martes, 11 de diciembre de 2012

Unidad 26. Orígenes y desarrollo del feudalismo. La economía señorial.

INTRODUCCIÓN.


1. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.

TEORÍA HISTORICISTA.
Un fenómeno germánico, político, jurídico y espiritual.
PIRENNE.
La ruptura medieval en el siglo IX.
LOS ANNALES.
La sociedad feudal de Bloch: el siglo X.
GANSHOF.
La interpretación político-jurídica: los siglos X-XII; la limitación a Europa Occidental.
MARXISMO.
Marx: el modo de producción feudal.
Samir Amin: el modo de producción “tributario”.
Melotti.
Anderson.
Parain.
Duby: el señorío. El siglo XI.
Bonnassie: feudalismo y señorío.
Fontana.
ÚLTIMOS ESTUDIOS.


2. ANTECEDENTES PRE-FEUDALES.
EL BAJO IMPERIO ROMANO.

La encomendación y el patrocinio.
LOS GERMANOS.
El “Gefolge” (vinculación personal).
HISPANIA PROTO-FEUDAL VISIGODA.


3. LA EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FEUDALES.
3.1. EL DESARROLLO FEUDAL EN LA DINASTÍA CARO­LINGIA.

Los primeros carolingios.

Carlomagno.
Vasallaje y beneficio.
La herencia del beneficio en el siglo IX.
3.2. DESARROLLO DEL FEUDALISMO “CLÁSI­CO” EN EUROPA.
FRANCIA.
INGLATERRA.
ALEMANIA.
ITALIA.
ESPAÑA.


4. LA ECONOMÍA FEUDAL.
Condiciones generales de la vida económica.
Actividades económicas en el me­dio ru­ral.
Los dominios señoriales.
Ciudades, población y comercio.


5. LA SOCIEDAD FEUDAL.
La búsqueda de cohesión y seguridad sociales.
El ordenamiento y la práctica jurídicos.
Población y grupos sociales en el me­dio ru­ral.
Ciudades, pobla­ción urbana y grupos sociales urbanos.
LA PIRÁMIDE SOCIAL.
El monarca.
Los nobles y hombres libres.
La Iglesia.
Los propietarios y hombres libres.
Los grupos campesinos: esclavos y colonos.


INTRODUCCIÓN.
En esta UD estudiamos el feudalismo en Europa Occiden­tal hacia los siglos X-XIII, sus antecedentes y el debate his­toriográfico sobre su naturaleza, y además la econo­mía feudal que le está asociada, siendo el feudalismo su aspecto político. Sustituimos el término de economía señorial por el de eco­nomía feudal, porque el pri­mero se limita a la economía de los señoríos territoriales y no comprendería al conjunto de la economía. Asimismo, abordamos la sociedad feudal. No estudiamos el feudalismo en otros ámbitos como Ja­pón o Turquía, o en otras épocas como la Edad Moderna en la Europa del Este.

1. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.
Hay consenso en que el feudalismo nació por dos causas: la ruralización de la so­ciedad europea occidental y la crisis del poder político. Todas las teorías confluyen en que el feudo es la pieza clave en la jerarquía de los dere­chos so­bre la tierra.
En un sentido amplio del término se entiende el feuda­lismo como el régimen político-so­cial de los países del Occi­dente europeo en los siglos X al XIII. Pero espacialmente el feuda­lismo ya se predica de sociedades muy distantes, en distintas épo­cas de Bi­zancio, India, Tur­quía, Rusia y Ja­pón, y cro­no­ló­gi­camente se acepta que un pro­tofeu­da­lis­mo ya exis­tió en el reino visi­godo en el siglo VII y en los rei­nos me­ro­vingio y caro­lin­gio en los si­glos VIII y IX.
Para algunos autores el feudalismo es la negación del Es­tado como ente público y, en cambio, es una forma política estructurada mediante rela­ciones de dere­cho privado. Pero para otros autores es una forma espe­cial del Esta­do, marcada por una divi­sión del poder del rey entre una cla­se aristocrá­tica que esta­ble­ció redes de depen­den­cia, mediante el vasallaje, en los terri­torios que goberna­ba. Es­tas re­laciones de de­pendencia tu­vieron su origen en el mun­do tar­dorro­mano y en la sociedad ger­má­nica.
TEORÍA HISTORICISTA.
Un fenómeno germánico, político, jurídico y espiritual.
La teoría historicista de los historiadores alemanes, sobre todo del siglo XIX, sostuvo que las inva­siones germánicas habían provocado una ruptu­ra to­tal en la so­ciedad tardorromana y que el feudalismo fue una aportación jurídico-política germánica. Sus estudios siguen una orientación historicista: la Edad Media es considerada la época fundacional de los Estados modernos y sus instituciones feuda­les la más acabada expresión del espíritu del pueblo, del Volkgeist. La economía tiene muy poca importancia en compara­ción con la política, el derecho, el espíritu y la religión.
PIRENNE.
La ruptura medieval en el siglo IX.
Henri Pirenne, en Mahoma y Carlo­magno (1927), planteó que la ruptu­ra con la Antigüedadsólo llegó en el siglo VII, cuando la ex­pan­sión islámi­ca cerró el comercio mediterráneo y, sobre to­do, cuando se de­rrum­bó el im­perio carolingio a finales del si­glo IX, debido a la presión exte­rior de normandos, hún­garos y musul­ma­nes y a los conflictos civiles por la sucesión, todo lo cual conllevó la división del imperio en varios reinos y la paralela desin­te­gra­ción del poder interior, repartido entre múltiples se­ñores que recibieron de los reyes con­cesio­nes hereditarias de beneficios de tierras. El feudalismo nació en­tonces.
Las relaciones vasalláticas implicaban unas obligaciones militares y económicas del vasallo hacia el señor, que a cambio aseguraba la protección militar y económica del vasallo. Esta relación se ritualizaba con una ceremonia de vasallaje y se materializaba en la entrega de un feudo territorial.
LOS ANNALES.
La sociedad feudal de Bloch: el siglo X.
La visión sociológica de la ‘Escuela de los Annales’ es que fue un fenó­meno sociológico o de psicología colectiva en una socie­dad en constante cambio. Marc Bloch sostiene que nació hacia 900, aunque otros miembros del grupo señalan otras fechas, como Georges Duby, que señala hacia el año 1000 y cuya tesis es más aceptada por la historiografía actual.
Calmette y Bloch prefieren el término “sociedad feu­dal” para explicar la sociedad medieval de los siglos X-XII, lo que les permitía reducir el uso del término “feudalis­mo” al conjun­to de insti­tu­ciones que crean y rigen obligaciones de obedien­cia y servicio.
GANSHOF.
La interpretación político-jurídica: los siglos X-XII; la limitación a Europa Occidental.
La posición político-jurídica de Ganshof (1957), heredera del his­toricismo pero más científica, caracteriza el feu­dalismo como un con­jun­to de institu­ciones que jerarquizan a los gru­pos domi­nan­tes mediante el va­sallaje, la encomendación y el benefi­cio. Así se configura una sociedad basada en:
- Unas relaciones de dependencia hombre-hombre.
- Una jerarquía de guerreros especializados.
- La fragmentación extrema del derecho de propiedad sobre la tierra y vinculación de esta a los hombres.
- El debilitamiento del poder central, con una pluralidad de instituciones y poderes autónomos.
Ganshof limita su ámbito espacial a los antiguos territorios del Imperio carolingio en Francia, Alemania, norte de Italia y la Marca Hispánica en el siglo IX, y posteriormente se expandió a Inglaterra y el reino normando en el sur de Italia. El centro de mayor implan­tación corresponde a la amplia zona entre el Loira y el Rin. La cro­nología se debería limitar a los siglos X-XII, aun­que en Alema­nia su auge se produjo en los siglos XIII-XIV.
Estas tesis han sido aceptadas ampliamente por la histo­riografía, aunque se han introducido grandes modificaciones, sobre todo en el aspecto económico.
MARXISMO.
La visión marxista de Marx y Engels a mediados del siglo XIX, y de sus seguido­res, plan­tea el feuda­lismo como un modo de pro­duc­ción y afronta los pro­blemas ter­minológicos, la rela­ción tierra-hom­bre y la relación superes­tructura político-jurí­dica e ideoló­gico-re­ligiosa. Es la co­rriente que más interpretaciones del feu­da­lismo ha aportado, dentro del debate de la evolución de los modos de producción.
Marx: el modo de producción feudal.
Karl Marx en La ideología alemana (1846) plantea el modo de producción feudal como el tercer estadio de los mo­dos de pro­ducción, entre el esclavista de la sociedad romana y el capita­lista de la Edad Moderna.
Llama modo de producción feudal o feudalismo al sis­tema de pro­ducción medieval constituido por la transferencia de ca­pital conseguida mediante el dominio de los aristócratas so­bre los vasallos.
El feudalismo parte de una infraestructura fundamen­tal­men­te rural, con el traba­jo agríco­la y la tierra como el bien capi­tal, que determinaría a su vez a la superes­tructura, constituida por la ideo­lo­gía y el derecho medieval difundidos por la Iglesia, la dis­tin­ción entre las tres cla­ses so­cia­les (los tres estamentos u órdenes), la pi­rámide social del poder monárqui­co y aris­to­crático, etc.
El feudalismo es, pues, un sistema rural:
“La tercera for­ma de propiedad es la feudal o la de los distintos estamen­tos. Si la Antigüe­dad surgió de la ciu­dad y de su pequeño te­rri­to­rio, la Edad Media nació en el campo. (...) Como la propiedad tribal y comunal, la feudal también se apun­tala en la comuni­dad; pero la clase directamente pro­ductora con que se en­frenta no son los esclavos de la Antigüedad, sino el pequeño campesi­nado sometido a la servidumbre. (...) La estructura jerárqui­ca de la propiedad territorial y el señorío militar que le acompa­ñaban die­ron a la nobleza un poder absoluto sobre los vasallos.”
En las ciuda­des, donde reaparece la oposición con el cam­po, se desarrolla la propiedad gremial, la organización feudal de los oficios, donde la propiedad con­siste en el trabajo de cada in­dividuo.
Tanto en el campo como en la ciudad las condiciones de producción eran muy estrechas: el cultivo de la tierra era muy primitivo y la industria era artesanal. A pesar de existir una fuerte división en estamentos, la división social del trabajo era muy rudimentaria, incluso en el momento culminante del feu­dalismo.
Samir Amin: el modo de producción “tributario”.
El economista egipcio Samir Amin aporta una visión no eu­rocéntrica sobre el feudalismo. EnEl desarrollo desigual (1973) lo incluye como una forma evolucionada, gracias a la privatización de la propiedad, dentro de un modo de producción “tributario”, común a sociedades europeas occidentales; asiáti­cas como China, India, Mesopotamia; africanas en Egipto; y amerin­dias en los incas y aztecas. Distingue entre formaciones tributa­rias “centra­les”, las más importantes, como China, que por su mismo éxito no evolucionarán, y “periféricas”, con el feu­dalismo europeo, que por su po­breza evolu­cionará más rápida­mente hacia el sistema capitalista. El “tributarismo”, como el ­feuda­lismo, no pro­cedería de la di­solu­ción del escla­vismo sino de la disolu­ción del modo de pro­duc­ción comunitario.
Para Amin el modo de producción “tributario” y el feuda­lismo se caracterizaría por:
- La extracción del plusproducto por medios no económicos. Es la explotación señorial basada en la fuerza y no en la pro­piedad sobre la tierra.
- El predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. La producción se destina al consumo, no al intercambio.
- El predominio de la superestructura sobre la estructura. La ideología (el cristianismo en Occidente) domina sobre la base económica.
- La apariencia de estabilidad histórica. El inmovilismo es consustancial al predominio del valor de uso, pero no es total, pues siguieron realizándose progresos, que prepararon el paso a un nuevo estadio, el capitalista.
En otra obra, Clases y naciones (1979), Amin modi­fica su posi­ción, y en vez de considerar el feudalismo una forma evolu­cionada del modo de producción tributario, lo presenta como una forma pri­mitiva, derivada de las formas comunitarias de las tribus bár­baras, del modo tributario. Su especificidad sería el “carácter débil y descentralizado del poder político”, añadien­do a las características anteriores dos más:
- La organización de la producción en el marco del domi­nio, implicando la renta del trabajo.
- El ejercicio por parte del señor de prerrogativas polí­ticas y jurisdiccionales que implican la descentralización po­lítica.
