARCAICA Y ARCAICA.
Los orígenes cretense y micénico.
La civilización griega tuvo sus más hondas raíces en la cultura cretense o minoica, desarrollada en los milenios III y II aC y basada en la agricultura y en un rico comercio marí­ti­mo.
La civilización micénica o aquea, de carácter militar y aristo­crá­tico, sustituyó a la civilización cretense h. 1400 aC aproxi­madamente.
La civilización minoica.
Las comunidades agrarias neolíticas establecidas en las tierras bañadas por el mar Egeo se vieron profundamente afecta­das por la llegada de la metalurgia del cobre en el III milenio aC. El comercio de los metales y la fabricación de nuevas armas dieron superioridad a unos pueblos sobre otros y produjeron cambios en su organización.
La isla de Creta, montañosa pero fértil, favorecida gra­cias a su situación geo­gráfica por la influencia de las grandes civilizaciones orien­ta­les, adqui­rió desde finales del III mile­nio un papel pre­pon­deran­te en la zona del Egeo. Su esplendor se inició h. 2000, época en la que la ciudad-estado de Cno­sos do­mi­naba en la isla, junto a las ciudades de Mallia, Faistos y Zakro. Hay otros centros menores, como Hagia Triada.
La sociedad cretense debió de estar rígidamente goberna­da por poderosos príncipes. El rey Minos del que hablan los testi­mo­nies más antiguos pudo ser un rey o una dinastía que gobernó sobre la isla y creó una talasocracia o imperio marí­timo.
La economía cretense, sobre una base agrícola, evolucio­nó hacia el comercio marítimo. La aplicación del torno a la cerá­mica y el dominio de la metalurgia impulsaron un comercio de exporta­ción e importación. Los cretenses, junto a productos agrí­colas ex­portaban sus manufacturas e importaban materias primas: cobre de Chipre y estaño de la Europa occidental. Al tiempo, los cre­tenses desarrollaron un papel muy rentable de intermediarios comerciales entre sus pueblos vecinos. El comer­cio propició el desarrollo de la vida urbana.
El arte cretense se desarrolló en la construcción de los pa­lacios y sobre todo en la decoración con frescos figurativos de sus interiores. Además, había una espléndida artesanía en cerámica y orfebrería. Las formas artísticas, que en su ori­gen de­bieron tener ins­pira­ción religiosa, sufrieron una evolu­ción consecuente con los cam­bios de vida y de mentalidad de la so­ciedad. Dejaron de ser objetos sagrados y pasaron a tener sen­tido propio, dirigidos a la sim­ple contemplación. El arte mi­noico influyó, al parecer, en el egipcio.
La civilización micénica.
La civilización micénica se extendió por casi toda Grecia entre 1600 y 1200 aC, especialmente en el Peloponeso. Los aqueos, h. 1450-1400, incluso invadieron el área cre­tense y arruinaron su civi­lización. Los aqueos constru­yeron gran­des ciudades-estado amu­ralladas, como Tirinto, Pilos y Mice­nas (de donde viene el nom­bre convencional actual de ci­viliza­ción micé­nica). Su lengua era indoeuropea, una variante arcaica del griego, como denota la escritura lineal B de las tablillas que se usaban para la contabilidad de los palacios.
La sociedad, según la describió Homero, era una socie­dad de guerreros gobernada por una monarquía que se apoyaba en la aristocracia terrateniente para dominar a la población de cam­pesinos y esclavos. Los reyes vivían en palacios que tenían funciones religiosas, militares y económicas. La tradición ho­mérica, sin embargo, no es una fuente histórica fiable sobre sus costumbres y organización social, porque es cuatro siglos posterior.
La economía se basó en la agricultura, pero el co­mercio fue ganando en importancia hasta convertir a los aqueos en los sucesores de los cretenses. En este contexto se ex­plica la guerra de Troya cantada por Homero: Troya fue atacada porque competía con los aqueos.
El arte destacó en la construcción de ciudades amuralladas con enormes muros ciclópeos y de grandes tumbas de tipo fami­liar, con cámara de falsa bóve­da y co­rredor, como la tumba de Atreo. Los aqueos destaca­ron también por los trabajos de orfe­brería hechos con oro y otros metales.
La caída de la civilización micénica.
Esta civilización fue modificada profun­damente h. 1200 tras la invasión de nuevos pueblos ‑dorios, jonios‑ que pene­traron en el espacio griego y despla­zaron a los aqueos. Homero, en realidad, refleja en la Iliada y la Odisea el caos provocado por la inva­sión de los dorios, procedentes de los Balcanes, en la pe­nínsu­la griega durante el s. XII, a resultas de lo cual la es­tructu­ra polí­tica y económica de la Grecia micé­nica se de­rrum­bó y deter­minó la huida de sus anteriores poblado­res, en­tre ellos los aqueos, hacia el mar Egeo y las costas de Asia Menor, con sus destructivos efectos sobre Creta y Troya.
Los siglos oscuros y el renacer.
El país permaneció pobre y ais­lado, casi sin historia, en los llamados “siglos oscuros”, hasta después del 900, cuan­do se comen­zaron a res­tablecer las rela­ciones comerciales con Ita­lia y Siria. La escritura fue recupe­rada c. 750, por influjo fenicio a través del comercio. Fue una innova­ción fundamental que se transmitió por el mundo griego con al­gunas variantes. Se consolidó la fragmentación política, pese a que había una gran uni­dad cultu­ral y lingüísti­ca.
El movimiento colonizador.
Había precedentes del movimiento colonizador, pero a par­tir del 750 los movimientos de población fueron más masivos, organizados, con un planeamiento político: en el continente el poder asirio amenazaba a los griegos y estos huyeron hacia el Oeste del Mediterráneo. Había un exceso de población junto a una ca­rencia de tierras de calidad (además dominadas por la aristocracia), por lo que el descontento social y político exi­gía una válvula de escape en la emigración. Otro factor fue el comercio, pues el vino, el aceite y la cerámica necesitaban de mercados exteriores. Por último, había un deseo de aventuras, de acuerdo al ideal homérico en la Odisea.
Primera fase (750-650).
Su finalidad fue la búsqueda de tierras de cultivo para asentar a los excedentes de población. Se dirigió a Sicilia y sur de Italia. Los Estados de origen fueron las ciudades eubeas Calcis y Eretria, jun­to a Corinto y Megara.
Segunda fase (650-550).
Hay una gran ampliación geográfica del movimiento coloni­zador, que alcanza al extremo oeste del Mediterráneo y tiene más Estados de origen. Se fundan ciudades desde Ampurias (His­pania) y Mas­silia (Galia) hasta Cirenaica, Egipto y el Mar Ne­gro. Destacan en esta fase en su actividad coloniza­dora Mileto (hacia el Mar Negro), Fo­cea, Sa­mos, Creta y Rodas (Ampu­rias, Massilia, Sici­lia), y las mismas colonias de Sicilia y la Magna Grecia (el sur de Italia), con­vertidas a su vez en activos cen­tros de emi­gración y coloniza­ción. Un nuevo fac­tor esencial de esta fase fue el co­mer­cio, compartien­do impor­tancia con la bús­queda de tierras. Algu­nas fundaciones son muy pequeñas, en lu­gares es­tratégicos para el comercio.
Como resultado, la cultura griega se difundió por la mayor parte del norte del Mediterráneo, impregnando las culturas de Italia, Galia e Hispania y asentando su influencia sobre el naciente pueblo romano.
La polis griega y la evolución de su estructura polí­ti­ca: de la monarquía a la tiranía.
Grecia es un país montañoso dividido en pequeños valles con recortadas costas, lo que facilita más el comercio marítimo que el terrestre. Estos valles fueron los núcleos de pequeños Estados, que evolucionaron a ciudades-estado durante el s. VIII, con formas institucionales propias, primero una monarquía no absoluta y después con la tiranía, antes de evolucionar a la democracia en muchas ciudades.
La polis es el conjunto de la ciudad y del territorio. Era una comunidad tanto política como religiosa, unida por una ciu­dad con su acrópolis que albergaba el templo de la divinidad principal de la ciudad. El oikos es el hogar (o la familia), la célula básica, a efectos de heren­cia o reparto. Elgenos (agru­pación de oikos), reúne a los des­cendientes de un antepa­sado común, mítico por lo gene­ral, con posesiones que a menudo coin­ciden en su lugar. La es­tructura social de la genos la componen una clase de nobles terratenientes y una clase de hombres li­bres pero unidos por clientela a la aristocracia. Los esclavos estaban excluidos.
Las instituciones básicas son tres:
- Arcontes. Son los magistrados que administran el Estado, con pode­res detraídos de la monarquía. La aristocracia ocupó al princi­pio estos cargos mientras el rey, el basileus, se limitaba cada vez más a sus funciones religiosas.
- El consejo (boulé). Es un consejo de composición aristocrática, con la función de asesorar a los arcontes y la Asamblea, y ad­ministrar la jus­ti­cia.
- La Asamblea (eklesia). Es la reunión de todos los ciudadanos. En ella reside toda la soberanía popular, con funciones legislati­vas, de elección de los arcontes (a veces de los consejeros de la boulé), relaciones exteriores, asuntos religiosos, el urba­nismo y la moneda.
La mejora de la economía gracias al comercio y la coloni­zación permite que aparezca lamoneda, aunque tardíamente. Al principio sólo se comer­ciaba con el trueque, estimando el valor en bueyes, caba­llos o mujeres, para usarse después los metales. De estos se pasó a la acuñación de la moneda de metal, con un valor estable y una garantía del poder público. Nació en Lidia c. 660 y llegó a Grecia c. 620 en Egina, luego por Corinto y Atenas c. 590 y en Eubea c. 530. La finalidad de su difusión era no tanto el comercio como las necesi­dades políticas: el pago de mercenarios, obras públicas, ofren­das a los dioses, tasas, mul­tas, etc.
Durante los ss. VII y VI algunos aristócratas se alían con las clases dominadas (artesanos y campesinos) en contra de la monarquía y del resto de la nobleza terrateniente, y se convierten entiranos (dicta­do­res). El poder aristocrático mo­nár­quico u oligárquico es de­rro­tado por estos individuos que se limitan a acaparar los órganos de poder para sí mismos y sus partidarios, con una continuidad institucional que enmascara un absoluto poder personal. Su po­lítica de favo­recimiento de los campesi­nos, comerciantes y ar­tesanos, junto a las obras públi­cas, les ganó un fuerte apoyo, pero luego las tiranías ten­die­ron a ser hereditarias mien­tras que los su­cesores eran me­nos bri­llantes que los fundado­res. Sucesivas crisis (guerras civiles, destierros) eliminaron las tiranías, que a menudo que­daron como una transición entre la oligar­quía y la democracia. El caso de Atenas es el más representativo de esta evolución monarquía-tiranía-democracia.

1.2. LA ÉPOCA CLÁSICA.
Hubo tres periodos básicos en la historia de Grecia en el siglo V, con Atenas en el centro de los acontecimientos:
1) Aumento del poder de Atenas durante las guerras médi­cas contra los reyes persas Darío I y Jerjes. Se iniciaron con la re­presión persa de la rebelión de lo griegos jonios (496-493) y la posterior invasión de Grecia para castigar a Atenas y Ere­tria por su apoyo a los rebeldes, pero Atenas lo­gró la vic­to­ria de Mara­tón (490).
Más tarde, Jerjes lanza una masiva invasión, que ocupa gran parte del país excepto el Peloponeso, pero los grie­gos, sobre todo las ciudades de Atenas y Esparta, dirigidos por Milcíades, logran la gran victoria naval de Sa­lamina (480) y la terres­tre de Pla­tea (479), gracias a la supe­riori­dad grie­ga en buques, arma­men­to y es­pí­ritu mili­tar.
Sigue la forma­ción de la Liga marítima de De­los, diri­gi­da por Atenas, para acabar con la amenaza persa y asegu­rar la he­gemo­nía de las de­mocracias.
2) Auge de Atenas duran­te el go­bierno de Pericles (493-429), que comienza h. 461 y acaba con su muerte. Asegura el predominio marítimo y comercial de Atenas, contiene el peligro persa, atrae a numerosos artistas y escritores, construye los monu­men­tos de la Acrópolis. La ciudad de Atenas alcanza su cima en la po­líti­ca, la cultura y el arte.
3) De­caden­cia y caí­da de Atenas con la guerra del Pelopo­ne­so (431-405), entre las dos grandes coali­ciones acau­dilladas por Atenas (de­mocráti­ca) y Es­parta (oligár­quica), con vic­toria fi­nal de Esparta, que impone una efímera tiranía en Atenas (405-403). Atenas era superior en el mar y Esparta en tierra, lo que ex­plica la larga duración del conflicto, en el que hubo treguas. Atenas había sido diezmada por la peste (431-426), en la que murió el propio Pericles, y luego por el desastre de la expedi­ción de Alcibía­des a Siracusa (415-413), y finalmente sucumbió incluso en el mar en la batalla de Egospotamos (405).
El Estado ateniense.
El ejemplo máximo de evolución política griega fue la ciu­dad de Atenas en el s. V, opuesto al modelo aristocrático de Esparta. Atenas dominada la península del Ática, con una rica agricultura del vino y del aceite, minas de plata y una gran actividad artesanal y comercial (puerto del Pireo), lo que ase­guraba una amplia clase media, que vivía gracias al trabajo de numerosos escla­vos. Desde el 507, con Clístenes, había un régi­men democrático.
La democracia ateniense.
La democracia es un sistema político en el que el pueblo ejerce la soberanía, directamente o a través de representantes elegidos. El término, que en griego significa “gobierno del pue­blo”, se aplica en la Antigüedad sobre todo a la democracia ate­niense, establecida a fines del s. VI. Se basaba en la iso­no­mía, igualdad de los ciudadanos ante la ley, la isotimía, la igualdad de acceso a los cargos públicos mediante elección o sorteo, y la isegoría, el derecho de todos a hablar ante la asam­blea popular y los tribunales.
En Atenas el demos (pue­blo o mu­nicipio) domi­naba la vida políti­ca: el ciudadano tenía el nom­bre del demos junto al suyo priva­do. Había tres grandes órganos políticos:
- La eklesia (asamblea de los ciudadanos) era el princi­pal poder. La ciudad se dividió en diez tri­bus, para votar. El os­tracis­mo per­mitía cada año votar el exilio de una persona­lidad amena­za­dora para el equili­brio polí­tico: no conde­naba un deli­to, sino que inten­taba evi­tarlo.
- El boulé (con­sejo) de 500 buleu­tas (50 por tri­bu), con­trolaba la administración. Se dividía el go­bierno por déci­mas partes del año.
- Los ma­gis­trados eran el ar­conte po­lemar­ca, nue­ve ar­con­tes para la justicia, y diez es­tra­tegos para el ejército.
La democracia directa, que suponía la toma de decisiones en una asamblea a la que teóricamente todos los ciudadanos te­nían acceso, sólo era posible en un Estado pequeño, en el que además la mayor parte del trabajo fuera realizado por no ciuda­danos: mujeres, extranjeros y esclavos. Atenas, en su apogeo, sólo tuvo unos 20.000 a 30.000 ciudadanos (adultos masculinos libres). La Antigüedad no co­no­ció formas de democracia aplica­bles a ám­bitos más amplios que el de la ciudad-estado y Aristó­teles afirmaba que una ciudad de más de 100.000 ciudadanos no podía ser una polis.
Los principales pensadores griegos fueron críticos de la democracia: Sócrates pereció a sus manos, Platón la rechazó, Aristóteles consideraba necesario limitarla. El ideal de una constitución mixta, como preferible a las formas puras de mo­narquía, oligarquía y democracia, es propia del pensamiento clásico y ha sido muy influyente hasta el s. XX.
El Estado espartano.
Esparta es el otro modelo griego. Domina el sur de la pe­nínsula del Peloponeso y dirigirá la Liga Doria, vasta alianza de ciudades rurales y comerciales, opuesta a la Liga de De­los.
Esparta es una ciu­dad-estado rural, conservado­ra, milita­rizada, ba­sado en la opresión de una mino­ría aristo­crática y armada (los espartia­das) sobre una pobla­ción de cam­pesinos siervos (los ilotas). Había dos reyes, que gobernaban conjunta­mente y diri­gían el ejército, el más podero­so de Grecia hasta mediados del s. IV. Pero el poder civil estaba en manos del Senado, con los dos reyes y 28 ancianos, guiados por cinco éfo­ros (superintendentes).
1.3. LA ÉPOCA HELENÍSTICA.
Sigue a continuación un periodo de destructoras guerras civiles en la pri­mera mitad del siglo IV, entre Esparta, Atenas y Tebas, en el que se debilitan las ciudades-Estado. El perio­dode dominio de Esparta duró poco más de treinta años, hasta las victorias tebanas de Leuctra (371) y Mantinea (362).
Macedonia: Filipo II y Alejandro Magno.
El reino norteño (helenizado) de Macedonia, rico en cerea­les, oro y madera, con los reyes Filipo II y Ale­jandro Magno al­canzó la hegemonía sobre el Me­diterráneo Oriental.
Filipo II (359-336) robusteció el poder real, venció en Queronea (338) a los tebanos y atenienses y unificó a los grie­gos para atacar a los persas, en la Liga de Corinto, pero murió asesinado antes de comenzar la invasión.
Su hijo Alejandro Magno (336-323) fue un personaje polémi­co y fascinante, qu recibió educación cultural de su maestro Aristóteles y militar de su pa­dre, participando como príncipe en las guerras contra tracios e ilirios y en la batalla de Queronea. Rey a los 20 años, se aseguró el dominio de Grecia antes de partir para la con­quis­ta del enorme Imperio Per­sa del aqueméni­da Darío III, en una gue­rra triunfal del helenismo contra el Oriente bárbaro (334-329).
El ejército greco-macedonio ven­ció en las batallas de Gra­nico (334) e Isos (333) a ejércitos persas mucho mayores, con lo que conquistó el Asia Menor; prosiguió con la estratégica conquista de Siria y Pales­tina, tras los sitios de Tiro y Gaza (332) y de Egip­to, donde fue acogido como un libertador, un nuevo faraón. Marchó final­mente al interior de Asia, y atravesó el Eufrates y el Tigris para aplastar en Gau­ga­me­la (331) al resto del ejército persa, muy superior en número. Ase­si­nado por los suyos el rey aquemé­nida, Ale­jan­dro se co­ro­nó rey de los griegos y los persas, co­menzando una difí­cil po­líti­ca de unión de ambos pueblos. Con­tinuó la conquista hacia Asia Cen­tral y la India, pero sus tro­pas no quisieron ir más allá del Indo (326) y tuvo que volver atrás.
Cuando pla­nea­ba la con­quista de Arabia y del Medite­rrá­neo Occi­dental (Ro­ma, Carta­go...) murió de fiebres en Babilo­nia, a los 33 años de edad (h. 13-VI-323). Su inmenso imperio, que sólo su poderosa personalidad mantenía unido, fue repartido ensegui­da entre sus generales, pues el hijo de Alejandro apenas había nacido y más tarde fue asesinado.
Para algunos historiadores sólo fue un aventurero aficio­nado a las borracheras, pero para la mayoría abrió una nueva etapa de la historia universal y fue el mode­lo de gran héroe guerrero del mundo anti­guo. Extraordinario militar, tanto estratega como táctico, en sus 11 años de campa­ñas mili­tares recorrió más de 26.000 km y nunca perdió una ba­talla, aunque sufrió cientos de miles de bajas con sus exte­nuantes marchas y sangrientas batallas. Pero no fue sólo un gran mili­tar puesto que cConci­bió el proyecto de uni­ficar po­lítica y cul­turalmente su Impe­rio, fusionando las civi­liza­cio­nes de Occi­dente y Orien­te. Fun­dó, entre otras muchas ciudades, la urbe de Ale­jan­dría de Egipto.

Los reinos helenísticos.
Muchos historiadores limitan el periodo helenístico entre la muerte de Alejandro Magno en -323 y la destrucción de la Liga Aquea a manos de Roma y la destruc­ción de Corinto en -146, y se incorporaron las ciudades derrotadas a la provincia romana de Macedonia.
El imperio macedonio se dividió a la muerte de Ale­jan­dro en -323 entre sus generales, los Diadocos, la mayoría nobles mace­donios: Antígono, Ptolomeo, Seleuco...
Se asentaron en Europa y Asia varios Estados hele­nísticos: Ma­cedo­nia, Egipto de los Ptolomeos, Siria de los Se­leúcidas, Pér­gamo de los Atálidas (264-133)... en luchas constantes entre sí por la supre­macía.
En cuanto a la misma Grecia, las ciudades-estado, bajo el control de Macedonia, se unieron en ligas (Aquea, Beocia, Eto­lia), junto a las grandes ciudades de Atenas, Esparta, Tebas. El intento postrero de Filipo V de dominar Grecia, provocó la reacción de Roma, que aplastó a Macedonia en Cinos­cé­falos (197 aC) y Pidna (168), y finalmente, a los últimos reinos helenís­ti­cos, en Magne­sia (190) a los seléuci­das de Antioco III, y se ane­xionaron Gre­cia (Corinto fue destruida en 146), Pér­gamo (por donación de Atalo III en 133), Asia Menor (liberada por el tra­tado de Apamea en 188 y conquistada en los dos siglos siguien­tes) y Siria (por conquista de Pompeyo en 64) y Egipto (por ane­xión en tiem­po de Au­gus­to, 31). Por otra par­te, el reino seléucida sufrió grandes pérdidas territoriales en el este, a manos de los bactrianos y finalmente de los partos, el nuevo poder emergente en Asia, que se enfrentó con los roma­nos, hasta ser sustituido por los persas sasánidas en 224 dC.
Los soberanos helenísticos ejercieron un poder absoluto, autocrá­tico, ba­sado en la buro­cracia, la Hacienda y el ejérci­to (mer­cenarios griegos). El poder se legitimaba con la Asamblea del ejército, la polí­tica matrimonial, el culto al soberano, la capacidad polí­tica y mi­litar del soberano.
Se fundaron numero­sas ciudades (a menudo de planta regu­lar) con colo­nos y comer­ciantes griegos, que extendie­ron su cultura, lengua y tecnolo­gía. Todo esto ter­minará cuando Roma imponga su he­ge­monía.


2. SOCIEDAD.
Era una sociedad relativamente igualitaria, con una aris­tocracia terrateniente no muy rica, una burguesía y un proleta­riado poco numerosos que vivían en las ciudades de la artesanía y el comercio, y una amplia masa de campesinos pobres.
En la base había los esclavos, sin libertad perso­nal, ob­jeto de pro­piedad de los ciudadanos. Su cantidad fue enorme en la Gre­cia clásica. En su mayoría bárbaros de Tracia, Asia Menor y Mar Negro, también había griegos. Provenían de los prisione­ros de guerra, ni­ños aban­donados o vendidos, personas secues­tradas e hijos de esclavos, aunque estos últimos no fueron nu­merosos ni en Grecia ni en ninguna sociedad esclavista, por el costo de la crianza. Al principio fueron considerados meros objetos, pero al final las leyes les garantizaban una mínima protección (es­ta creció en Roma). Sus condiciones de vida eran diferentes: atroces en las minas (en la atenienses de plata de Laurion había decenas de miles de esclavos, que sufrían una gran mortalidad), duras en el campo y moderadas en el servi­cio doméstico y la artesanía en las ciuda­des.
Las mujeres estaban preteridas en la escala social, reali­zando trabajos en el hogar, en el que estaban casi siempre re­cluidas en el gineceo. Sus derechos legales eran mínimos.
Las ciu­dades dirigían la vida política y económica de las ciudades-estado, pero eran muy pequeñas.


3. ECONOMÍA.
La economía griega era agrícola, basada en la “tría­da me­di­te­rránea” de cultivos (trigo, vid y olivo), con una menor importancia de la ganadería, pesca y mi­ne­ría (la plata del Ática y Tracia), la ar­te­sanía y el comer­cio. La esclavitud tenía una gran importancia como fuente de trabajo, sobre todo en las ciu­dades.
En la época helenística el comercio fue particularmente activo, lográndose una gran zona comercial, desde Oriente hasta Occidente.


4. RELIGIÓN.
La religión griega, como otros aspectos de la civiliza­ción, es el resultado de la combinación de un conjunto de fac­tores geográficos, políticos, sociales, económicos, raciales, etc. El primer estadio de esta religión se encuentra en Creta, en la civilización minoica. Esta religión, empero, sucumbió ante la invasión de los pueblos indoeuropeos, que impusieron su cultura, aunque aprovecharon elementos minoicos en su religión. La religión micénica, poco conocida, sufrió los avatares de la invasión doria, portadores de nuevos ideales, que se fundieron con los anteriores en la época arcaica, hacia los ss. IX-VIII aC.
Se pueden encontrar los rasgos específicos de la etapa arcaica en las epopeyas homéricas, que ejercieron un influjo poderosí­simo en la formación de la conciencia religiosa heléni­ca. Home­ro, aun­que no creó los dioses, sí organizó jerárquica­mente el mundo divino en el Olimpo bajo la soberanía de Zeus, como un señor que reina sobre vasallos bastante rebeldes. En Homero apenas hay restos de ma­gia, de superstición o de culto a los muertos. Su religión fue una religión purificada, aristo­crática, que se opone a la religión popular de raíz agrícola, y desemboca en un sistema fatalista y represivo, pues crea unas fronteras claras entre la divinidad y los hombres. El intento de sobrepasarlas fue considerado un pecado de soberbia (la hi­bris), una insolencia duramente castigada por los dioses. Fue, asimismo, la base de la corriente apolínea de la religión ar­caica, con máximas délficas como “nada en exceso” y “conócete a ti mismo”.
Por contra, la corriente dionisíaca, inspirada por el cul­to libre y orgiástico al dios Dionisos, fomentó una unión mís­tica entre el hombre y dios, mediante ritos colectivos.
La religión griega aportó la idea de que el mundo no había sido creado por los dioses, que sólo habrían intervenido en su transformación. El mundo, que existía en forma de caos, se transformó sucesivamente hasta convertirse en orden (cosmos), como explica el poeta Hesíodo.
Dado que en la Grecia antigua no existió una clase sacer­dotal ni un cuerpo dogmático de doctrina, los filósofos y los poetas tuvieron libertad para elaborar sus propias creencias e interpretaciones, y, de este modo, al lado del culto oficial de la ciudad, con un ritual y unos cultos establecidos oficialmen­te, surgió una religiosidad personal que se interesaba por el sentido del mundo y del sufrimiento. Esta religiosidad griega incluso tendió al monoteísmo (en los casos de Esquilo, Píndaro, Eurípides, Pla­tón). En conjunto, manifestó un gran equilibrio de los diversos elementos que la constituían, hasta la época de Alejandro, cuando se evidenció una crisis política del modelo de la polis y también una crisis religiosa debido a la influencia de las religiones orientales y el desarrollo del racionalismo. Entonces, los sabios se separaron de los rituales tradicionales y se abocaron a aceptar las divinidades orientales o a desarrollar las doc­tri­nas monoteístas de ascendencia platónica, sobre todo el neo­platonismo elaborado por Plotino, tal vez el mayor contrincante intelec­tual del primer cristianismo.
En un sentido más específicamente ritual, la griega es una reli­gión mitológica, politeísta, con múlti­ples dio­ses para las dis­tintas tribus griegas de origen indoeuropeo por etnia y reli­gión pero con una unidad bási­ca por la fusión cul­tural y étni­ca y la existencia de los orá­culos de Delfos, Delos y Olim­pia, que do­minaban gran parte de las decisiones de colo­niza­ción, guerras, paces, etc., y reci­bían la visita y la ofrenda de los ciudada­nos. Los templos y los san­tuarios se be­neficiaron de una reli­giosidad entendida como com­petencia de los indivi­duos y los Estados para ganarse el favor de los dio­ses. Nunca hubo una casta sacer­dotal muy desarrolla­da, sino que los ciuda­danos más prestigiosos se tur­naban en los cargos, sal­vo algunas ex­cepcio­nes como las vestales y los augures.
Los dioses eran poderosos, benévolos y duros a un tiempo, con apariencia y cua­lidades humanas en sus virtu­des y vicios. Zeus y su esposa Hera eran los señores del Olim­po, donde estaban ro­dea­dos por los otros dioses. Zeus provoca­ba la lluvia, los ra­yos y truenos, mantenía el orden y la jus­ticia en el mundo. Atenea prote­gía a Atenas y a los artesanos, Poseidón a Co­rinto y a los navegantes, Apolo a la ju­ventud, Afro­dita al amor. Era una religión domina­da por los ritos y las fiestas alegres. La adivinación y los cultos mistéricos se ex­tendieron entre el pueblo llano. En Eleusis se celebraban los famosos cultos mis­téricos a Démeter, Dionisos y Orfeo. También creían en la exis­tencia de criaturas fantásticas: ninfas, sáti­ros, centauros, Gorgona, arpías, esfinges... todas ellas rela­cionadas con las fuerzas misteriosas de la naturaleza, y que se supo­nía que vi­vían en los bosques, en las proximidades de las fuentes y en las colinas.
En Olimpia se desarrollaron desde 776 aC a 393 dC los Juegos Olímpicos, cuatrie­nales, con un carácter tanto depor­tivo como re­ligioso (en honor de Zeus), verdade­ras fiestas panhelé­nicas, en las que se sus­pen­dían las guerras y que han sido el modelo para los actuales Juegos Olímpicos.


5. CULTURA.
Los griegos tenían una cultura común gracias sobre todo al idioma, el griego, una lengua indoeuropea, dividida en varios dialectos, con tres principales: jonio, dórico y áti­co, el último de los cuales, debido al influjo de Atenas, se convirtió en el dialecto de la literatura y la fi­losofía.
Su alfabeto se formó h. 750 aC casi al mismo tiempo que Homero compuso sus obras. Su origen es semita (a través del comercio fenicio): las palabras alfa, beta y gamma son los tér­minos semitas para buey, casa y camello.
5.1. LITERATURA.
La literatura griega nació con las cancio­nes. Las dos pri­meras obras son la Iliada y laOdisea, poemas épicos de Homero que marca­ron la cultura poética y la educación de los griegos du­rante siglos, y son una gran fuente histórica. Los primeros poemas épicos eran narraciones de acciones heroicas. Evolucio­nan a una literatura lírica y elegíaca, para dar paso a la poe­sía gnómica de contenido moral y a la gran poesía clásica, y finalmente a la prosa histórica de Tu­cidides y Heródo­to y a la filosó­fica de los presocráticos y Platón.
El tea­tro derivó de la poesía, con los géneros de la come­dia (humor, cotidianeidad, cos­tumbres popula­res) y la trage­dia (grandes asuntos humanos y religiosos) y grandes dramaturgos en las tragedias de Esquilo, So­focles y Eurípides, y en las comedias de Aristófanes y Menandro, que competían en los festi­vales sagra­dos.
5.2. FILOSOFÍA.
La filosofía, que se confunde al principio con el mito y la ciencia na­ció en Mileto (Asia Menor) a comienzos del siglo VI aC, como una forma de poesía que se interrogaba so­bre las grandes cues­tiones del hombre: la na­turaleza, el alma humana, el cono­cimiento... Se pasó pronto de las explicaciones míticas, con una imaginación acrítica, a las explicaciones raciona­les del logos, propias de la razón críti­ca. El pensa­miento racional aparece así en la hu­mani­dad. Sus grandes figu­ras son: Ta­les, Anaximan­dro, Anaxíme­nes, Heráclito, Parménides, Jenó­fa­nes, Demó­crito, Sócra­tes, Platón, Aristóte­les... La Academia platónica y el Liceo de Aristóteles fueron escuelas filosóficas de extraordinaria in­fluencia en la cultura de la Antigüedad y su influjo ha llegado a nosotros.
La doctrina de Platón (427-347), discípulo de Sócrates, se basa en el dualismo del mundo natural y el ideal. La materia es una copia imperfecta del mun­do eterno e inmutable de las ideas, presidido por la idea del bien. En la República planteó su teo­ría del Estado ideal, a la vez aristocrático y colectivista, regido por filó­sofos.
La doctrina de Aristóteles (384-322), discípulo de Platón y, a su vez, preceptor de Alejandro Magno, se basa en la dis­tinción entre materia y forma: la materia da realidad a cada ente individual, pero las formas son universales y pueden ser captadas mediante la abstracción, lo que hace posible el cono­cimiento científico.
5.3. CIENCIA.
Como derivación de la filosofía se desarrolló la ciencia, con el médico Hipócrates, los geógrafos Estrabón y Ptolomeo, los astróno­mos Hiparco y Ptolomeo (el mismo geógrafo anterior, autor de la teoría geocéntrica que sitúa a la Tierra como centro del Universo), la historia de Heródoto y Tucídides (Historia de la guerra del Peloponeso). También crecieron las ma­temáticas (Pitágoras, Eu­cli­des), la física (Arquímedes) y la biología (Aristóteles y Teofrasto).