Melotti.
Umberto Melotti, en Marx y el Tercer Mundo (1974), presen­ta otro esquema marxista de la evolución de los modos de producción. Coincide en una evo­lución desde el modo de pro­ducción de la comunidad primitiva y explica el feudalismo euro­peo como el resultado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y las formas bárbaras de producción, sucedida en la época de las invasiones bárbaras.
Anderson.
Perry Anderson, en Transiciones de la Antigüedad al feuda­lismo (1979), también explica el feudalismo euro­peo como resul­tado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y de cultura urbana del Imperio romano y las formas bárbaras de pro­ducción, en el mo­mento de las in­vasiones bárbaras. Pero esta­blece que esta síntesis fue desigual, resultando una triple tipología: una re­gión central de síntesis equilibrada, una de dominio romano y otra de dominio bárbaro.
“La región central del feudalismo europeo fue aquella en la que tuvo lugar una “síntesis equilibrada” de elementos roma­nos y germánicos, esen­cialmente el norte de Francia y sus zonas limítrofes, esto es, el corazón del imperio carolingio. Al sur de esta zona, en Provenza, Italia y España la disolución y re­combinación de los modos de producción de los modos de pro­duc­ción bárbaro y antiguo, tuvo lugar bajo el legado dominante de la Antigüe­dad. Al norte y al este, en Alemania, Escandinavia e Inglaterra, donde el dominio romano nunca había llegado o sólo había echado pequeñas raíces, se produjo, por el contrario, una lenta transición hacia el feudalismo bajo el predominio indíge­na de la herencia bárbara.”[1]
Pero en la Europa oriental, al este del Elba, el feudalis­mo no se implantó mediante una síntesis, sino que derivó directamente de la disolución de las comunidades primitivas eslavas, median­te el impacto de las sucesivas invasiones nómadas desde los hunos del siglo V a los mongoles del siglo XIII, la diferenciación social y la estratifi­ca­ción política, con una clase terrateniente militar que dominó la sociedad mediante la propiedad o control de la tierra, gracias a la extensión de la servidumbre desde el siglo XII, y el monopolio de las fuerza militar.
Parain.
Charles Parain ha resumido muy bien el estado actual de la cuestión sobre la transición de la Antigüedad al feudalismo, como un doble proceso, de disolución de la esclavitud antigua, ya evidente en la sociedad tardorromana, y de subordinación de unos campesinos libres, propietarios de sus tierras, a unos señores determinados. Este proceso duró cuatro siglos, desde inicios del siglo XI a principios del siglo XIV.[2]
La nobleza surgió mediante un lento proceso de dominio más o menos indirecto sobre la tierra:
“miembros de séquitos armados que se agrupaban en torno a los jefes germánicos, indígenas romanizados que habían propor­cionado los cuadros de la administración, favoritos de los re­yes bárbaros que recibían de ellos domi­nios arrancados de las tierras del Estado. Se adivina cuán diferentes combi­naciones se llevaron a cabo entre los vínculos personales (de tipo domésti­co, militar o religioso) y la propiedad agraria (concedida por el protector a título de “beneficio” u ofrecida por el protegi­do a título de “bien preca­rio”). Pero todas estas combinaciones convergían hacia una misma estructura final de la propiedad: propiedad honorífica, pero no efectiva, de los perso­najes más poderosos sobre inmensos dominios, y propiedad más directa -pero no absoluta porque estaba condicionada a servicios y jura­mentos- entre las manos de señores pequeños y medios. Esta je­rarquía de derechos sobre la tierra iba a imponerse poco a poco hasta la base, es decir, hasta el nivel de los campesinos cul­tivadores que, a su vez, no gozaban más que de una posesión más o menos precaria del suelo.”[3]
El proceso de servidumbre de los campesinos libres siguió también una vía implacable:
“las incesantes guerras -guerras intestinas, guerras de conquista- arruinaron con bastante rapidez al nuevo campesinado libre, bien porque sus bienes fueron confiscados o fueron pe­riódicamente devastados y asolados, o bien porque el servicio militar exigido a los hombres libres era excesiva­mente pesado para permitirles conciliarlo con la explotación de sus campos. Como el poder real era demasiado débil para protegerlos, los campesinos arruinados de este modo se vieron obligados a colo­carse bajo la protección o de la nueva nobleza o de la Iglesia, transfiriendo (como habían comenzado ya a hacer los campesinos del Bajo Imperio) la propiedad de sus tierras a sus protecto­res. El estatuto del campesino libre, incluso aun cuando se conti­nuara diferenciando el derecho de los hombres de origen libre del derecho de los hombres de origen esclavo, tendió de esta forma hacia un estatuto de “servidumbre”, en el que todo campesino (aunque dispusiera de instrumentos de trabajo y del usufructo de una explotación) se hallaba, sin embargo, vincula­do a un propietario eminente -el “señor”- por todo tipo de com­promi­sos personales y tributos.”[4]
Duby: el señorío. El siglo XI.
Georges Duby, un medievalista formado en la me­todología marxista y en el grupo de los “Annales”, data la aparición del feudalismo hacia el año 1000, como consecuencia de la de­sintegración del Estado caro­lin­gio. Pre­fiere el térmi­no de modo de producción seño­rial (basado en el poder de domi­nación del señor), para significar que hubo prime­ro un cam­bio polí­tico (supe­res­truc­tu­ral), seguido por un cambio econó­mi­co (in­fraes­truc­tu­ral).
Antes del año 1000 el sis­tema de ex­plo­ta­ción de los tra­ba­jado­res, de ex­trac­ción de plus­traba­jo, se ba­saba fundamen­tal­mente en unas bases territo­ria­les, la po­se­sión de un capital inmóvil, lagran ha­cienda: los explota­do­res eran los grandes propieta­rios.
Desde el año 1000 aproxi­ma­damen­te este sistema de explo­ta­ción fue sustituido por un sistema mucho más eficaz, mucho más duro y alienante, basado en el se­ñorío: el poder de un hom­bre que pue­de obligar a todos los ha­bitantes (que no sean sa­cerdo­tes y guerreros) de un territo­rio, que pue­de juzgarles, arreba­tarles lo que ganan, lo que ahorran, porque está investi­do de un poder público, que no ema­na de la posesión de un bien, sino del ban o poder político de coacción señorial. El señor ocupa el lugar del rey y es considerado una espe­cie de delegado de la au­toridad divina. Así pues sucede primero un cambio político que afecta luego a lo económico, pues el seño­río es también un or­ga­nis­mo econó­mi­co, que trastoca las rela­ciones de produc­ción y las poner al servicio de su poder.
En este sentido, Duby interpreta que los grandes Estados monárquicos (Francia en particular) se formaron por la integra­ción de los principados, esto es, los Estados señoria­les (Bor­goña, Anjou, Normandía, Champaña, Provenza...) nacidos en los siglo X-XII. Los señores regionales (príncipes, duques, condes), que a su vez dominaban a otros señores de ámbito más lo­cal (ba­rones, caballeros), ha­bían formado sus Es­tados seño­riales (unas auténticas naciones regionales) gracias a su gran fuer­za militar duran­te el periodo de inquietud marcado por las in­vasiones de nor­man­dos, húngaros y musulmanes al tiem­po que se deshacía y desmembraba el impe­rio carolingio. Alcanzaron el poder políti­co, militar, ju­dicial... Pero les faltaba el poder sagra­do, la le­gitimación divina que poseían los reyes ungidos por los obis­pos. Este po­der ideológi­camente supe­rior expli­ca que en el siglo XIII la monar­quía francesa, como otras europeas de su época, se situó de­fini­tiva­mente en la cima de la pirámi­de feudal y dominó a los Estados señoriales de la periferia, integrándolos en una monar­quía na­cional.[5]
Bonnassie: feudalismo y señorío.
Pierre Bonnassie describe el sistema feudal uniendo los conceptos de feudalismo y señorío, superando así su dicotomía:
“un régimen que se funda en la confiscación, frecuentemen­te brutal, de los beneficios (del sobreproducto) del trabajo campesino, y que asegura por un sistema más o menos complejo de redes de dependencia (vasallaje) y de gratificaciones (feudos), la redistribución en el seno de la clase dominan­te.”[6]
Fontana.
Josep Fontana, un marxista radical, epistemólogo e his­to­riador contem­poráneo español[7], sin ser un especialis­ta medieval, cri­ti­ca a los historiadores burgueses que han con­siderado como ca­rácter esencial del feudalismo la coerción po­lítica (extraeco­nómica) en la obtención del excedente campesi­no, que contrasta­ría con la capitalista, en que dicha obtención es contractual y libre. Estos historiadores ignorarían que en la sociedad capi­ta­lista también hay una coerción, aunque ideológica. Así, el feudalismo, con su estructura de los tres órdenes sociales, obtendría el excedente por una mezcla de coacción y consenti­miento (por ejemplo el diezmo eclesiástico, entregado por el campesino porque cree que a cambio recibe unos servicios espi­rituales y de asistencia social), con lo que las relaciones señoriales serían en defini­tiva relaciones económicas más que po­líticas.
ÚLTIMOS ESTUDIOS.
Últimamente los numerosos estudios sobre el tema, con una metodología ecléctica, arqueología medieval, hallazgo de docu­mentos, métodos estadísticos e informática, han con­soli­dado las tesis de una etapa previa de pro­tofeuda­lismo en la Alta Edad Media, de que se formó jurídicamente ya en la época carolingia y de que fue un proceso desigual en los di­versos países y épo­cas, con su cenit en la Europa Occidental de los siglos XI-XII.


2. ANTECEDENTES PRE-FEUDALES.
El origen de las relaciones vasalláticas lo encontramos en dos modelos: la sociedad tardorromana y la germá­ni­ca, y también pode­mos examinar un modelo proto-feudal en la Españavisigoda.
EL BAJO IMPERIO ROMANO.
En la primera mitad del siglo V creció la insegu­ridad en el Bajo Imperio Romano de Occidente, con las invasio­nes bár­ba­ras, las usurpaciones imperiales y las guerras civi­les, y el aumento de la presión fiscal sobre los colonos. Los prohombres más po­derosos de la clase senatorial acapararon la propiedad de la tierra y la administración provincial, mediante las institu­cio­nes de la encomendación y del patrocinio.
La encomendación y el patrocinio.
La encomendación era la relación entre el campesino y el pode­roso. El poderoso recibía la propie­dad de la tierra a cam­bio de protección fiscal y man­tener al campesino en la tie­rra, quedan­do ligado a ella.
El patrocinio era la relación entre el poderoso y una clientela armada (comitatus), que le daba servicio militar a cambio de tierras. El poderoso podía así proteger la “villa” del Imperio y de los invasores, así como evitar los impuestos.
Esta relación de patrocinio fue extendiendo en la sociedad una clase de hombres libres en situación de dependencia.
LOS GERMANOS.
El “Gefolge” (vinculación personal).
Por su parte, los pueblos invasores germá­ni­cos habían de­sarro­llado unas formas sociales similares, con el “ge­folge”, que era un grupo de guerreros vinculados personal­mente a un jefe mili­tar y entre ellos con lazos de fraternidad.
Al formarse en los siglos V y VI los primeros reinos bár­baros se fundieron las instituciones del comitatus y del gefol­ge, con hombres armados al servicio del rey, que recibían el nombre devassus (vasallus) o antustriones (según la fórmula de Marcul­fo).
HISPANIA PROTO-FEUDAL VISIGODA.
La llegada masiva a la Península de los visigodos se pro­du­jo en 507, tras la derrota de Vouillé ante los francos de Clodoveo, y no alteró la estruc­tu­ra tardorromana de la villa rural como unidad económica. La villa estaba organizada en tres partes:
- Pequeños cotos o “sortes” explotados por sus propieta­rios en una relación de patrocinio.
- Pequeños cotos explotados por tenencieros sin propiedad y en encomienda con el señor.
- La reserva explotada por esclavos, unidos a la tierra de por vida, aunque podían poseer bienes.
El señor tenía un ejército privado formado por sus patro­cinados, pues el patrocinio incluía la prestación del servicio armado, y además por guerreros profesionales (saiones), algunos de los cuales (bucelarios) se unían por un juramento de fideli­dad a cambio de un beneficio. El gefolgehabía evolucionado mediante el contrato del patrocinio y la fe cristiana (fi­des), pero se mantenía la estructura militar de la monarquía y la importancia del juramento de fidelidad de los súbditos al rey y viceversa.
Con el rey Sisenando (631) se terminó la evo­lución de la mo­narquía militar a una monarquía cristiana, en la que la sobe­ra­nía es una delegación de Dios, por lo que la no­bleza debe hacer un juramento cristianizado de fidelidad al rey y el rei­no, y se establece una jerarquía vasallática. En esta situación la nobleza religiosa y militar ganó poder y los monarcas tuvie­ron que reconocer en 636 el carácter patrimonial de los benefi­cios que habían concedido (lo que el franco Carlos el Calvo hizo en 877). La concentración de los cargos militares y civiles en las mismas personas, promovida por los reyes para consolidar su autoridad, tuvo un efecto contrario al deseado pues la nobleza provincial (duces) aumentó su poder territorial y su autoridad hasta ser virtualmente indepen­diente del rey, lo que expli­ca la debilidad del reino ante la invasión islámica del 711.
El hundimiento del reino visigodo ha sido interpretado como la crisis de un sistema protofeudal carente de una cúspide aceptada por el resto del sistema.