6. ARTE.
El arte griego es un arte del hombre, medida de todas las cosas. La técnica es excelente, basada en la repetición de mo­delos, constantemente perfeccionados, que en arquitectura será el sistema arquitrabado (dicho también adintelado), con los tres órdenes clásicos del dórico, jónico y corintio. La belleza se basa en la pro­porción, armo­nía y sime­tría. Destacan los templos, los edifi­cios públicos de la admi­nistra­ción y la vida pública (teatros, buleute­rion, stoas, gim­na­sios, esta­dios), la es­cultura de temas humanos, la pintura (de la que nos quedan pocos restos) y la cerámica pintada. El arte griego evo­lucionó desde la rigidez del arte arcaico, hasta la perfec­ción ideal de la época clásica y culminó con el rea­lismo del periodo helenístico.


II. LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
INTRODUCCIÓN.
Roma, una pequeña ciudad del centro de la península itáli­ca, conquistó y dominó todas las tierras que rodean el mar Me­diterráneo, constituyendo un imperio de una extensión sin pre­cedentes, desde el desierto de Arabia y los montes del Cáuca­so hasta la península Ibérica, y desde el desierto africano hasta Brita­nia y los ríos Rin y Danubio. Roma dotó a toda esta diver­sidad de pueblos de un alto grado de unificación política, so­cial y cultural. A través de este proceso de roma­nización, es­tos te­rritorios se integraron, en mayor o menor grado, en un marco de civilización común. La historia de Roma arranca con la mítica fundación de la ciudad en el 753 aC y acaba con la caí­da del Imperio de Occidente en el 476 dC. La influencia de Roma so­brevivió a su poder político, dejando su huella incluso en al­gunos de los factores que provocaron su desintegración como el cris­tianismo y los pueblos germánicos.
En España, uno de los terri­torios donde dejaron más huella, los romanos nos legaron un extraordinario patrimonio arqueológico, el idioma (el caste­lla­no, el catalán y el gallego son lenguas procedentes del la­tín), la estructura urbanística (la mayoría de las ciudades se funda­ron entonces), el derecho e incluso la red de carreteras.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
1.1. LOS ORIGENES DE ROMA: LA MONARQUÍA.
Los datos que conocemos sobre el origen de Roma están en­vueltos en la leyenda. La ciudad de Roma se fundó en el 753 aC y sus primeros habitantes fueron pastores y agricultores que habitaban las colinas de la orilla izquierda del río Tíber y que se confederaron en la liga de las Siete Colinas. Eran una tribu de italos, los latinos, a los que pronto se suma­rán los sabinos, estable­ciendo poco después una monarquía alternativa (el mito de Romulo y Remo), hasta que son conquistados por los etruscos en el siglo siguiente. Los etruscos marcaron con su in­fluen­cia el urbanismo, el arte, la sociedad y las ins­titu­cio­nes ro­manas. Los reyes etruscos, vita­licios pero no here­dita­rios, controlaban el ejérci­to, adminis­traban la jus­ticia y eran la máxima autoridad reli­giosa. Ampliaron el territorio, cons­truye­ron una sólida muralla (los llamados muros servianos), edificios de piedra, alcantarillado (Cloaca Máxima)...


Las siete colinas de la Roma Antigua.
1.2. LA REPÚBLICA.
Los abusos de la dominación extranjera de los reyes etrus­cos provocaron la su­ble­vación del pue­blo romano y la pro­cla­ma­ción de la República en el 509 aC, concediendo la supre­ma au­tori­dad al Senado, encarnación de la aristocracia.
Las instituciones republicanas.
En los siglos siguientes las ins­tituciones se fueron adaptando flexiblemente, a medida que el territorio y la pobla­ción aumen­taban y la sociedad se hacía más compleja.
El Senado es la institución básica del gobierno romano. El Senado fue variando en su composición y funciones, al principio casi totales. Generalmente lo componían 300 patricios, elegi­dos por cooptación.
Los magistrados principales eran los cónsules (dos, con poderes ejecu­tivos), los pretores (con poder judicial), los cuestores (con poder administrativo sobre la economía) y los censores (con po­der sobre el censo de ciudadanos y sobre las costumbres). El dictador asumía todos los poderes por tiempo de un año cuando las cir­cunstan­cias políticas eran muy peligrosas por invasio­nes o gue­rras.
Los plebeyos consiguieron entre los siglos IV y III aC plenos derechos políticos y civiles, entre ellos la elección del tribuno de la plebe (un magistrado que defendía sus intere­ses con el derecho de veto), una ley común para todos (la ley de las Doce Tablas), el acceso a las magistraturas y al consulado, la abolición de la esclavitud por deudas, y la legalización del matrimonio de los patricios y plebeyos.
La expansión.
El republicano es un periodo de gran expansión territorial: gracias a la fuerza del ejército popular integrado por legiones de sol­dados que eran pequeños propietarios con derechos políticos, una hábil diplomacia y la energía del núcleo dirigente, se con­quis­tan gradualmen­te Ita­lia, Macedonia y Gre­cia (que se con­vier­te en provincia tras la destrucción de Co­rinto en 146, mientras que Atenas es tomada en 86), la costa del Me­dite­rrá­neo Occi­den­tal con las vic­torias en las tres gue­rras púni­cas contra Car­ta­go (la primera en 264-241, la se­gunda, so­bre todo contra Aní­bal, en 218-201, la ter­cera en 146), la ciudad siciliana de Sira­cusa (212), la larga conquista de His­pa­nia (212-25), la Ga­lia con Julio Cé­sar h. 50, el Asia Menor en los dos si­glos siguien­tes al tra­tado de Apamea con Antioco III (188) y tras la victoria contra Mitrídates de Ponto, Siria (64) y Egip­to (31)... Pero no fue una conquis­ta continua, pues a menu­do pre­valecían ten­dencias aisla­cionis­tas, pues por ejemplo, el Senado acep­tó a regaña­dientes la donación de Pér­gamo por Atalo III en 133 e incluso rechazó la de Egipto por Ptolo­meo Ale­jandro I en 88, pero fi­nalmente triunfaron los intere­ses del par­tido expansio­nista compuesto por senadores y caba­lleros de actividades co­mercian­tes y financieras. En 44 aC, a la muerte de Julio Cé­sar, Roma controlaba el Mediterráneo, ya directamente o a tra­vés de su influencia en los gobernantes nativos. Sólo Partia (en el Irán actual) era un contrincante grande e independiente.
Como resultado un enorme botín en oro, pla­ta, bienes y es­cla­vos enri­queció a Ro­ma, con­ver­tida en el gran centro co­mer­cial y finan­ciero del Medite­rrá­neo.
En este proceso aumentó la diferenciación so­cial, con una cla­se senatorial poseedora de grandes latifundios, una clase media de caba­lleros dedicados a la acti­vi­dad comercial y finan­ciera, una amplia clase baja de campesi­nos, a menudo arruinados por las gue­rras y que entonces se di­ri­gían a la capi­tal para vivir del re­parto gra­tuito de ali­men­tos y, por último, una in­mensa masa de escla­vos, que eran la principal fuerza de trabajo en la ciudad.
Los esclavos no eran considerados personas sino cosas, propie­dades o mercancías, que no podían contraer matrimonio, aunque des­pués pudieron elegir compañera entre las esclavas y vivir en un régimen matrimonial llamado contubernium. Realizaban todo tipo de trabajos: doméstico, agrícola, artesanal... Los escla­vos que conseguían la libertad eran llamados libertos, y cons­tituyeron una gran parte de la amplia clase media.
La revolución social agraria de los hermanos Graco (133 y 121 aC), apoyada por los campesinos sin tierras, termi­nó en un san­griento fra­caso y abrió paso a las luchas ci­viles en­tre los principales generales del ejército (el nuevo sujeto político dominante) para con­seguir la pri­ma­cía po­lí­ti­ca. Los itálicos se convier­ten en ciu­dadanos roma­nos en 89 aC, tras la guerra itálica que hicieron para conseguir sus de­rechos. Las rebeliones de los esclavos, varias de las cuales estallaron en Sici­lia pero la más peligro­sa lo hizo en Italia, comandada por Es­partaco, fueron re­primi­das dura­mente.
La crisis republicana.
En el s. I aC la forma republicana de go­bierno entra en cri­sis, debido a que la gran extensión del dominio romano y la di­versidad de intereses sociales impedía un gobierno consensua­do como el republicano. Así aparecen los sucesivos triunviratos y las su­ce­sivas gue­rras civi­les entre Mario y Sila, Pompeyo y César, An­tonio y Octavio, desapa­reciendo en el -27, cuando Cé­sar Octa­vio es nom­brado Au­gusto por el Senado, iniciándose así el Imperio.
1.3. IMPERIO ROMANO.
Augusto.
El Imperio fue aceptado mal por la clase senatorial, pero fue muy apoyado por la clase de los caballeros y las masas po­pula­res, cansadas de la continua gue­rra civil y del caos polí­tico, y que aspiraban a subir en la escala social. Augusto reunió en su perso­na los cargos de emperador, cónsul, tribuno de la plebe, pontífice máxi­mo... Su poder se asentaba sobre el apoyo de la clase senatorial, los caballeros (equites) y el ejército (unos 300.000 soldados).
La nueva expansión.
La expansión de Roma durante el Imperio hasta el 117 (Tra­jano) fue rápida y enorme, hasta configurar uno de los mayores imperios de la Historia, asimilando muchos aspectos de las ci­vilizacio­nes sometidas o vecinas, en especial de los etruscos y de los griegos. El mundo clásico será la fu­sión de las civili­zaciones griega y romana, evolucio­nando a un modelo propio y original: Roma será el pilar de la cultura oc­cidental en el derecho, len­gua, artes...
Las ciudades eran la institución fundamental, con una gran autonomía real, con un derecho común que fue universal con la extensión de la ciudadanía romana con Caracalla en 212. El po­der del Senado fue declinando a medida que se afian­zó la supre­ma­cía del empe­rador. Los cargos públicos republicanos se mantu­vieron, aunque gene­ral­mente monopoliza­dos por el emperador y sus partidarios, con lo que los cargos de cónsul y senador se extendieron a los pro­vin­ciales.
La agricultura fue la principal fuente de riqueza: trigo, vid, olivo, frutales. El co­mercio de trigo, vino y aceite era muy importante en el abaste­cimiento de Roma, las ciudades y las guarniciones mi­litares. La minería se desarrolló en muchos lu­gares. La moneda de oro (áureo) y de plata (sestercio, dena­rio), permitió intercambios seguros. Las vías de comunicación (calzadas, puertos marítimos) unían todo el Imperio. El comer­cio puede estudiarse con los restos de cerá­mi­ca y vaji­llas, que se han en­con­trado hasta en China, donde se com­praba la seda. La mayor par­te de los pro­ductos pesa­dos se transportaba por mar y sólo los productos livianos por las vías terres­tres, que se dedicaban más al transporte de personas y ganado.
El régimen económico-laboral se basaba en la esclavitud, que entró en crisis durante el s. II, al acabarse las guerras fáciles de conquista. Al mismo tiempo comenzaron las epidemias, los cos­tos de las guerras fronterizas con los germanos y per­sas, la desorganización interior por las guerras civiles...
La evolución del Imperio.
El periodo de máximo auge del Imperio se dio con los Ju­lio-Clau­dios (-31 a 68, con Augusto, Ti­be­rio, Calígula, Clau­dio, Nerón), los Flavios (68-98, con Ves­pasiano, Tito, Domicia­no), los Antoninos (98 a 180, con Nerva, Trajano, Adriano, Pío An­tonino, Marco Aurelio). Estos protagonizaron la expansión a todos los confines (hasta el desierto del Sahara, el Eufrates, el Danubio y el Rin, el norte de Britania) y después de ellos no hubo más conquistas. Los Antoninos configuran el periodo de Oro de la civilización romana, con sus más altas cotas de ex­pansión exterior, paz, estabilidad y prosperidad interior.
1.4. LA CRISIS TARDORROMANA.
Las causas de la crisis se resumen en: posibilida­des tope del esclavismo, insuficiencia de la moneda, crisis de la ciu­dad, concentración latifundista, crisis religioso-cultu­ral.
Después de alcanzar su apogeo durante el s. II, el Imperio sufrió una lenta decadencia, desde Co­mo­do, con una su­ce­sión de empe­radores que conse­guían el poder gracias a su condición de generales del ejérci­to, iniciada con Septimio Severo y su di­nas­tía de los Severos (192-235) y segui­da por un periodo de anarquía militar (235-285), con algún empe­rador notable (Aure­lia­no), has­ta que Dio­cle­ciano con la tetrar­quía (un repar­to del imperio en cuatro partes, 285-312) y después Cons­tantino (312-337) res­ta­ble­cieron cier­ta solidez insti­tucio­nal. Constan­ti­no basó su dinas­tía en el apoyo del ejército y del cristia­nismo (313), que se con­vir­tió después en la re­ligión oficial. Su otra gran novedad fue el tras­lado de la capital a Constanti­nopla. Pero los gastos militares supusieron una terrible presión fis­cal, que agotó el Imperio. En este siglo se consolida la barba­rización del ejército: numero­sos germanos se alistan como mer­cenarios y pueblos ente­ros (co­mo los godos) pa­san la frontera y reciben tierras a cam­bio de servicio militar.
Había entonces una gran diferencia en el Imperio entre la parte occidental, menos rica y poblada, con la lengua latina, y la parte oriental, de­ lengua griega, que al final derivaron en la división del Impe­rio, que perdur­ó unido hasta el 395, cuando Teodosio lo re­parte entre sus hijos Arcadio (Oriente) y Honorio (Occiden­te), mien­tras los pueblos bárbaros de Germania invaden y asolan el Imperio de Occidente, has­ta la fecha crucial de 476 (de­sapari­ción del Impe­rio de Oc­ci­dente, al ser depuesto Rómulo Augustu­lo). La parte oriental mantuvo su prosperidad y unidad, posibi­litan­do el desarrollo del Im­perio bizantino y el breve periodo de reconstrucción del domi­nio mediterráneo con Justi­niano en el s. VI.


2. SOCIEDAD.
2.1. LA DIVISIÓN SOCIAL.
Es una sociedad muy estructurada, con fuertes diferencias. Fundamentalmente había tres clases sociales: los patricios, los plebeyos y los esclavos.
La clase social de los patricios se dividía en tres órde­nes: senatorial, ecuestre y decurional.
En la cúspide político-social está el orden senato­rial, de grandes propie­tarios agrícolas, cuyas quintas laboran muche­dum­bres de escla­vos. Dominan el Senado y de sus filas salen casi rodos los magistrados y emperadores.
Sigue el orden ecuestre de los equites (caballeros), que domi­nan las finan­zas públicas y el comercio.
El orden decurional está compuesto por la nobleza local de Italia y las provin­cias. La mayoría son medianos propietarios agrícolas.
Sigue la clase social de los plebeyos, dividida en numero­sos grupos por su riqueza, su actividad y su procedencia. El grupo más elevado es el de la amplia clase me­dia de me­dianos propietarios, comer­cian­tes, in­dustriales, funcionarios. Por debajo, está un amplio proletariado urbano, a menudo de­sem­plea­do, que vive de la beneficiencia pública, la artesanía y el co­mer­cio a pequeña escala. La mayor parte de la población es cam­pesina, con unas pequeñas tierras de propiedad privada. El gru­po de los libertos (esclavos manumitidos), se mueven entre los grupos anteriores, con una gran movilidad social.
Por último, la clase social de los esclavos, los parias de la sociedad, casi sin derechos, sometidos a una dura opresión, sin otra esperanza que la manumisión (por concesión o pago), la huida o la rebelión.
La condición de las mujeres era algo mejor que en la ci­vilización griega, pues gozaban de mayor libertad en la vida cotidiana, pero tampoco gozaban de derechos políticos y estaban tuteladas legalmente por un varón.
2.2. LAS CIUDADES.
La civilización romana creó un modelo de ordenación urba­na inspirado en las ciudades helenísticas y en la estructura del campamento militar romano. Se trataba de un recinto cuadra­do o rectangular protegido por una muralla. La ciudad se arti­culaba a partir de dos calles principales, eldecumanus (este-oeste) y el cardo (norte-sur), al final de las cuales se abrían puertas de acceso a la ciudad. Las vías secun­darias también se cruza­ban perpendicularmente, creando manzanas donde se edifica­ban las viviendas, sean domus (unifamiliares) o insulae (bloques de pisos). Las calles estaban bien pavimentadas y te­nían aceras. Existía una red de alcanta­rillado que recogía las aguas residuales. En el cruce de las calles principales se si­tuaba el centro económico y administra­tivo de la ciudad: el foro, que se trataba de un recinto en el que estaban situados los edificios públicos y religiosos más importantes de la ciu­dad: consejo y oficinas municipales, tribunales, templos, tien­das del mercado... Los lugares de recreo eran el anfiteatro, el circo, el teatro, las termas, las bibliotecas... Casi siempre había arcos de triunfo en homenaje a algún personaje o hecho importante. El abastecimiento de agua potable a las ciudades se hacía mediante acueductos. Las comunicaciones se aseguraban con puentes, calzadas, túneles y puertos.
Roma, sin embargo, la ciudad más gran­de del imperio, con más de un millón de habitantes en el siglo II, se había fundado como una ciudad irregular y nunca pudo estructurarse según este modelo regular, que se extendió por el Imperio, en un sinfín de ciudades, que marcaron la historia urbanística.



3. ECONOMÍA.
Es una economía agraria, pero dominada por las ciudades que actuaban como los centros de administración, mercado y producción artesanal.
La esclavitud aporta la mano de obra para los sectores más dinámicos, pero este sistema basado en la intensidad humana y no en la técnica se agotará cuando lo hagan las reservas de mano de obra es­cla­va, siempre menos productiva que la libre, al acabarse las grandes guerras de conquista.
La agricultura se basa en la triada mediterránea: trigo, vid y olivo, junto a la cebada, cáñamo, lino... Se difunden nuevos cultivos. Se desarrollan nuevas técnicas: barbecho de tres hojas, avanzado instrumental, rega­díos... Los esclavos trabajan los campos de los grandes propie­tarios, que arruinan a muchos pequeños propietarios. Finalmen­te, el sistema agrario entrará en crisis por su incapacidad de aumentar la productivi­dad y por la concentración de la propie­dad en latifundios, que eran cultivados no por esclavos sino por colonos, bajo duras condiciones de arrendamiento.
La minería se expande: canteras para los materiales de construcción; minas de oro, plata, hierro, cobre, estaño, plo­mo, mercurio. Hispania destaca por su riqueza minera. La mano de obra también era esclava.
La industria se diversifica en una artesanía de tipo fami­liar y una industria en serie con mano de obra esclava. Destaca la construcción, la textil, la salazón de pescado, la metalur­gia, la orfebrería, la cerámica, el papiro (Egipto).
El comercio es muy activo a lo largo del Mediterráneo, beneficiado por la unión política, la seguridad marítima y los puertos, las buenas calzadas. Destaca el comercio de trigo (con suministros de Á­frica, E­gipto, Sicilia), vino (Grecia), aceite (Hispania, África), pescado salado (salmuera), tejidos de lana y lino, es­clavos y ani­males exóti­cos, y el co­mercio con el Le­jano Oriente, a cam­bio de seda y especias, que empero fue una san­gría len­ta y con­tinua de plata y oro, lo que dificultó a largo plazo la economía mo­neta­ria. Plinio se quejaba en el s. I dC de que las importa­cio­nes de la India cos­taban a Roma 550 millones de ses­tercios cada año.
Se desarrollan las finanzas, gra­cias a la moneda estable del dena­rio de plata y el áureo de oro, y la intensa vida urbana.
Pero en época tardorromana la crisis financiera y fiscal hundió la economía, agobiando a las clases productoras con al­tos im­puestos. La moneda se devaluó, con emisiones de cobre y bajas de ley (el denario de plata, purísimo en el s. I, tenía sólo un 2% de plata h. 250). Las clases socia­les se con­solida­ron mediante nor­mas lega­les, que impe­dían la movilidad social. Las ciuda­des decaye­ron y la so­ciedad se rura­li­zó, en­trando en una deca­dencia irre­frena­ble. El Impe­rio Roma­no cayó no por las invasio­nes sino por sus proble­mas internos.


4. RELIGIÓN.
4.1. LA RELIGIÓN PAGANA.
La religión era fundamen­tal en la vida de Roma. Es una religión ritual, con sacerdotes de varias funcio­nes: pontífice, vestales, augures, arúspices, duumviros. Pero no es una clase sacerdotal separada de la sociedad civil y su importancia siem­pre fue menor.
La reli­gión tomó de Gre­cia los dioses (salvo los nombres), junto a infinidad de dioses locales y los propios emperadores diviniza­dos. La religión romana siem­pre acogió a los nuevos dioses, con un espíritu ecléctico y abierto, con los métodos de la evocatio y la interpretatio. Tenemos que espe­rar a la apari­ción de las religiones mono­teís­tas para encontrar un rechazo institucional a unas religio­nes que ponían en peligro las bases de la civili­zación romana.
Al princi­pio era animista, con una tri­nidad su­prema: Júpi­ter, Marte y Quiri­no, convertida por influencia etrusca en Jú­piter, Juno y Minerva, junto a deidades de lugares sagrados (numina) y del hogar.
Durante el Imperio se difundió el culto al emperador, que era el pon­tífice máximo de la religión oficial pero también en­carna­ción divina del Estado, y asimismo se expandieron los cultos de los misterios. Se dis­tin­gue un cul­to estatal pú­blico y un culto familiar pri­vado, con los manes de los antepasados, los pena­tes de las provisiones y los lares de los campos y hogares.
4.2. LA APARICIÓN DEL CRISTIANISMO.
A partir del siglo I dC se difundieron entre la socidad roma­na algunas religiones orientales, como el mitraísmo, maniqueísmo y judaísmo, que intentaban dar una res­puesta más espiritual y menso ritual a la incertidumbre de qué hay más allá de la muer­te y a la influencia del mal so­bre el hom­bre.
El cristianismo fue la religión oriental que más arraigó, sobre todo entre las clases bajas, dado que el Nuevo Testamento (la se­gunda parte de la Biblia) presentaba la pobreza como una virtud y aseguraba una vida mejor después de la muerte. Los apóstoles extendieron la nueva religión por to­dos los confines del Medi­terráneo ya en el siglo I, Pe­dro entre los medios judíos y Pablo entre los gentiles. Pero esta religión fue con­siderada un peligro para el Imperio (por­que no se reco­nocía la divinidad del empe­rador ni el poli­teís­mo que era esen­cial para el siste­ma), y algunos em­peradores decre­taron perse­cuciones sistemáti­cas para eliminarla (la primera con Nerón en 64 y más tarde Traja­no, Antonino Pio, Decio hasta llegar a Dio­cle­ciano. Sin embargo, las perse­cucio­nes fueron ineficaces. La Iglesia cris­tiana tenía cada vez más influencia social, so­bre todo en las ciudades, mientras que en las zonas rurales sólo tenía presencia en Asia.
El fin del paganismo llegó con la victoria del cristianis­mo en el s. IV. Los grandes momentos de esta victoria fueron el Edicto de Mi­lán (313) promulgado por Constantino, que garanti­zaba la libertad de culto cristiano después de tantas persecu­ciones que había sufrido; el Conci­lio de Nicea (325), que orga­nizó la Iglesia y unificó el culto y la doctrina contra el arrianismo y el Edicto de Tesa­lóni­ca (380) promulgado por Teo­dosio I, que prohibió el cul­to paga­no, declarando al cristia­nismo religión oficial y única del imperio. Se acabaron enton­ces los Jue­gos Olímpicos y se cerra­ronla Aca­demia y el Liceo de Ate­nas. En menos de un siglo el cristia­nismo había pasado de reli­gión oprimida a religión opresora.


5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
La literatura griega influyó decisivamente en los inicios de la literatura latina, con los autores teatrales Ennio, Plauto y Terencio.
El latín se convirtió en la lengua culta de Occidente, unificado mediante la educación, la administración y el comer­cio; mien­tras, el griego mantenía su prestigio en Oriente.
Historiadores como Julio César, Tito Livio y más tarde Tácito son maes­tros del latín. El poeta Cátulo da paso a la época clá­sica, en el imperio de Augusto, con gran­des poetas como Vir­gi­lio, Horacio y Ovidio. Destacan después los hispanos Séneca, Marcial, Quintiliano. Después viene una larga deca­dencia, salvo en los histo­riadores.
5.2. FILOSOFÍA.
La filosofía sigue las pautas de la filosofía helenística. Destacan las escuelas socrática (Cicerón), epicúrea (Lucrecio), estoica (Seneca) y neoplatónica (Plotino).
5.3. CIENCIA Y TECNOLOGÍA.
En ciencia se recogió la herencia griega pero se hicieron pocas innovaciones. En la medicina destaca Galeno.
Mayor es el avance tecnológico. Se desarrolló la ingenie­ría de construc­ción naval (barcos más grandes), el hor­migón mejoró la cons­truc­ción y los acueduc­tos el suministro de agua a las ciudades. La cerá­mica fue fa­bricada en serie. La minería se benefició de los nue­vos equipos de extracción de agua. La agri­cultura mejoró con el drenaje e irrigación de los terrenos, y la difusión de tratados agríco­las: Varrón, Colume­la. Muchas de estas novedades cayeron en desuso con la cri­sis fi­nal, pero pocas se perdieron defini­tiva­mente y la mayoría sobrevivieron a través de la Edad Media.
5.4. DERECHO.
El derecho romano fue una institución funda­mental para la uni­dad y la vida política y social de Roma. Las primeras leyes fue­ron las XII Tablas (451-449), que fueron la base del derecho civil entre los ciudadanos romanos. Se desa­rrolló hasta el Cor­pus Iuris de Justiniano en el s. VI. Las fuentes de la ley eran la costumbre, la jurisprudencia de los jurisconsultos, los edictos del Senado y del Emperador.
Se distingue el derecho público y el derecho privado. Una de las grandes conquistas de la civilización romana fue la pro­gresiva extensión del derecho de ciudadanía a toda la pobla­ción, vigente en 212 (edicto de Caracalla).


6. ARTE.
Es un arte que sigue el modelo griego, sobre todo el helenís­tico tardío, pero sin su ex­traordinaria creatividad estética.
Es un arte funcional, que busca ante todo la utilidad.
La escultura es realista, destacando en el retrato y el relieve. La ar­qui­tectura desta­ca por la variedad tipológica: templos, pala­cios, basílicas civiles, circos, anfi­teatros, teatros, bibliotecas, termas, acue­ductos, arcos triun­fales, columnas triunfales, mercados..., en los que se utiliza un sistema mixto que funde el arquitrabado y el abovedado (arco, bóveda, cúpula). La pintura, de la que apenas nos quedan unos restos en Pompeya, es fundamen­talmen­te decorati­va. El mosaico nos ofrece obras de extraordinaria calidad.
El arte romano, tras una época de auge en los s. I y II, entrará en una grave decadencia, hasta devenir en el arte pa­leocristiano.




BIBLIOGRAFÍA GENERAL.
Libros.


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Díaz, José Antonio. Iruña-Veleia. La sorprendente urbe romana del País Vasco. “Clío. Revista de Historia”, v. 6, nº 64 (II-2007) 51-55.
García Jurado, Francisco. El vestido en Roma: de la toga al pantalón. “Historia. National Geographic”, Madrid, nº 40 (IV-2007) 30-33.
López Barja de Quiroga, Pedro. La conjuración de Catilina. “Clío. Revista de Historia”, v. 6, nº 64 (II-2007) 66-73.
Monge, José Antonio. La primera guerra púnica. Cartago desafía a Roma. “Historia.National Geographic”, Madrid, nº 40 (IV-2007) 56-65.



PROGRAMACIÓN.
LA CIVILIZACIÓN GRECOLATINA.
UBICACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo.
Bloque 4. Sociedades his­tóricas.
Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizacio­nes y Anti­güedad clá­sica.
En el apartado: - Sociedad, política, cultura y arte en el mundo clásico: Grecia y Roma.
Por su necesario carácter generalista, esta UD debe ser una visión general, sin entrar en detallismos excesivos.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con los temas de Edu­cación Moral y Cívica, Edu­cación para la Paz, Educación para la igualdad de los sexos.
TEMPORALIZACIÓN.
Nueve sesiones de una hora.
1ª Documental sobre Grecia, seguido de diálogo, como evalua­ción previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor. Cuestiones.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas y comenta­rios de tex­tos.
5ª Documental sobre Roma, seguido de diálogo, como evalua­ción previa. Exposición del profesor.
6ª Exposición del profesor. Cuestiones.
7ª Expo­sición del profesor. Cuestiones.
8ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas y comenta­rios de tex­tos.
9ª Examen escrito.
OBJETIVOS.
Conocer las civilizaciones griega y romana.
Sintetizar la evolución histórica de ambas civilizaciones.
Relacionar ambas civilizaciones entre sí y respecto a la nuestra.
Analizar aspectos sociales y culturales de la Antigüedad.
Valorar las civilizaciones antiguas.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Las civilizaciones griega y romana, en historia, sociedad, economía y arte, como un todo integrado.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas y mapas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Interés por las civilizaciones del pasado.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre la civilización griega y otro sobre la romana.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de dos pirámides sociales sobre las sociedades de Grecia y de Roma, explicación y comparación.
Realización de esquemas de los apartados.
Hacer un pequeño trabajo de indagación, con una síntesis escrita, sobre la romanización de las Baleares.
Comentarios de textos sobre las civilizaciones griega y romana, en especial los textos sobre la democracia ateniense, las guerras médicas y la guerra del Peloponeso, las guerras civi­les del s. I aC en Roma, el ascenso de Augusto y sobre la cri­sis socio-eco­nómica en el Imperio tardorroma­no, la esclavi­tud, la condición de la mujer...
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Maquetas de edificios importantes: Partenón, Coliseo...
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documentales: Atlas Culturales del Mundo. Ediciones del Pra­do. v. 3. Grecia, Roma y el fin del mundo antiguo. 50'.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre Grecia y Roma y la interrelación de los fenómenos políticos, económicos, sociales y culturales.
Exa­men propio, no incluido en el de otras UD, debido a su importancia intrínseca. Se harán breves cues­tiones, un comen­tario de texto general y el comentario de una diapositiva.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

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martes, 11 de diciembre de 2012

Unidad 25: La civilización grecolatina



INTRODUCCIÓN.


I. LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
INTRODUCCIÓN.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
1.1. LA ÉPOCA PREARCAICA Y ARCAICA.
La civilización minoica.
La civilización micénica.
La caída de la civilización micéni­ca.
Los siglos oscuros y el renacer.
El movimiento colonizador.
La polis griega y la evolución de su estruc­tura políti­ca: de la monarquía a la tiranía.
1.2. LA ÉPOCA CLÁSICA.El Estado ateniense.
La democracia.
El Estado espartano.
1.3. LA ÉPOCA HELENÍSTICA.
Macedonia: Filipo II y Alejandro Magno.
Los reinos helenísticos.
2. SOCIEDAD.
3. ECONOMÍA.
4. RELIGIÓN.
5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
5.2. FILOSOFÍA.
5.3. CIENCIA.
6. ARTE.


II. LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
INTRODUCCIÓN.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
1.1. LOS ORIGENES DE ROMA: LA MONARQUÍA.
1.2. LA REPÚBLICA
.
Las instituciones republicanas.
La expansión.
La crisis republicana.
1.3. EL IMPERIO ROMANO.
Augusto.
La nueva expansión.
La evolución del Imperio.
1.4. LA CRISIS TARDORROMANA.
2. SOCIEDAD.
2.1. LA DIVISIÓN SOCIAL.
2.2. LAS CIUDADES.
3. ECONOMÍA.
4. RELIGIÓN.
4.1. LA RELIGIÓN PAGANA.
4.2. LA APARICIÓN DEL CRISTIANISMO.
5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
5.2. FILOSOFÍA.