3. LA EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FEUDALES.
EL PRECEDENTE MEROVINGIO.
El proceso de jerarquización y sumisión se produjo igual­mente en la sociedad franca durante la dinastía merovingia y luego en la carolingia. Las instituciones del vasallaje y el beneficio eran conocidas pero al principio eran independientes, pues los reyes merovingios no solían con­ceder be­neficios a los vasallos, con lo que los reyes mantuvie­ron un fuerte poder te­rrito­rial que explica su gran poder eco­nómico y militar al ser­vicio de la expansión en la época de Carlomagno.
Con sede en Francia, entonces entre el Loira y el Rin, en la que se habían concen­tra­do la mayoría de los germanos fran­cos, el reino merovingio se debilitó por las guerras civi­les desde el final del siglo VII.
3.1. EL DESARROLLO FEUDAL EN LA DINASTÍA CARO­LINGIA.
Los primeros carolingios.
La decadencia franca se frenó con la llegada al poder de los mayor­domos de palacio, todavía al servicio de los merovin­gios, Pipino II y su hijo Carlos Martel (716-741), que, como sus su­cesores, ya reyes, Carlomán I y Pi­pino III (751-768), sometie­ron las rebe­liones y ven­cie­ron a los principales ene­migos ex­te­rio­res: los musulmanes, los sajones y los lombardos.
Los primeros carolingios crearon un ejér­cito de vasa­llos con bene­fi­cios vi­ta­li­cios de tie­rras para pagar sus equi­pos milita­res y manuten­ción. Se formó una clase social de carácter mili­tar y con tie­rras, vin­culada al rey por una relación de depen­dencia, ahora prestigio­sa.
Carlomagno.
Carlomagno (768-814) completó la labor de sus predecesores. Subió al trono en 768 y comenzó de inmediato una vigorosa ex­pansión ex­terior. Fueron dominados los lombardos (774), alama­nes, burgun­dios, sajones en una larga guerra (772-804), fri­sones, aqui­tanos y bávaros. Mientras, eran derrota­dos los enemi­gos exteriores breto­nes, vascos y gascones, ávaros, musulmanes (se creó la Marca Hispánica has­ta el Ebro), y se impuso tributo a otros pueblos vecinos (croatas, eslovenos). El Imperio fue proclamado en 800. Era la “res­tauratio” del Imperio Romano, en unos límites más sostenibles.