5.3. CIENCIA Y TECNOLOGÍA.
5.4. DERECHO.
6. ARTE.



INTRODUCCIÓN.
Abordamos esta UD con un planteamiento de resumen y visión general, sin entrar en excesivas particularidades, pues se extiende sobre una enorme dimensión temporal y espacial.
Resumen.
La civilización grecolatina tiene una im­portancia vi­tal para ex­pli­car nuestro pasado, pues es deter­mi­nante en nues­tra civilización occidental. Es una herencia que per­duró escon­dida en la Edad Media para alumbrar con renovado vigor en la Edad Moderna y que advertimos aún hoy en la len­gua, urbanismo, eco­no­mía, arte, política, dere­cho, matemáticas, física, historia, geografía, fi­lo­so­fía, poe­sía...
Grecia originó muchos de los avances anteriores y nos legó una cultura antropo­céntrica, pues inclu­so su Re­li­gión, de­ri­vada del mito, está huma­ni­za­da, y fue la pri­mera en valorar la li­ber­tad indivi­dual como ele­men­to esen­cial del carácter humano.
Ro­ma, por su parte, fue la inter­mediaria entre Grecia y noso­tros, y, en cambio, valo­ró más los principios de au­toridad y gobier­no que son necesarios para eje­cutar los idea­les huma­nos.
La economía grecolatina era predominantemente agrícola, con la céle­bre “tría­da medite­rránea” del trigo, la vid y el olivo. También la mi­nería, la pes­ca, la arte­sanía, el comer­cio se di­fundieron en la socie­dad anti­gua, que vivió el auge de las ciu­dades y la inte­gración del Medite­rráneo en un único mer­cado, foro de intercam­bio de pro­ductos, hombres e ideas. Pero era una economía basada en un sis­tema esclavista, lo que redundó en una fuer­te divi­sión so­cial y en una falta de estímu­los para la in­nova­ción téc­nica, lo que con­llevó su final decadencia.
Griegos y romanos procedían de un mismo origen indoeuro­peo, lo que explica la semejanza de sus sociedades, idiomas y re­ligiones, y tu­vieron una notable continuidad cultural, pero les distin­guen su histo­ria y otros rasgos, por lo que los es­tudia­remos sepa­rada­men­te.


I. LA CIVI­LIZACIÓN GRIEGA.
INTRODUCCIÓN.
La antigua Grecia se extendía por el sur de la península balcánica, las islas del Mar Egeo y las costas de la península de Anatolia. Estos territorios del Mediterráneo oriental cons­tituyeron la llamada Hélade, espacio donde se desarrolló funda­mentalmente la civilización griega o helénica, que fue la pri­mera gran etapa de nuestra civilización occidental y que más tarde se extenderá por las colonias en la Magna Grecia del sur de Ita­lia y en otros lugares del Mediterráneo.
Grecia es considerada hoy día como la cuna de la civili­zación occidental. Efectivamente, de Grecia hemos recibido una manera concreta de entender al mundo y al hombre, un sistema de gobierno democrático y unas normas artísticas que basan sus metas en la belleza ideal, en la armonía y en el equilibrio. La civiliza­ción griega se basa en el triunfo de la razón, funda­mento de la filoso­fía, de la técnica y de la ciencia que carac­terizan a nuestro mundo occidental.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN GRIEGA.
1.1. LA ÉPOCA PREARCAICA Y ARCAICA.
Los orígenes cretense y micénico.
La civilización griega tuvo sus más hondas raíces en la cultura cretense o minoica, desarrollada en los milenios III y II aC y basada en la agricultura y en un rico comercio marí­ti­mo.
La civilización micénica o aquea, de carácter militar y aristo­crá­tico, sustituyó a la civilización cretense h. 1400 aC aproxi­madamente.
La civilización minoica.
Las comunidades agrarias neolíticas establecidas en las tierras bañadas por el mar Egeo se vieron profundamente afecta­das por la llegada de la metalurgia del cobre en el III milenio aC. El comercio de los metales y la fabricación de nuevas armas dieron superioridad a unos pueblos sobre otros y produjeron cambios en su organización.
La isla de Creta, montañosa pero fértil, favorecida gra­cias a su situación geo­gráfica por la influencia de las grandes civilizaciones orien­ta­les, adqui­rió desde finales del III mile­nio un papel pre­pon­deran­te en la zona del Egeo. Su esplendor se inició h. 2000, época en la que la ciudad-estado de Cno­sos do­mi­naba en la isla, junto a las ciudades de Mallia, Faistos y Zakro. Hay otros centros menores, como Hagia Triada.
La sociedad cretense debió de estar rígidamente goberna­da por poderosos príncipes. El rey Minos del que hablan los testi­mo­nies más antiguos pudo ser un rey o una dinastía que gobernó sobre la isla y creó una talasocracia o imperio marí­timo.
La economía cretense, sobre una base agrícola, evolucio­nó hacia el comercio marítimo. La aplicación del torno a la cerá­mica y el dominio de la metalurgia impulsaron un comercio de exporta­ción e importación. Los cretenses, junto a productos agrí­colas ex­portaban sus manufacturas e importaban materias primas: cobre de Chipre y estaño de la Europa occidental. Al tiempo, los cre­tenses desarrollaron un papel muy rentable de intermediarios comerciales entre sus pueblos vecinos. El comer­cio propició el desarrollo de la vida urbana.
El arte cretense se desarrolló en la construcción de los pa­lacios y sobre todo en la decoración con frescos figurativos de sus interiores. Además, había una espléndida artesanía en cerámica y orfebrería. Las formas artísticas, que en su ori­gen de­bieron tener ins­pira­ción religiosa, sufrieron una evolu­ción consecuente con los cam­bios de vida y de mentalidad de la so­ciedad. Dejaron de ser objetos sagrados y pasaron a tener sen­tido propio, dirigidos a la sim­ple contemplación. El arte mi­noico influyó, al parecer, en el egipcio.
La civilización micénica.
La civilización micénica se extendió por casi toda Grecia entre 1600 y 1200 aC, especialmente en el Peloponeso. Los aqueos, h. 1450-1400, incluso invadieron el área cre­tense y arruinaron su civi­lización. Los aqueos constru­yeron gran­des ciudades-estado amu­ralladas, como Tirinto, Pilos y Mice­nas (de donde viene el nom­bre convencional actual de ci­viliza­ción micé­nica). Su lengua era indoeuropea, una variante arcaica del griego, como denota la escritura lineal B de las tablillas que se usaban para la contabilidad de los palacios.
La sociedad, según la describió Homero, era una socie­dad de guerreros gobernada por una monarquía que se apoyaba en la aristocracia terrateniente para dominar a la población de cam­pesinos y esclavos. Los reyes vivían en palacios que tenían funciones religiosas, militares y económicas. La tradición ho­mérica, sin embargo, no es una fuente histórica fiable sobre sus costumbres y organización social, porque es cuatro siglos posterior.
La economía se basó en la agricultura, pero el co­mercio fue ganando en importancia hasta convertir a los aqueos en los sucesores de los cretenses. En este contexto se ex­plica la guerra de Troya cantada por Homero: Troya fue atacada porque competía con los aqueos.
El arte destacó en la construcción de ciudades amuralladas con enormes muros ciclópeos y de grandes tumbas de tipo fami­liar, con cámara de falsa bóve­da y co­rredor, como la tumba de Atreo. Los aqueos destaca­ron también por los trabajos de orfe­brería hechos con oro y otros metales.
La caída de la civilización micénica.
Esta civilización fue modificada profun­damente h. 1200 tras la invasión de nuevos pueblos ‑dorios, jonios‑ que pene­traron en el espacio griego y despla­zaron a los aqueos. Homero, en realidad, refleja en la Iliada y la Odisea el caos provocado por la inva­sión de los dorios, procedentes de los Balcanes, en la pe­nínsu­la griega durante el s. XII, a resultas de lo cual la es­tructu­ra polí­tica y económica de la Grecia micé­nica se de­rrum­bó y deter­minó la huida de sus anteriores poblado­res, en­tre ellos los aqueos, hacia el mar Egeo y las costas de Asia Menor, con sus destructivos efectos sobre Creta y Troya.
Los siglos oscuros y el renacer.
El país permaneció pobre y ais­lado, casi sin historia, en los llamados “siglos oscuros”, hasta después del 900, cuan­do se comen­zaron a res­tablecer las rela­ciones comerciales con Ita­lia y Siria. La escritura fue recupe­rada c. 750, por influjo fenicio a través del comercio. Fue una innova­ción fundamental que se transmitió por el mundo griego con al­gunas variantes. Se consolidó la fragmentación política, pese a que había una gran uni­dad cultu­ral y lingüísti­ca.
El movimiento colonizador.
Había precedentes del movimiento colonizador, pero a par­tir del 750 los movimientos de población fueron más masivos, organizados, con un planeamiento político: en el continente el poder asirio amenazaba a los griegos y estos huyeron hacia el Oeste del Mediterráneo. Había un exceso de población junto a una ca­rencia de tierras de calidad (además dominadas por la aristocracia), por lo que el descontento social y político exi­gía una válvula de escape en la emigración. Otro factor fue el comercio, pues el vino, el aceite y la cerámica necesitaban de mercados exteriores. Por último, había un deseo de aventuras, de acuerdo al ideal homérico en la Odisea.
Primera fase (750-650).
Su finalidad fue la búsqueda de tierras de cultivo para asentar a los excedentes de población. Se dirigió a Sicilia y sur de Italia. Los Estados de origen fueron las ciudades eubeas Calcis y Eretria, jun­to a Corinto y Megara.
Segunda fase (650-550).
Hay una gran ampliación geográfica del movimiento coloni­zador, que alcanza al extremo oeste del Mediterráneo y tiene más Estados de origen. Se fundan ciudades desde Ampurias (His­pania) y Mas­silia (Galia) hasta Cirenaica, Egipto y el Mar Ne­gro. Destacan en esta fase en su actividad coloniza­dora Mileto (hacia el Mar Negro), Fo­cea, Sa­mos, Creta y Rodas (Ampu­rias, Massilia, Sici­lia), y las mismas colonias de Sicilia y la Magna Grecia (el sur de Italia), con­vertidas a su vez en activos cen­tros de emi­gración y coloniza­ción. Un nuevo fac­tor esencial de esta fase fue el co­mer­cio, compartien­do impor­tancia con la bús­queda de tierras. Algu­nas fundaciones son muy pequeñas, en lu­gares es­tratégicos para el comercio.
Como resultado, la cultura griega se difundió por la mayor parte del norte del Mediterráneo, impregnando las culturas de Italia, Galia e Hispania y asentando su influencia sobre el naciente pueblo romano.
La polis griega y la evolución de su estructura polí­ti­ca: de la monarquía a la tiranía.
Grecia es un país montañoso dividido en pequeños valles con recortadas costas, lo que facilita más el comercio marítimo que el terrestre. Estos valles fueron los núcleos de pequeños Estados, que evolucionaron a ciudades-estado durante el s. VIII, con formas institucionales propias, primero una monarquía no absoluta y después con la tiranía, antes de evolucionar a la democracia en muchas ciudades.
La polis es el conjunto de la ciudad y del territorio. Era una comunidad tanto política como religiosa, unida por una ciu­dad con su acrópolis que albergaba el templo de la divinidad principal de la ciudad. El oikos es el hogar (o la familia), la célula básica, a efectos de heren­cia o reparto. Elgenos (agru­pación de oikos), reúne a los des­cendientes de un antepa­sado común, mítico por lo gene­ral, con posesiones que a menudo coin­ciden en su lugar. La es­tructura social de la genos la componen una clase de nobles terratenientes y una clase de hombres li­bres pero unidos por clientela a la aristocracia. Los esclavos estaban excluidos.
Las instituciones básicas son tres:
- Arcontes. Son los magistrados que administran el Estado, con pode­res detraídos de la monarquía. La aristocracia ocupó al princi­pio estos cargos mientras el rey, el basileus, se limitaba cada vez más a sus funciones religiosas.
- El consejo (boulé). Es un consejo de composición aristocrática, con la función de asesorar a los arcontes y la Asamblea, y ad­ministrar la jus­ti­cia.
- La Asamblea (eklesia). Es la reunión de todos los ciudadanos. En ella reside toda la soberanía popular, con funciones legislati­vas, de elección de los arcontes (a veces de los consejeros de la boulé), relaciones exteriores, asuntos religiosos, el urba­nismo y la moneda.
La mejora de la economía gracias al comercio y la coloni­zación permite que aparezca lamoneda, aunque tardíamente. Al principio sólo se comer­ciaba con el trueque, estimando el valor en bueyes, caba­llos o mujeres, para usarse después los metales. De estos se pasó a la acuñación de la moneda de metal, con un valor estable y una garantía del poder público. Nació en Lidia c. 660 y llegó a Grecia c. 620 en Egina, luego por Corinto y Atenas c. 590 y en Eubea c. 530. La finalidad de su difusión era no tanto el comercio como las necesi­dades políticas: el pago de mercenarios, obras públicas, ofren­das a los dioses, tasas, mul­tas, etc.
Durante los ss. VII y VI algunos aristócratas se alían con las clases dominadas (artesanos y campesinos) en contra de la monarquía y del resto de la nobleza terrateniente, y se convierten entiranos (dicta­do­res). El poder aristocrático mo­nár­quico u oligárquico es de­rro­tado por estos individuos que se limitan a acaparar los órganos de poder para sí mismos y sus partidarios, con una continuidad institucional que enmascara un absoluto poder personal. Su po­lítica de favo­recimiento de los campesi­nos, comerciantes y ar­tesanos, junto a las obras públi­cas, les ganó un fuerte apoyo, pero luego las tiranías ten­die­ron a ser hereditarias mien­tras que los su­cesores eran me­nos bri­llantes que los fundado­res. Sucesivas crisis (guerras civiles, destierros) eliminaron las tiranías, que a menudo que­daron como una transición entre la oligar­quía y la democracia. El caso de Atenas es el más representativo de esta evolución monarquía-tiranía-democracia.