Imperio de Carlomagno.


Vasallaje y beneficio.
Carlomagno estableció una alianza con la aristocracia te­rrito­rial, mediante el vasallaje y el beneficio. Los servicios militares en la expansión del reino eran recompensados con nue­vos beneficios en un círcu­lo que llegaría a agotarse con los años al no haber más tierras para repartir y pararse las con­quistas. Al mismo tiempo los pequeños y medianos propietarios de tierras fueron colocados bajo el vasallaje de los grandes, como un medio eficaz de extender la autoridad real sobre toda la población del reino, lo que sería nefasto a largo plazo.
Las villas rurales se convirtie­ron en centros de grandes lati­fundios, divididos en mansos pa­ra una familia de una su­perficie de 10 a 18 hectáreas, que se repar­tían entre vasallos guerre­ros de modo que un vasallo con 12 mansos se obli­gaba a mantener un caba­llero armado. Los vasallos tenían una media de 30 mansos y po­dían llegar a tener cien o más mansos. Otros beneficios eran las dignidades eclesiásticas.
La herencia del beneficio en el siglo IX.
Con Luis el Piadoso (814-840) el sistema continuó, pero si Carlomagno había conce­di­do estos beneficios en usufruc­to, la costumbre hizo que los he­rederos de los vasallos renova­ran sus vínculos y sus benefi­cios con lo que estos se convir­tieron de facto en propiedades, que aumentaban con la presión sobre los propietarios para que se convirtieran en pa­trocinados a cambio de ceder la propie­dad, lo que se reconoció en la Ca­pitular de Mer­sen (847).
El vasallaje se transformó en un medio de obtener un be­ne­ficio y la tierra se fue desligando de la autoridad real, hasta que Carlos el Calvo tuvo que reconocer en la asamblea del reino en Quierzy-sur-Oise (877) el carácter patri­monial y here­ditario de los bene­fi­cios que se habían con­cedido. Fue el fin jurídico del poder real y el nacimiento del feuda­lismo, aunque el siste­ma tardaría más de un siglo en consolidarse.
3.2. DESARROLLO DEL FEUDALISMO “CLÁSI­CO” EN EUROPA.
El desarrollo del feudalismo “clásico” europeo, en los siglos XI-XII, se centra en una zona bastante limitada del norte de Francia y Bélgica, de la que se extiende como modelo bastante diversifi­cado a otros ámbitos del continente.
FRANCIA.
Francia fue el lugar central y el modelo del feudalis­mo, desde su desarrollo con los monarcas carolingios, con el vasa­llaje y la concesión de beneficios.
El beneficio (una donación de tierras a los fieles) pri­mero se concedió a cambio de servicios armados, luego se asoció al vasallaje y terminó por ser hereditario, hasta desa­parecer en el siglo XI para dar lugar al feudo.
La pérdida de po­der de la au­toridad real permitió la inde­pendencia de facto de numero­sos señores en la periferia del reino, que alcanzaron la heren­cia directa de sus feudos para sus herederos, promoviendo lu­chas civiles, lo que junto a las invasiones normandas, húnga­ras y musul­manas, facilitó la desin­tegración del poder en favor de los señores que dominaban los castillos, con control sobre la tierra y la población rural, sobre todo en el norte de Fran­cia. En el sur de Francia el feu­dalismo se desarrolló menos, con más proporción de tie­rras pro­piedad de los campesinos.
Desde finales del siglo XI los reyes Capetos, empero, fueron aumentando su poder real, mediante la legitimación de la coro­na, sometiendo a cierto control a los grandes nobles.
INGLATERRA.
En Inglaterra, después de la victoria de Guillermo I en 1066 los conquis­tadores normandos sojuzgaron a la población anglosajona, impo­niendo un feudalismo de origen francés, con relaciones vasallá­ticas de lealtad directa al monarca, donante de toda la tierra y por tanto con un poder inmenso, comparado con el rey francés.
ALEMANIA.
En Alemania el feudalismo fue muy original, en una tierra recién con­quistada, sin pervivencia romana, con una sociedad germánica comunal. Los condes dominaban territorios extensos y poco po­blados. El campesinado era libre y elegía tribunales locales, mientras la nobleza de clanes no tenía vasallaje.
La amenaza húngara promovió el poder de la dinastía sajona de los Otóni­das, que renovaron la estructura política carolin­gia y se basa­ron en los feudos eclesiásticos, que eran temporales en contras­te con los nobiliarios hereditarios.
El feuda­lismo sólo llegó real­mente en el siglo XII y su auge se hizo esperar hasta los si­glos XIII y XIV, con la debilita­ción del emperador y la expansión hacia el Este.
ITALIA.
En Italia perviven las tradiciones clásicas, con una vida urbana puesto que el poder de la Iglesia mantiene todavía vivas las ciudades. La so­ciedad ru­ral es heterogénea: feudos al Norte, campesinos li­bres, te­rra­te­nientes urbanos, latifundios de esclavos al Sur. En el sur (Ná­poles y Sicilia) los normandos establecieron en los siglos XI y XII un mo­delo similar al francés.
ESPAÑA.
En España ya hemos visto que hay un protofeudalismo duran­te la fase final del reino visigodo de Toledo. Tras la conquis­ta islámica, este precario sistema es destruido.
En España cabe distinguir entre Cataluña, que siguió el modelo francés, y el resto de los reinos hispánicos, en los que el feudalismo adoptó unas modalidades muy distintas.
Con la formación de los reinos cristianos y la Recon­quista el feudalismo toma unas ca­racterísticas pro­pias, con campesinos libres en las fronteras que se mueven pau­latina­mente hacia el Sur, con garantías lega­les registradas en los fueros, así que el feuda­lismo sólo llegó en los siglos XII-XIII y limi­tado a la Meseta y Andalucía. Así, en Castilla-León el beneficio no estu­vo unido al va­sallaje y nunca fue here­ditario: se concedía a cambio de unos servicios; en el siglo XIII desapareció, sustituido por la here­dad. En Navarra y Aragón se concedía a cambio de servicios ar­mados.
La ex­cepción es Ca­taluña, que imita el mode­lo carolingio ya desde el siglo X, con las instituciones del beneficio y del conda­do, con un cam­pesi­nado muy explotado por una comple­ja or­ganiza­ción seño­rial.

Europa en el siglo XI.


4. LA ECONOMÍA FEUDAL.
Condiciones generales de la vida económica.
Los siglos VI a X fueron de estancamiento económico. Se modi­ficó el espa­cio económico al expansionarse hacia el centro de Europa y al aparecer el Islam. La miseria era general debido a la catástro­fe de las estructuras políticas y económicas del Imperio (im­puestos, moneda, seguridad, comercio, precios), de­viniendo en una “economía natural” de intercambio hasta que el feudalismo asentó unas nue­vas bases para el desarrollo.
En el siglo XI comenzó un resurgir económico, con el asenta­miento político de las monarquías feudales, el rechazo de las invasiones exteriores, el lento resurgir del comercio y de las ciudades, el aumento de la población, etc. Así, la población de la Europa feudal pasó de 20 millones de habitantes en 600 a 70 millones en 1300.
Actividades económicas en el me­dio ru­ral.
Era un mundo del bosque, de espa­cios rurales recupera­dos por la naturaleza. El clima evolucionó a una mayor aridez. Las cos­tum­bres alimentarias de los germanos (caza, pesca, gana­do, re­co­lección) se mezclaron con las medite­rráneas (pan, vino, acei­te). No se perdieron las técnicas agrí­colas (rotación de culti­vos, herramientas de hierro, molino de agua). Los cereales eran la base de la alimentación; la vid y el olivo se expandie­ron, como la ganadería.
Un factor esencial para comprender el mundo agrario y la socie­dad en la Edad Media es lamejora de la téc­nica agríco­la: la sustitución del arado ligero de ruedas, que sólo abre la capa superficial, por el pesado, con un cuchilla frontal que abría profundamente la tierra y unas orejeras de hierro que la remueven; la tracción de animales de tiro (caballos y mulas más rápidos) mediante colleras; la difusión de nuevos cultivos y de los regadíos, etc. Todas estas mejoras explican el aumento (aunque lento, como su misma difusión) de la producción alimen­taria, lo que llevará al aumento demográfico y la vida urbana.
Propiedad, explotación de la tierra y estructura so­cial.
Hay una tendencia a la expansión de la gran propiedad, cada vez más en ma­nos de la aristocracia regional. En cambio, la propiedad real menguó cuando los reyes per­dieron su poder poco a poco. También la Iglesia acaparó grandes propieda­des rurales lo que provocó que Carlos Martel rea­lizase la primera gran seculariza­ción para limitar el fenóme­no.
Lo im­portante era la pro­ducción y no la propiedad de la tierra, pues casi no había moneda para pagar los servicios y, para la monarquía, el único instrumento de pagos importantes era la misma tierra. Carlos Martel y Carlo­magno pagaron sus guerras de este modo.
Los dominios señoriales.
Los dominios señoriales se dividían en tres partes:
- Terra indominicata (propiedad del señor): trabajadas por esclavos y también por colo­nos en ciertas épocas, lo que per­mitía compensar el bajo rendimiento de los esclavos y afrontar las puntas de trabajo durante la siembra y la cosecha.
- Mansos de los colonos arrendatarios libres. Pagaban en especie y en servicios.
- Prados y bosque de aprovechamiento común.
El comercio y las actividades urbanas.
El comercio urbano era muy pequeño, dada la escasa dimen­sión de su población pero el comercio internacional mantuvo cierto nivel pese a todo, en especial en el Medi­terráneo (con Bizan­cio) y el Mar del Nor­te. La pro­duc­ción arte­sa­nal se rura­liza. La moneda decae, por la falta de poder esta­tal, subsis­tiendo sólo la de oro has­ta el siglo VII.


5. LA SOCIEDAD FEUDAL.
La búsqueda de cohesión y seguridad sociales.
El pro­blema era cómo crear un conjunto social coherente, con garantías de seguridad para los habitantes.
- La fusión social. Se fundieron poblaciones heterogé­neas, con una profunda aculturación (cre­ciente a mayor número de ger­manos). Las aristocracias romana y germana se fun­dieron con facilidad salvo en África, Italia y Bretaña. En el campo fue muy fácil, debido a la ruralización de la sociedad; más difícil fue en la ciudad.
- Fa­mi­lia y clientela. Al decaer la seguri­dad garantizada por el Estado los individuos la busca­ron en la familia en la que el ma­trimonio será una contraprestación (una familia cede una mujer a cambio de otra), y la clientela como base de los vínculos de poder.
El ordenamiento y la práctica jurídicos.
Al principio hay una osci­la­ción entre los principios jurí­dicos de na­cionali­dad (germano) y te­rritoriali­dad (romano), el derecho de origen colectivo (germano) y el de origen real (ro­mano). Se ponen por escrito las principales fuentes del dere­cho: Código de Eurico, Brevia­rio de Alarico y elLiber Iudicio­rum en Hispa­nia.
En la época feudal aparece ya un derecho común a germanos y romanos, que se han fusionado. La influencia del derecho ro­mano, desde los centros italianos, permite hacer las primeras recopilaciones legislativas, al principio pobres en técnica jurídica. Hasta el siglo XIII no se harán los primeros grandes códigos medievales.
Población, grupos sociales en el me­dio rural.
El descenso de población en la Alta Edad Media fue general por varias cau­sas: hambre, guerras, enfermedades, peste, inse­guridad indi­vi­dual y colecti­va, en un círculo vicioso de poca población y poca pro­ducción. Por debajo de la aristocracia y la Iglesia terratenientes estaban los propietarios libres, los co­lonos siervos que cul­tiva­ban los mansos de los dominios seño­riales y que vivían en la miseria nor­malmente y la mano de obra es­clava para la “terra indo­mini­ca­ta”.
Desde mediados del siglo XI la población vuelve a aumentar: en dos siglos se dobla, gracias a la relativa paz, la mejora del clima y de las técnicas agrarias, etc.
Ciudades, población urbana y grupos sociales urbanos.
La deca­den­cia urbana comenzó con la crisis del siglo III y se ahondó en los siglos “bárbaros”. Mantuvieron las ciudades unas funcio­nes político-administrativas, militares, eclesiás­ticas (sobre todo las sedes episcopales), agrarias y comercia­les. El resurgir desde el siglo XI fue muy lento.
La pobla­ción urbana era escasa: 10.000 habitantes hacían una gran ciudad; París y Roma al­canzaban los 20.000 y destacaban sobre­mane­ra sobre las demás. Los grupos sociales estaban jerarquiza­dos como la sociedad feudal: en la cúspide el obispo y los po­cos no­bles urbanos, en medio los clérigos y caballeros, abajo los artesanos y comerciantes libres, al fondo los siervos y esclavos urbanos.
LA PIRÁMIDE SOCIAL.
La sociedad señorial estaba articulada férreamente en una estructura jerarquizada, como una pirámide, en la cumbre el monarca; en medio la nobleza, la Iglesia, los propietarios li­bres; abajo los campesinos colonos y esclavos. Fundamentalmente es la división de la sociedad medieval en tres órdenes o esta­mentos: los gue­rreros que luchan, los sacerdotes que rezan y los campesinos que producen.