1.2. LA ÉPOCA CLÁSICA.
Hubo tres periodos básicos en la historia de Grecia en el siglo V, con Atenas en el centro de los acontecimientos:
1) Aumento del poder de Atenas durante las guerras médi­cas contra los reyes persas Darío I y Jerjes. Se iniciaron con la re­presión persa de la rebelión de lo griegos jonios (496-493) y la posterior invasión de Grecia para castigar a Atenas y Ere­tria por su apoyo a los rebeldes, pero Atenas lo­gró la vic­to­ria de Mara­tón (490).
Más tarde, Jerjes lanza una masiva invasión, que ocupa gran parte del país excepto el Peloponeso, pero los grie­gos, sobre todo las ciudades de Atenas y Esparta, dirigidos por Milcíades, logran la gran victoria naval de Sa­lamina (480) y la terres­tre de Pla­tea (479), gracias a la supe­riori­dad grie­ga en buques, arma­men­to y es­pí­ritu mili­tar.
Sigue la forma­ción de la Liga marítima de De­los, diri­gi­da por Atenas, para acabar con la amenaza persa y asegu­rar la he­gemo­nía de las de­mocracias.
2) Auge de Atenas duran­te el go­bierno de Pericles (493-429), que comienza h. 461 y acaba con su muerte. Asegura el predominio marítimo y comercial de Atenas, contiene el peligro persa, atrae a numerosos artistas y escritores, construye los monu­men­tos de la Acrópolis. La ciudad de Atenas alcanza su cima en la po­líti­ca, la cultura y el arte.
3) De­caden­cia y caí­da de Atenas con la guerra del Pelopo­ne­so (431-405), entre las dos grandes coali­ciones acau­dilladas por Atenas (de­mocráti­ca) y Es­parta (oligár­quica), con vic­toria fi­nal de Esparta, que impone una efímera tiranía en Atenas (405-403). Atenas era superior en el mar y Esparta en tierra, lo que ex­plica la larga duración del conflicto, en el que hubo treguas. Atenas había sido diezmada por la peste (431-426), en la que murió el propio Pericles, y luego por el desastre de la expedi­ción de Alcibía­des a Siracusa (415-413), y finalmente sucumbió incluso en el mar en la batalla de Egospotamos (405).
El Estado ateniense.
El ejemplo máximo de evolución política griega fue la ciu­dad de Atenas en el s. V, opuesto al modelo aristocrático de Esparta. Atenas dominada la península del Ática, con una rica agricultura del vino y del aceite, minas de plata y una gran actividad artesanal y comercial (puerto del Pireo), lo que ase­guraba una amplia clase media, que vivía gracias al trabajo de numerosos escla­vos. Desde el 507, con Clístenes, había un régi­men democrático.
La democracia ateniense.
La democracia es un sistema político en el que el pueblo ejerce la soberanía, directamente o a través de representantes elegidos. El término, que en griego significa “gobierno del pue­blo”, se aplica en la Antigüedad sobre todo a la democracia ate­niense, establecida a fines del s. VI. Se basaba en la iso­no­mía, igualdad de los ciudadanos ante la ley, la isotimía, la igualdad de acceso a los cargos públicos mediante elección o sorteo, y la isegoría, el derecho de todos a hablar ante la asam­blea popular y los tribunales.
En Atenas el demos (pue­blo o mu­nicipio) domi­naba la vida políti­ca: el ciudadano tenía el nom­bre del demos junto al suyo priva­do. Había tres grandes órganos políticos:
- La eklesia (asamblea de los ciudadanos) era el princi­pal poder. La ciudad se dividió en diez tri­bus, para votar. El os­tracis­mo per­mitía cada año votar el exilio de una persona­lidad amena­za­dora para el equili­brio polí­tico: no conde­naba un deli­to, sino que inten­taba evi­tarlo.
- El boulé (con­sejo) de 500 buleu­tas (50 por tri­bu), con­trolaba la administración. Se dividía el go­bierno por déci­mas partes del año.
- Los ma­gis­trados eran el ar­conte po­lemar­ca, nue­ve ar­con­tes para la justicia, y diez es­tra­tegos para el ejército.
La democracia directa, que suponía la toma de decisiones en una asamblea a la que teóricamente todos los ciudadanos te­nían acceso, sólo era posible en un Estado pequeño, en el que además la mayor parte del trabajo fuera realizado por no ciuda­danos: mujeres, extranjeros y esclavos. Atenas, en su apogeo, sólo tuvo unos 20.000 a 30.000 ciudadanos (adultos masculinos libres). La Antigüedad no co­no­ció formas de democracia aplica­bles a ám­bitos más amplios que el de la ciudad-estado y Aristó­teles afirmaba que una ciudad de más de 100.000 ciudadanos no podía ser una polis.
Los principales pensadores griegos fueron críticos de la democracia: Sócrates pereció a sus manos, Platón la rechazó, Aristóteles consideraba necesario limitarla. El ideal de una constitución mixta, como preferible a las formas puras de mo­narquía, oligarquía y democracia, es propia del pensamiento clásico y ha sido muy influyente hasta el s. XX.
El Estado espartano.
Esparta es el otro modelo griego. Domina el sur de la pe­nínsula del Peloponeso y dirigirá la Liga Doria, vasta alianza de ciudades rurales y comerciales, opuesta a la Liga de De­los.
Esparta es una ciu­dad-estado rural, conservado­ra, milita­rizada, ba­sado en la opresión de una mino­ría aristo­crática y armada (los espartia­das) sobre una pobla­ción de cam­pesinos siervos (los ilotas). Había dos reyes, que gobernaban conjunta­mente y diri­gían el ejército, el más podero­so de Grecia hasta mediados del s. IV. Pero el poder civil estaba en manos del Senado, con los dos reyes y 28 ancianos, guiados por cinco éfo­ros (superintendentes).
1.3. LA ÉPOCA HELENÍSTICA.
Sigue a continuación un periodo de destructoras guerras civiles en la pri­mera mitad del siglo IV, entre Esparta, Atenas y Tebas, en el que se debilitan las ciudades-Estado. El perio­dode dominio de Esparta duró poco más de treinta años, hasta las victorias tebanas de Leuctra (371) y Mantinea (362).
Macedonia: Filipo II y Alejandro Magno.
El reino norteño (helenizado) de Macedonia, rico en cerea­les, oro y madera, con los reyes Filipo II y Ale­jandro Magno al­canzó la hegemonía sobre el Me­diterráneo Oriental.
Filipo II (359-336) robusteció el poder real, venció en Queronea (338) a los tebanos y atenienses y unificó a los grie­gos para atacar a los persas, en la Liga de Corinto, pero murió asesinado antes de comenzar la invasión.
Su hijo Alejandro Magno (336-323) fue un personaje polémi­co y fascinante, qu recibió educación cultural de su maestro Aristóteles y militar de su pa­dre, participando como príncipe en las guerras contra tracios e ilirios y en la batalla de Queronea. Rey a los 20 años, se aseguró el dominio de Grecia antes de partir para la con­quis­ta del enorme Imperio Per­sa del aqueméni­da Darío III, en una gue­rra triunfal del helenismo contra el Oriente bárbaro (334-329).
El ejército greco-macedonio ven­ció en las batallas de Gra­nico (334) e Isos (333) a ejércitos persas mucho mayores, con lo que conquistó el Asia Menor; prosiguió con la estratégica conquista de Siria y Pales­tina, tras los sitios de Tiro y Gaza (332) y de Egip­to, donde fue acogido como un libertador, un nuevo faraón. Marchó final­mente al interior de Asia, y atravesó el Eufrates y el Tigris para aplastar en Gau­ga­me­la (331) al resto del ejército persa, muy superior en número. Ase­si­nado por los suyos el rey aquemé­nida, Ale­jan­dro se co­ro­nó rey de los griegos y los persas, co­menzando una difí­cil po­líti­ca de unión de ambos pueblos. Con­tinuó la conquista hacia Asia Cen­tral y la India, pero sus tro­pas no quisieron ir más allá del Indo (326) y tuvo que volver atrás.
Cuando pla­nea­ba la con­quista de Arabia y del Medite­rrá­neo Occi­dental (Ro­ma, Carta­go...) murió de fiebres en Babilo­nia, a los 33 años de edad (h. 13-VI-323). Su inmenso imperio, que sólo su poderosa personalidad mantenía unido, fue repartido ensegui­da entre sus generales, pues el hijo de Alejandro apenas había nacido y más tarde fue asesinado.
Para algunos historiadores sólo fue un aventurero aficio­nado a las borracheras, pero para la mayoría abrió una nueva etapa de la historia universal y fue el mode­lo de gran héroe guerrero del mundo anti­guo. Extraordinario militar, tanto estratega como táctico, en sus 11 años de campa­ñas mili­tares recorrió más de 26.000 km y nunca perdió una ba­talla, aunque sufrió cientos de miles de bajas con sus exte­nuantes marchas y sangrientas batallas. Pero no fue sólo un gran mili­tar puesto que cConci­bió el proyecto de uni­ficar po­lítica y cul­turalmente su Impe­rio, fusionando las civi­liza­cio­nes de Occi­dente y Orien­te. Fun­dó, entre otras muchas ciudades, la urbe de Ale­jan­dría de Egipto.

Los reinos helenísticos.
Muchos historiadores limitan el periodo helenístico entre la muerte de Alejandro Magno en -323 y la destrucción de la Liga Aquea a manos de Roma y la destruc­ción de Corinto en -146, y se incorporaron las ciudades derrotadas a la provincia romana de Macedonia.
El imperio macedonio se dividió a la muerte de Ale­jan­dro en -323 entre sus generales, los Diadocos, la mayoría nobles mace­donios: Antígono, Ptolomeo, Seleuco...
Se asentaron en Europa y Asia varios Estados hele­nísticos: Ma­cedo­nia, Egipto de los Ptolomeos, Siria de los Se­leúcidas, Pér­gamo de los Atálidas (264-133)... en luchas constantes entre sí por la supre­macía.
En cuanto a la misma Grecia, las ciudades-estado, bajo el control de Macedonia, se unieron en ligas (Aquea, Beocia, Eto­lia), junto a las grandes ciudades de Atenas, Esparta, Tebas. El intento postrero de Filipo V de dominar Grecia, provocó la reacción de Roma, que aplastó a Macedonia en Cinos­cé­falos (197 aC) y Pidna (168), y finalmente, a los últimos reinos helenís­ti­cos, en Magne­sia (190) a los seléuci­das de Antioco III, y se ane­xionaron Gre­cia (Corinto fue destruida en 146), Pér­gamo (por donación de Atalo III en 133), Asia Menor (liberada por el tra­tado de Apamea en 188 y conquistada en los dos siglos siguien­tes) y Siria (por conquista de Pompeyo en 64) y Egipto (por ane­xión en tiem­po de Au­gus­to, 31). Por otra par­te, el reino seléucida sufrió grandes pérdidas territoriales en el este, a manos de los bactrianos y finalmente de los partos, el nuevo poder emergente en Asia, que se enfrentó con los roma­nos, hasta ser sustituido por los persas sasánidas en 224 dC.
Los soberanos helenísticos ejercieron un poder absoluto, autocrá­tico, ba­sado en la buro­cracia, la Hacienda y el ejérci­to (mer­cenarios griegos). El poder se legitimaba con la Asamblea del ejército, la polí­tica matrimonial, el culto al soberano, la capacidad polí­tica y mi­litar del soberano.
Se fundaron numero­sas ciudades (a menudo de planta regu­lar) con colo­nos y comer­ciantes griegos, que extendie­ron su cultura, lengua y tecnolo­gía. Todo esto ter­minará cuando Roma imponga su he­ge­monía.


2. SOCIEDAD.
Era una sociedad relativamente igualitaria, con una aris­tocracia terrateniente no muy rica, una burguesía y un proleta­riado poco numerosos que vivían en las ciudades de la artesanía y el comercio, y una amplia masa de campesinos pobres.
En la base había los esclavos, sin libertad perso­nal, ob­jeto de pro­piedad de los ciudadanos. Su cantidad fue enorme en la Gre­cia clásica. En su mayoría bárbaros de Tracia, Asia Menor y Mar Negro, también había griegos. Provenían de los prisione­ros de guerra, ni­ños aban­donados o vendidos, personas secues­tradas e hijos de esclavos, aunque estos últimos no fueron nu­merosos ni en Grecia ni en ninguna sociedad esclavista, por el costo de la crianza. Al principio fueron considerados meros objetos, pero al final las leyes les garantizaban una mínima protección (es­ta creció en Roma). Sus condiciones de vida eran diferentes: atroces en las minas (en la atenienses de plata de Laurion había decenas de miles de esclavos, que sufrían una gran mortalidad), duras en el campo y moderadas en el servi­cio doméstico y la artesanía en las ciuda­des.
Las mujeres estaban preteridas en la escala social, reali­zando trabajos en el hogar, en el que estaban casi siempre re­cluidas en el gineceo. Sus derechos legales eran mínimos.
Las ciu­dades dirigían la vida política y económica de las ciudades-estado, pero eran muy pequeñas.


3. ECONOMÍA.
La economía griega era agrícola, basada en la “tría­da me­di­te­rránea” de cultivos (trigo, vid y olivo), con una menor importancia de la ganadería, pesca y mi­ne­ría (la plata del Ática y Tracia), la ar­te­sanía y el comer­cio. La esclavitud tenía una gran importancia como fuente de trabajo, sobre todo en las ciu­dades.
En la época helenística el comercio fue particularmente activo, lográndose una gran zona comercial, desde Oriente hasta Occidente.


4. RELIGIÓN.
La religión griega, como otros aspectos de la civiliza­ción, es el resultado de la combinación de un conjunto de fac­tores geográficos, políticos, sociales, económicos, raciales, etc. El primer estadio de esta religión se encuentra en Creta, en la civilización minoica. Esta religión, empero, sucumbió ante la invasión de los pueblos indoeuropeos, que impusieron su cultura, aunque aprovecharon elementos minoicos en su religión. La religión micénica, poco conocida, sufrió los avatares de la invasión doria, portadores de nuevos ideales, que se fundieron con los anteriores en la época arcaica, hacia los ss. IX-VIII aC.
Se pueden encontrar los rasgos específicos de la etapa arcaica en las epopeyas homéricas, que ejercieron un influjo poderosí­simo en la formación de la conciencia religiosa heléni­ca. Home­ro, aun­que no creó los dioses, sí organizó jerárquica­mente el mundo divino en el Olimpo bajo la soberanía de Zeus, como un señor que reina sobre vasallos bastante rebeldes. En Homero apenas hay restos de ma­gia, de superstición o de culto a los muertos. Su religión fue una religión purificada, aristo­crática, que se opone a la religión popular de raíz agrícola, y desemboca en un sistema fatalista y represivo, pues crea unas fronteras claras entre la divinidad y los hombres. El intento de sobrepasarlas fue considerado un pecado de soberbia (la hi­bris), una insolencia duramente castigada por los dioses. Fue, asimismo, la base de la corriente apolínea de la religión ar­caica, con máximas délficas como “nada en exceso” y “conócete a ti mismo”.
Por contra, la corriente dionisíaca, inspirada por el cul­to libre y orgiástico al dios Dionisos, fomentó una unión mís­tica entre el hombre y dios, mediante ritos colectivos.
La religión griega aportó la idea de que el mundo no había sido creado por los dioses, que sólo habrían intervenido en su transformación. El mundo, que existía en forma de caos, se transformó sucesivamente hasta convertirse en orden (cosmos), como explica el poeta Hesíodo.
Dado que en la Grecia antigua no existió una clase sacer­dotal ni un cuerpo dogmático de doctrina, los filósofos y los poetas tuvieron libertad para elaborar sus propias creencias e interpretaciones, y, de este modo, al lado del culto oficial de la ciudad, con un ritual y unos cultos establecidos oficialmen­te, surgió una religiosidad personal que se interesaba por el sentido del mundo y del sufrimiento. Esta religiosidad griega incluso tendió al monoteísmo (en los casos de Esquilo, Píndaro, Eurípides, Pla­tón). En conjunto, manifestó un gran equilibrio de los diversos elementos que la constituían, hasta la época de Alejandro, cuando se evidenció una crisis política del modelo de la polis y también una crisis religiosa debido a la influencia de las religiones orientales y el desarrollo del racionalismo. Entonces, los sabios se separaron de los rituales tradicionales y se abocaron a aceptar las divinidades orientales o a desarrollar las doc­tri­nas monoteístas de ascendencia platónica, sobre todo el neo­platonismo elaborado por Plotino, tal vez el mayor contrincante intelec­tual del primer cristianismo.
En un sentido más específicamente ritual, la griega es una reli­gión mitológica, politeísta, con múlti­ples dio­ses para las dis­tintas tribus griegas de origen indoeuropeo por etnia y reli­gión pero con una unidad bási­ca por la fusión cul­tural y étni­ca y la existencia de los orá­culos de Delfos, Delos y Olim­pia, que do­minaban gran parte de las decisiones de colo­niza­ción, guerras, paces, etc., y reci­bían la visita y la ofrenda de los ciudada­nos. Los templos y los san­tuarios se be­neficiaron de una reli­giosidad entendida como com­petencia de los indivi­duos y los Estados para ganarse el favor de los dio­ses. Nunca hubo una casta sacer­dotal muy desarrolla­da, sino que los ciuda­danos más prestigiosos se tur­naban en los cargos, sal­vo algunas ex­cepcio­nes como las vestales y los augures.
Los dioses eran poderosos, benévolos y duros a un tiempo, con apariencia y cua­lidades humanas en sus virtu­des y vicios. Zeus y su esposa Hera eran los señores del Olim­po, donde estaban ro­dea­dos por los otros dioses. Zeus provoca­ba la lluvia, los ra­yos y truenos, mantenía el orden y la jus­ticia en el mundo. Atenea prote­gía a Atenas y a los artesanos, Poseidón a Co­rinto y a los navegantes, Apolo a la ju­ventud, Afro­dita al amor. Era una religión domina­da por los ritos y las fiestas alegres. La adivinación y los cultos mistéricos se ex­tendieron entre el pueblo llano. En Eleusis se celebraban los famosos cultos mis­téricos a Démeter, Dionisos y Orfeo. También creían en la exis­tencia de criaturas fantásticas: ninfas, sáti­ros, centauros, Gorgona, arpías, esfinges... todas ellas rela­cionadas con las fuerzas misteriosas de la naturaleza, y que se supo­nía que vi­vían en los bosques, en las proximidades de las fuentes y en las colinas.
En Olimpia se desarrollaron desde 776 aC a 393 dC los Juegos Olímpicos, cuatrie­nales, con un carácter tanto depor­tivo como re­ligioso (en honor de Zeus), verdade­ras fiestas panhelé­nicas, en las que se sus­pen­dían las guerras y que han sido el modelo para los actuales Juegos Olímpicos.


5. CULTURA.
Los griegos tenían una cultura común gracias sobre todo al idioma, el griego, una lengua indoeuropea, dividida en varios dialectos, con tres principales: jonio, dórico y áti­co, el último de los cuales, debido al influjo de Atenas, se convirtió en el dialecto de la literatura y la fi­losofía.
Su alfabeto se formó h. 750 aC casi al mismo tiempo que Homero compuso sus obras. Su origen es semita (a través del comercio fenicio): las palabras alfa, beta y gamma son los tér­minos semitas para buey, casa y camello.
5.1. LITERATURA.
La literatura griega nació con las cancio­nes. Las dos pri­meras obras son la Iliada y laOdisea, poemas épicos de Homero que marca­ron la cultura poética y la educación de los griegos du­rante siglos, y son una gran fuente histórica. Los primeros poemas épicos eran narraciones de acciones heroicas. Evolucio­nan a una literatura lírica y elegíaca, para dar paso a la poe­sía gnómica de contenido moral y a la gran poesía clásica, y finalmente a la prosa histórica de Tu­cidides y Heródo­to y a la filosó­fica de los presocráticos y Platón.
El tea­tro derivó de la poesía, con los géneros de la come­dia (humor, cotidianeidad, cos­tumbres popula­res) y la trage­dia (grandes asuntos humanos y religiosos) y grandes dramaturgos en las tragedias de Esquilo, So­focles y Eurípides, y en las comedias de Aristófanes y Menandro, que competían en los festi­vales sagra­dos.
5.2. FILOSOFÍA.
La filosofía, que se confunde al principio con el mito y la ciencia na­ció en Mileto (Asia Menor) a comienzos del siglo VI aC, como una forma de poesía que se interrogaba so­bre las grandes cues­tiones del hombre: la na­turaleza, el alma humana, el cono­cimiento... Se pasó pronto de las explicaciones míticas, con una imaginación acrítica, a las explicaciones raciona­les del logos, propias de la razón críti­ca. El pensa­miento racional aparece así en la hu­mani­dad. Sus grandes figu­ras son: Ta­les, Anaximan­dro, Anaxíme­nes, Heráclito, Parménides, Jenó­fa­nes, Demó­crito, Sócra­tes, Platón, Aristóte­les... La Academia platónica y el Liceo de Aristóteles fueron escuelas filosóficas de extraordinaria in­fluencia en la cultura de la Antigüedad y su influjo ha llegado a nosotros.
La doctrina de Platón (427-347), discípulo de Sócrates, se basa en el dualismo del mundo natural y el ideal. La materia es una copia imperfecta del mun­do eterno e inmutable de las ideas, presidido por la idea del bien. En la República planteó su teo­ría del Estado ideal, a la vez aristocrático y colectivista, regido por filó­sofos.
La doctrina de Aristóteles (384-322), discípulo de Platón y, a su vez, preceptor de Alejandro Magno, se basa en la dis­tinción entre materia y forma: la materia da realidad a cada ente individual, pero las formas son universales y pueden ser captadas mediante la abstracción, lo que hace posible el cono­cimiento científico.
5.3. CIENCIA.
Como derivación de la filosofía se desarrolló la ciencia, con el médico Hipócrates, los geógrafos Estrabón y Ptolomeo, los astróno­mos Hiparco y Ptolomeo (el mismo geógrafo anterior, autor de la teoría geocéntrica que sitúa a la Tierra como centro del Universo), la historia de Heródoto y Tucídides (Historia de la guerra del Peloponeso). También crecieron las ma­temáticas (Pitágoras, Eu­cli­des), la física (Arquímedes) y la biología (Aristóteles y Teofrasto).


6. ARTE.
El arte griego es un arte del hombre, medida de todas las cosas. La técnica es excelente, basada en la repetición de mo­delos, constantemente perfeccionados, que en arquitectura será el sistema arquitrabado (dicho también adintelado), con los tres órdenes clásicos del dórico, jónico y corintio. La belleza se basa en la pro­porción, armo­nía y sime­tría. Destacan los templos, los edifi­cios públicos de la admi­nistra­ción y la vida pública (teatros, buleute­rion, stoas, gim­na­sios, esta­dios), la es­cultura de temas humanos, la pintura (de la que nos quedan pocos restos) y la cerámica pintada. El arte griego evo­lucionó desde la rigidez del arte arcaico, hasta la perfec­ción ideal de la época clásica y culminó con el rea­lismo del periodo helenístico.


II. LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
INTRODUCCIÓN.
Roma, una pequeña ciudad del centro de la península itáli­ca, conquistó y dominó todas las tierras que rodean el mar Me­diterráneo, constituyendo un imperio de una extensión sin pre­cedentes, desde el desierto de Arabia y los montes del Cáuca­so hasta la península Ibérica, y desde el desierto africano hasta Brita­nia y los ríos Rin y Danubio. Roma dotó a toda esta diver­sidad de pueblos de un alto grado de unificación política, so­cial y cultural. A través de este proceso de roma­nización, es­tos te­rritorios se integraron, en mayor o menor grado, en un marco de civilización común. La historia de Roma arranca con la mítica fundación de la ciudad en el 753 aC y acaba con la caí­da del Imperio de Occidente en el 476 dC. La influencia de Roma so­brevivió a su poder político, dejando su huella incluso en al­gunos de los factores que provocaron su desintegración como el cris­tianismo y los pueblos germánicos.
En España, uno de los terri­torios donde dejaron más huella, los romanos nos legaron un extraordinario patrimonio arqueológico, el idioma (el caste­lla­no, el catalán y el gallego son lenguas procedentes del la­tín), la estructura urbanística (la mayoría de las ciudades se funda­ron entonces), el derecho e incluso la red de carreteras.
1. LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.
1.1. LOS ORIGENES DE ROMA: LA MONARQUÍA.
Los datos que conocemos sobre el origen de Roma están en­vueltos en la leyenda. La ciudad de Roma se fundó en el 753 aC y sus primeros habitantes fueron pastores y agricultores que habitaban las colinas de la orilla izquierda del río Tíber y que se confederaron en la liga de las Siete Colinas. Eran una tribu de italos, los latinos, a los que pronto se suma­rán los sabinos, estable­ciendo poco después una monarquía alternativa (el mito de Romulo y Remo), hasta que son conquistados por los etruscos en el siglo siguiente. Los etruscos marcaron con su in­fluen­cia el urbanismo, el arte, la sociedad y las ins­titu­cio­nes ro­manas. Los reyes etruscos, vita­licios pero no here­dita­rios, controlaban el ejérci­to, adminis­traban la jus­ticia y eran la máxima autoridad reli­giosa. Ampliaron el territorio, cons­truye­ron una sólida muralla (los llamados muros servianos), edificios de piedra, alcantarillado (Cloaca Máxima)...


Las siete colinas de la Roma Antigua.
1.2. LA REPÚBLICA.
Los abusos de la dominación extranjera de los reyes etrus­cos provocaron la su­ble­vación del pue­blo romano y la pro­cla­ma­ción de la República en el 509 aC, concediendo la supre­ma au­tori­dad al Senado, encarnación de la aristocracia.
Las instituciones republicanas.
En los siglos siguientes las ins­tituciones se fueron adaptando flexiblemente, a medida que el territorio y la pobla­ción aumen­taban y la sociedad se hacía más compleja.
El Senado es la institución básica del gobierno romano. El Senado fue variando en su composición y funciones, al principio casi totales. Generalmente lo componían 300 patricios, elegi­dos por cooptación.
Los magistrados principales eran los cónsules (dos, con poderes ejecu­tivos), los pretores (con poder judicial), los cuestores (con poder administrativo sobre la economía) y los censores (con po­der sobre el censo de ciudadanos y sobre las costumbres). El dictador asumía todos los poderes por tiempo de un año cuando las cir­cunstan­cias políticas eran muy peligrosas por invasio­nes o gue­rras.
Los plebeyos consiguieron entre los siglos IV y III aC plenos derechos políticos y civiles, entre ellos la elección del tribuno de la plebe (un magistrado que defendía sus intere­ses con el derecho de veto), una ley común para todos (la ley de las Doce Tablas), el acceso a las magistraturas y al consulado, la abolición de la esclavitud por deudas, y la legalización del matrimonio de los patricios y plebeyos.
La expansión.
El republicano es un periodo de gran expansión territorial: gracias a la fuerza del ejército popular integrado por legiones de sol­dados que eran pequeños propietarios con derechos políticos, una hábil diplomacia y la energía del núcleo dirigente, se con­quis­tan gradualmen­te Ita­lia, Macedonia y Gre­cia (que se con­vier­te en provincia tras la destrucción de Co­rinto en 146, mientras que Atenas es tomada en 86), la costa del Me­dite­rrá­neo Occi­den­tal con las vic­torias en las tres gue­rras púni­cas contra Car­ta­go (la primera en 264-241, la se­gunda, so­bre todo contra Aní­bal, en 218-201, la ter­cera en 146), la ciudad siciliana de Sira­cusa (212), la larga conquista de His­pa­nia (212-25), la Ga­lia con Julio Cé­sar h. 50, el Asia Menor en los dos si­glos siguien­tes al tra­tado de Apamea con Antioco III (188) y tras la victoria contra Mitrídates de Ponto, Siria (64) y Egip­to (31)... Pero no fue una conquis­ta continua, pues a menu­do pre­valecían ten­dencias aisla­cionis­tas, pues por ejemplo, el Senado acep­tó a regaña­dientes la donación de Pér­gamo por Atalo III en 133 e incluso rechazó la de Egipto por Ptolo­meo Ale­jandro I en 88, pero fi­nalmente triunfaron los intere­ses del par­tido expansio­nista compuesto por senadores y caba­lleros de actividades co­mercian­tes y financieras. En 44 aC, a la muerte de Julio Cé­sar, Roma controlaba el Mediterráneo, ya directamente o a tra­vés de su influencia en los gobernantes nativos. Sólo Partia (en el Irán actual) era un contrincante grande e independiente.
Como resultado un enorme botín en oro, pla­ta, bienes y es­cla­vos enri­queció a Ro­ma, con­ver­tida en el gran centro co­mer­cial y finan­ciero del Medite­rrá­neo.
En este proceso aumentó la diferenciación so­cial, con una cla­se senatorial poseedora de grandes latifundios, una clase media de caba­lleros dedicados a la acti­vi­dad comercial y finan­ciera, una amplia clase baja de campesi­nos, a menudo arruinados por las gue­rras y que entonces se di­ri­gían a la capi­tal para vivir del re­parto gra­tuito de ali­men­tos y, por último, una in­mensa masa de escla­vos, que eran la principal fuerza de trabajo en la ciudad.
Los esclavos no eran considerados personas sino cosas, propie­dades o mercancías, que no podían contraer matrimonio, aunque des­pués pudieron elegir compañera entre las esclavas y vivir en un régimen matrimonial llamado contubernium. Realizaban todo tipo de trabajos: doméstico, agrícola, artesanal... Los escla­vos que conseguían la libertad eran llamados libertos, y cons­tituyeron una gran parte de la amplia clase media.
La revolución social agraria de los hermanos Graco (133 y 121 aC), apoyada por los campesinos sin tierras, termi­nó en un san­griento fra­caso y abrió paso a las luchas ci­viles en­tre los principales generales del ejército (el nuevo sujeto político dominante) para con­seguir la pri­ma­cía po­lí­ti­ca. Los itálicos se convier­ten en ciu­dadanos roma­nos en 89 aC, tras la guerra itálica que hicieron para conseguir sus de­rechos. Las rebeliones de los esclavos, varias de las cuales estallaron en Sici­lia pero la más peligro­sa lo hizo en Italia, comandada por Es­partaco, fueron re­primi­das dura­mente.
La crisis republicana.
En el s. I aC la forma republicana de go­bierno entra en cri­sis, debido a que la gran extensión del dominio romano y la di­versidad de intereses sociales impedía un gobierno consensua­do como el republicano. Así aparecen los sucesivos triunviratos y las su­ce­sivas gue­rras civi­les entre Mario y Sila, Pompeyo y César, An­tonio y Octavio, desapa­reciendo en el -27, cuando Cé­sar Octa­vio es nom­brado Au­gusto por el Senado, iniciándose así el Imperio.
1.3. IMPERIO ROMANO.
Augusto.
El Imperio fue aceptado mal por la clase senatorial, pero fue muy apoyado por la clase de los caballeros y las masas po­pula­res, cansadas de la continua gue­rra civil y del caos polí­tico, y que aspiraban a subir en la escala social. Augusto reunió en su perso­na los cargos de emperador, cónsul, tribuno de la plebe, pontífice máxi­mo... Su poder se asentaba sobre el apoyo de la clase senatorial, los caballeros (equites) y el ejército (unos 300.000 soldados).
La nueva expansión.
La expansión de Roma durante el Imperio hasta el 117 (Tra­jano) fue rápida y enorme, hasta configurar uno de los mayores imperios de la Historia, asimilando muchos aspectos de las ci­vilizacio­nes sometidas o vecinas, en especial de los etruscos y de los griegos. El mundo clásico será la fu­sión de las civili­zaciones griega y romana, evolucio­nando a un modelo propio y original: Roma será el pilar de la cultura oc­cidental en el derecho, len­gua, artes...
Las ciudades eran la institución fundamental, con una gran autonomía real, con un derecho común que fue universal con la extensión de la ciudadanía romana con Caracalla en 212. El po­der del Senado fue declinando a medida que se afian­zó la supre­ma­cía del empe­rador. Los cargos públicos republicanos se mantu­vieron, aunque gene­ral­mente monopoliza­dos por el emperador y sus partidarios, con lo que los cargos de cónsul y senador se extendieron a los pro­vin­ciales.
La agricultura fue la principal fuente de riqueza: trigo, vid, olivo, frutales. El co­mercio de trigo, vino y aceite era muy importante en el abaste­cimiento de Roma, las ciudades y las guarniciones mi­litares. La minería se desarrolló en muchos lu­gares. La moneda de oro (áureo) y de plata (sestercio, dena­rio), permitió intercambios seguros. Las vías de comunicación (calzadas, puertos marítimos) unían todo el Imperio. El comer­cio puede estudiarse con los restos de cerá­mi­ca y vaji­llas, que se han en­con­trado hasta en China, donde se com­praba la seda. La mayor par­te de los pro­ductos pesa­dos se transportaba por mar y sólo los productos livianos por las vías terres­tres, que se dedicaban más al transporte de personas y ganado.
El régimen económico-laboral se basaba en la esclavitud, que entró en crisis durante el s. II, al acabarse las guerras fáciles de conquista. Al mismo tiempo comenzaron las epidemias, los cos­tos de las guerras fronterizas con los germanos y per­sas, la desorganización interior por las guerras civiles...
La evolución del Imperio.
El periodo de máximo auge del Imperio se dio con los Ju­lio-Clau­dios (-31 a 68, con Augusto, Ti­be­rio, Calígula, Clau­dio, Nerón), los Flavios (68-98, con Ves­pasiano, Tito, Domicia­no), los Antoninos (98 a 180, con Nerva, Trajano, Adriano, Pío An­tonino, Marco Aurelio). Estos protagonizaron la expansión a todos los confines (hasta el desierto del Sahara, el Eufrates, el Danubio y el Rin, el norte de Britania) y después de ellos no hubo más conquistas. Los Antoninos configuran el periodo de Oro de la civilización romana, con sus más altas cotas de ex­pansión exterior, paz, estabilidad y prosperidad interior.
1.4. LA CRISIS TARDORROMANA.
Las causas de la crisis se resumen en: posibilida­des tope del esclavismo, insuficiencia de la moneda, crisis de la ciu­dad, concentración latifundista, crisis religioso-cultu­ral.
Después de alcanzar su apogeo durante el s. II, el Imperio sufrió una lenta decadencia, desde Co­mo­do, con una su­ce­sión de empe­radores que conse­guían el poder gracias a su condición de generales del ejérci­to, iniciada con Septimio Severo y su di­nas­tía de los Severos (192-235) y segui­da por un periodo de anarquía militar (235-285), con algún empe­rador notable (Aure­lia­no), has­ta que Dio­cle­ciano con la tetrar­quía (un repar­to del imperio en cuatro partes, 285-312) y después Cons­tantino (312-337) res­ta­ble­cieron cier­ta solidez insti­tucio­nal. Constan­ti­no basó su dinas­tía en el apoyo del ejército y del cristia­nismo (313), que se con­vir­tió después en la re­ligión oficial. Su otra gran novedad fue el tras­lado de la capital a Constanti­nopla. Pero los gastos militares supusieron una terrible presión fis­cal, que agotó el Imperio. En este siglo se consolida la barba­rización del ejército: numero­sos germanos se alistan como mer­cenarios y pueblos ente­ros (co­mo los godos) pa­san la frontera y reciben tierras a cam­bio de servicio militar.
Había entonces una gran diferencia en el Imperio entre la parte occidental, menos rica y poblada, con la lengua latina, y la parte oriental, de­ lengua griega, que al final derivaron en la división del Impe­rio, que perdur­ó unido hasta el 395, cuando Teodosio lo re­parte entre sus hijos Arcadio (Oriente) y Honorio (Occiden­te), mien­tras los pueblos bárbaros de Germania invaden y asolan el Imperio de Occidente, has­ta la fecha crucial de 476 (de­sapari­ción del Impe­rio de Oc­ci­dente, al ser depuesto Rómulo Augustu­lo). La parte oriental mantuvo su prosperidad y unidad, posibi­litan­do el desarrollo del Im­perio bizantino y el breve periodo de reconstrucción del domi­nio mediterráneo con Justi­niano en el s. VI.


2. SOCIEDAD.
2.1. LA DIVISIÓN SOCIAL.
Es una sociedad muy estructurada, con fuertes diferencias. Fundamentalmente había tres clases sociales: los patricios, los plebeyos y los esclavos.
La clase social de los patricios se dividía en tres órde­nes: senatorial, ecuestre y decurional.
En la cúspide político-social está el orden senato­rial, de grandes propie­tarios agrícolas, cuyas quintas laboran muche­dum­bres de escla­vos. Dominan el Senado y de sus filas salen casi rodos los magistrados y emperadores.
Sigue el orden ecuestre de los equites (caballeros), que domi­nan las finan­zas públicas y el comercio.
El orden decurional está compuesto por la nobleza local de Italia y las provin­cias. La mayoría son medianos propietarios agrícolas.
Sigue la clase social de los plebeyos, dividida en numero­sos grupos por su riqueza, su actividad y su procedencia. El grupo más elevado es el de la amplia clase me­dia de me­dianos propietarios, comer­cian­tes, in­dustriales, funcionarios. Por debajo, está un amplio proletariado urbano, a menudo de­sem­plea­do, que vive de la beneficiencia pública, la artesanía y el co­mer­cio a pequeña escala. La mayor parte de la población es cam­pesina, con unas pequeñas tierras de propiedad privada. El gru­po de los libertos (esclavos manumitidos), se mueven entre los grupos anteriores, con una gran movilidad social.
Por último, la clase social de los esclavos, los parias de la sociedad, casi sin derechos, sometidos a una dura opresión, sin otra esperanza que la manumisión (por concesión o pago), la huida o la rebelión.
La condición de las mujeres era algo mejor que en la ci­vilización griega, pues gozaban de mayor libertad en la vida cotidiana, pero tampoco gozaban de derechos políticos y estaban tuteladas legalmente por un varón.
2.2. LAS CIUDADES.
La civilización romana creó un modelo de ordenación urba­na inspirado en las ciudades helenísticas y en la estructura del campamento militar romano. Se trataba de un recinto cuadra­do o rectangular protegido por una muralla. La ciudad se arti­culaba a partir de dos calles principales, eldecumanus (este-oeste) y el cardo (norte-sur), al final de las cuales se abrían puertas de acceso a la ciudad. Las vías secun­darias también se cruza­ban perpendicularmente, creando manzanas donde se edifica­ban las viviendas, sean domus (unifamiliares) o insulae (bloques de pisos). Las calles estaban bien pavimentadas y te­nían aceras. Existía una red de alcanta­rillado que recogía las aguas residuales. En el cruce de las calles principales se si­tuaba el centro económico y administra­tivo de la ciudad: el foro, que se trataba de un recinto en el que estaban situados los edificios públicos y religiosos más importantes de la ciu­dad: consejo y oficinas municipales, tribunales, templos, tien­das del mercado... Los lugares de recreo eran el anfiteatro, el circo, el teatro, las termas, las bibliotecas... Casi siempre había arcos de triunfo en homenaje a algún personaje o hecho importante. El abastecimiento de agua potable a las ciudades se hacía mediante acueductos. Las comunicaciones se aseguraban con puentes, calzadas, túneles y puertos.
Roma, sin embargo, la ciudad más gran­de del imperio, con más de un millón de habitantes en el siglo II, se había fundado como una ciudad irregular y nunca pudo estructurarse según este modelo regular, que se extendió por el Imperio, en un sinfín de ciudades, que marcaron la historia urbanística.



3. ECONOMÍA.
Es una economía agraria, pero dominada por las ciudades que actuaban como los centros de administración, mercado y producción artesanal.
La esclavitud aporta la mano de obra para los sectores más dinámicos, pero este sistema basado en la intensidad humana y no en la técnica se agotará cuando lo hagan las reservas de mano de obra es­cla­va, siempre menos productiva que la libre, al acabarse las grandes guerras de conquista.
La agricultura se basa en la triada mediterránea: trigo, vid y olivo, junto a la cebada, cáñamo, lino... Se difunden nuevos cultivos. Se desarrollan nuevas técnicas: barbecho de tres hojas, avanzado instrumental, rega­díos... Los esclavos trabajan los campos de los grandes propie­tarios, que arruinan a muchos pequeños propietarios. Finalmen­te, el sistema agrario entrará en crisis por su incapacidad de aumentar la productivi­dad y por la concentración de la propie­dad en latifundios, que eran cultivados no por esclavos sino por colonos, bajo duras condiciones de arrendamiento.
La minería se expande: canteras para los materiales de construcción; minas de oro, plata, hierro, cobre, estaño, plo­mo, mercurio. Hispania destaca por su riqueza minera. La mano de obra también era esclava.
La industria se diversifica en una artesanía de tipo fami­liar y una industria en serie con mano de obra esclava. Destaca la construcción, la textil, la salazón de pescado, la metalur­gia, la orfebrería, la cerámica, el papiro (Egipto).
El comercio es muy activo a lo largo del Mediterráneo, beneficiado por la unión política, la seguridad marítima y los puertos, las buenas calzadas. Destaca el comercio de trigo (con suministros de Á­frica, E­gipto, Sicilia), vino (Grecia), aceite (Hispania, África), pescado salado (salmuera), tejidos de lana y lino, es­clavos y ani­males exóti­cos, y el co­mercio con el Le­jano Oriente, a cam­bio de seda y especias, que empero fue una san­gría len­ta y con­tinua de plata y oro, lo que dificultó a largo plazo la economía mo­neta­ria. Plinio se quejaba en el s. I dC de que las importa­cio­nes de la India cos­taban a Roma 550 millones de ses­tercios cada año.
Se desarrollan las finanzas, gra­cias a la moneda estable del dena­rio de plata y el áureo de oro, y la intensa vida urbana.
Pero en época tardorromana la crisis financiera y fiscal hundió la economía, agobiando a las clases productoras con al­tos im­puestos. La moneda se devaluó, con emisiones de cobre y bajas de ley (el denario de plata, purísimo en el s. I, tenía sólo un 2% de plata h. 250). Las clases socia­les se con­solida­ron mediante nor­mas lega­les, que impe­dían la movilidad social. Las ciuda­des decaye­ron y la so­ciedad se rura­li­zó, en­trando en una deca­dencia irre­frena­ble. El Impe­rio Roma­no cayó no por las invasio­nes sino por sus proble­mas internos.


4. RELIGIÓN.
4.1. LA RELIGIÓN PAGANA.
La religión era fundamen­tal en la vida de Roma. Es una religión ritual, con sacerdotes de varias funcio­nes: pontífice, vestales, augures, arúspices, duumviros. Pero no es una clase sacerdotal separada de la sociedad civil y su importancia siem­pre fue menor.
La reli­gión tomó de Gre­cia los dioses (salvo los nombres), junto a infinidad de dioses locales y los propios emperadores diviniza­dos. La religión romana siem­pre acogió a los nuevos dioses, con un espíritu ecléctico y abierto, con los métodos de la evocatio y la interpretatio. Tenemos que espe­rar a la apari­ción de las religiones mono­teís­tas para encontrar un rechazo institucional a unas religio­nes que ponían en peligro las bases de la civili­zación romana.
Al princi­pio era animista, con una tri­nidad su­prema: Júpi­ter, Marte y Quiri­no, convertida por influencia etrusca en Jú­piter, Juno y Minerva, junto a deidades de lugares sagrados (numina) y del hogar.
Durante el Imperio se difundió el culto al emperador, que era el pon­tífice máximo de la religión oficial pero también en­carna­ción divina del Estado, y asimismo se expandieron los cultos de los misterios. Se dis­tin­gue un cul­to estatal pú­blico y un culto familiar pri­vado, con los manes de los antepasados, los pena­tes de las provisiones y los lares de los campos y hogares.
4.2. LA APARICIÓN DEL CRISTIANISMO.
A partir del siglo I dC se difundieron entre la socidad roma­na algunas religiones orientales, como el mitraísmo, maniqueísmo y judaísmo, que intentaban dar una res­puesta más espiritual y menso ritual a la incertidumbre de qué hay más allá de la muer­te y a la influencia del mal so­bre el hom­bre.
El cristianismo fue la religión oriental que más arraigó, sobre todo entre las clases bajas, dado que el Nuevo Testamento (la se­gunda parte de la Biblia) presentaba la pobreza como una virtud y aseguraba una vida mejor después de la muerte. Los apóstoles extendieron la nueva religión por to­dos los confines del Medi­terráneo ya en el siglo I, Pe­dro entre los medios judíos y Pablo entre los gentiles. Pero esta religión fue con­siderada un peligro para el Imperio (por­que no se reco­nocía la divinidad del empe­rador ni el poli­teís­mo que era esen­cial para el siste­ma), y algunos em­peradores decre­taron perse­cuciones sistemáti­cas para eliminarla (la primera con Nerón en 64 y más tarde Traja­no, Antonino Pio, Decio hasta llegar a Dio­cle­ciano. Sin embargo, las perse­cucio­nes fueron ineficaces. La Iglesia cris­tiana tenía cada vez más influencia social, so­bre todo en las ciudades, mientras que en las zonas rurales sólo tenía presencia en Asia.
El fin del paganismo llegó con la victoria del cristianis­mo en el s. IV. Los grandes momentos de esta victoria fueron el Edicto de Mi­lán (313) promulgado por Constantino, que garanti­zaba la libertad de culto cristiano después de tantas persecu­ciones que había sufrido; el Conci­lio de Nicea (325), que orga­nizó la Iglesia y unificó el culto y la doctrina contra el arrianismo y el Edicto de Tesa­lóni­ca (380) promulgado por Teo­dosio I, que prohibió el cul­to paga­no, declarando al cristia­nismo religión oficial y única del imperio. Se acabaron enton­ces los Jue­gos Olímpicos y se cerra­ronla Aca­demia y el Liceo de Ate­nas. En menos de un siglo el cristia­nismo había pasado de reli­gión oprimida a religión opresora.


5. CULTURA.
5.1. LITERATURA.
La literatura griega influyó decisivamente en los inicios de la literatura latina, con los autores teatrales Ennio, Plauto y Terencio.
El latín se convirtió en la lengua culta de Occidente, unificado mediante la educación, la administración y el comer­cio; mien­tras, el griego mantenía su prestigio en Oriente.
Historiadores como Julio César, Tito Livio y más tarde Tácito son maes­tros del latín. El poeta Cátulo da paso a la época clá­sica, en el imperio de Augusto, con gran­des poetas como Vir­gi­lio, Horacio y Ovidio. Destacan después los hispanos Séneca, Marcial, Quintiliano. Después viene una larga deca­dencia, salvo en los histo­riadores.
5.2. FILOSOFÍA.
La filosofía sigue las pautas de la filosofía helenística. Destacan las escuelas socrática (Cicerón), epicúrea (Lucrecio), estoica (Seneca) y neoplatónica (Plotino).
5.3. CIENCIA Y TECNOLOGÍA.
En ciencia se recogió la herencia griega pero se hicieron pocas innovaciones. En la medicina destaca Galeno.
Mayor es el avance tecnológico. Se desarrolló la ingenie­ría de construc­ción naval (barcos más grandes), el hor­migón mejoró la cons­truc­ción y los acueduc­tos el suministro de agua a las ciudades. La cerá­mica fue fa­bricada en serie. La minería se benefició de los nue­vos equipos de extracción de agua. La agri­cultura mejoró con el drenaje e irrigación de los terrenos, y la difusión de tratados agríco­las: Varrón, Colume­la. Muchas de estas novedades cayeron en desuso con la cri­sis fi­nal, pero pocas se perdieron defini­tiva­mente y la mayoría sobrevivieron a través de la Edad Media.
5.4. DERECHO.
El derecho romano fue una institución funda­mental para la uni­dad y la vida política y social de Roma. Las primeras leyes fue­ron las XII Tablas (451-449), que fueron la base del derecho civil entre los ciudadanos romanos. Se desa­rrolló hasta el Cor­pus Iuris de Justiniano en el s. VI. Las fuentes de la ley eran la costumbre, la jurisprudencia de los jurisconsultos, los edictos del Senado y del Emperador.
Se distingue el derecho público y el derecho privado. Una de las grandes conquistas de la civilización romana fue la pro­gresiva extensión del derecho de ciudadanía a toda la pobla­ción, vigente en 212 (edicto de Caracalla).


6. ARTE.
Es un arte que sigue el modelo griego, sobre todo el helenís­tico tardío, pero sin su ex­traordinaria creatividad estética.
Es un arte funcional, que busca ante todo la utilidad.
La escultura es realista, destacando en el retrato y el relieve. La ar­qui­tectura desta­ca por la variedad tipológica: templos, pala­cios, basílicas civiles, circos, anfi­teatros, teatros, bibliotecas, termas, acue­ductos, arcos triun­fales, columnas triunfales, mercados..., en los que se utiliza un sistema mixto que funde el arquitrabado y el abovedado (arco, bóveda, cúpula). La pintura, de la que apenas nos quedan unos restos en Pompeya, es fundamen­talmen­te decorati­va. El mosaico nos ofrece obras de extraordinaria calidad.
El arte romano, tras una época de auge en los s. I y II, entrará en una grave decadencia, hasta devenir en el arte pa­leocristiano.




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PROGRAMACIÓN.
LA CIVILIZACIÓN GRECOLATINA.
UBICACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo.
Bloque 4. Sociedades his­tóricas.
Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizacio­nes y Anti­güedad clá­sica.
En el apartado: - Sociedad, política, cultura y arte en el mundo clásico: Grecia y Roma.
Por su necesario carácter generalista, esta UD debe ser una visión general, sin entrar en detallismos excesivos.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con los temas de Edu­cación Moral y Cívica, Edu­cación para la Paz, Educación para la igualdad de los sexos.
TEMPORALIZACIÓN.
Nueve sesiones de una hora.
1ª Documental sobre Grecia, seguido de diálogo, como evalua­ción previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor. Cuestiones.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas y comenta­rios de tex­tos.
5ª Documental sobre Roma, seguido de diálogo, como evalua­ción previa. Exposición del profesor.
6ª Exposición del profesor. Cuestiones.
7ª Expo­sición del profesor. Cuestiones.
8ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas y comenta­rios de tex­tos.
9ª Examen escrito.
OBJETIVOS.
Conocer las civilizaciones griega y romana.
Sintetizar la evolución histórica de ambas civilizaciones.
Relacionar ambas civilizaciones entre sí y respecto a la nuestra.
Analizar aspectos sociales y culturales de la Antigüedad.
Valorar las civilizaciones antiguas.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Las civilizaciones griega y romana, en historia, sociedad, economía y arte, como un todo integrado.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas y mapas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Interés por las civilizaciones del pasado.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre la civilización griega y otro sobre la romana.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de dos pirámides sociales sobre las sociedades de Grecia y de Roma, explicación y comparación.
Realización de esquemas de los apartados.
Hacer un pequeño trabajo de indagación, con una síntesis escrita, sobre la romanización de las Baleares.
Comentarios de textos sobre las civilizaciones griega y romana, en especial los textos sobre la democracia ateniense, las guerras médicas y la guerra del Peloponeso, las guerras civi­les del s. I aC en Roma, el ascenso de Augusto y sobre la cri­sis socio-eco­nómica en el Imperio tardorroma­no, la esclavi­tud, la condición de la mujer...
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Maquetas de edificios importantes: Partenón, Coliseo...
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documentales: Atlas Culturales del Mundo. Ediciones del Pra­do. v. 3. Grecia, Roma y el fin del mundo antiguo. 50'.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre Grecia y Roma y la interrelación de los fenómenos políticos, económicos, sociales y culturales.
Exa­men propio, no incluido en el de otras UD, debido a su importancia intrínseca. Se harán breves cues­tiones, un comen­tario de texto general y el comentario de una diapositiva.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

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