Mapa conceptual de la sociedad feudal. [HistoriaGuadiana.blogspot.com]


El monarca.
El monarca era el máximo señor feudal, en la cúspide de la pi­rá­mide social, y dependía de los recursos económicos de sus propios dominios y del servicio militar de los vasallos. No tenía control sobre toda la población porque la jurisdicción era indirecta.
Perry Anderson cree que este modelo puro, de rey sin auto­ridad, no existió en realidad más que como una entele­quia por­que hu­biera sido tan ineficaz que la nobleza no hubiera podido mante­ner sus privilegios frente a los enemigos interio­res y exterio­res. El fracaso del reino vi­sigodo pudo servir de ejem­plo disuasivo.
Los nobles.
Un grupo de nobles, constituido por los que estaban situa­dos sólo por debajo del rey hasta el último castellano, acapa­ra­ba la pro­piedad agraria y la riqueza, estratificándose inter­na­men­te por sus riquezas y número de vasallos.
La Iglesia.
La Iglesia aumentó su poder y autonomía, con enormes ri­quezas territoriales y pecuniarias, con grandes grupos de man­sos de­pendientes directamente de las parroquias, obispados, arzobis­pados, monasterios y abadías, con sus propias relaciones vasa­lláticas. Muchos párrocos eran esclavos de señores feudales que así se apropiaban de los ingresos de los mansos. Muchos nobles laicos acumulaban cargos eclesiásticos, en detrimento de la calidad de la vida religiosa.
Los propietarios y hombres libres.
El grupo de propietarios libres, que no eran vasa­llos de nadie o eran vasallos con un pequeño feudo. Se unían entre sí para financiar caballeros armados. Pero eran continua­mente pre­sionados por los poderosos para que aceptaran el pa­tronazgo, con impuestos ilegales, reclutamiento militar y otros abu­sos. Los numerosos campe­sinos alo­dia­les (con plena propiedad) vivían en perpetua insegu­ridad y soli­citaban la protección de los po­dero­sos, a cambio de sus tierras o de servicios. También había unos pocos hom­bres libres en las ciudades, sin propiedades ni va­sa­llos, pero que tenían ofi­cios o cargos importantes en la so­ciedad como artesanos, médicos o funciona­rios.
Los grupos campesinos: esclavos y colonos.
En el siglo IX el campesinado occidental estaba ya unido ma­si­vamente a la tierra, en una situación jurídica indecisa. Ha­bía varios grupos socia­les en el campesinado:
- Esclavos, con condición jurídica de “cosa”, que podían ser vendidos y separados de su familia si se vendía la tierra. Pero entre ellos había castas: los que cultivaban la tierra, los que servían en la casa del señor, los “servi casati” que recibían y explotaban un fundo en su propio provecho y practi­caban la artesanía. En Francia había pocos esclavos, pero abun­daban en Alemania, Italia y Cataluña.
- Colonos, con una libertad jurídica limitada, según el lugar en que vivían, unidos por vida a la tierra, con obliga­ciones de impuestos y cargas de trabajo en la terra indominica­ta, artesanía de tejido, servicios domésticos, etc., y derechos restringi­dos de boda y herencia. Pero tenían obligación militar y por ello podían acceder a los tribunales y limitar sus traba­jos. Culti­vaban los mansos y aprovechaban la caza y la recolec­ción.


BIBLIOGRAFÍA.
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AA.VV. Historia de la Edad Media Cambridge. Sopena. Bar­celona. 1980. 3 vs.
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Barbero, Abilio; Vigil, Marcelo. La formación del feuda­lismo en la Península Ibérica.Crítica. Barcelona. 1878. 437 pp.
Bloch, Marc. La sociedad feudal. AKAL. Madrid. 1986 (1968). 528 pp.
Bonnassie, Pierre; et al. Estructuras feudales y feudalis­mo en el mundo mediterráneo. Crítica. Barcelona. 1984 (1980). 293 pp.
Boutruche, R. Señorío y feudalis­mo. v. I. Los vínculos de dependencia. v. II. El apogeo (siglos XI-XIII). Siglo XXI. Ma­drid. 1989 (1968). 2 vs. 348 y 419 pp.
Duby, Georges. La economía rural y la vida campesina en el Occidente medieval. Península. Barcelona. 1981 (1962 francés). 546 pp.
Focillon, Henri. El año mil. Alianza. Madrid. 1987 (1952 francés). 240 pp.
Fossier, Robert (dir.). La Edad Media. Crítica. Barcelona. 1988 (1983). 3 vs.
Fourquin, Guy. Señorío y feudalismo en la Edad Media. EDAF. Madrid. 1977. 318 pp.
Ganshof, F. L. El feudalismo. Ariel. Barcelona. 1981 (1957). 271 pp.
Guerreau, Alain. El feudalismo. Un horizonte teórico. Crí­ti­ca. Barcelona. 1984 (1980). 262 pp.
Heers, Jacques. Historia de la Edad Media. Labor. Bar­celo­na. 1976. 419 pp.
Hilton, Rodney (ed). La transición del feu­dalis­mo al capi­talismo. Críti­ca. Barcelona. 1977 (1976). 279 pp.
Hilton, Rodney. Conflicto de clases y crisis del feudalis­mo. Crítica. Barcelona. 1988 (1985). 213 pp.
Keen, Maurice. La caballería. Ariel. Barcelona. 1986 (1984). 331 pp.
Kula, Witold. Teoría económica del sistema feudal. Siglo XXI. México. 1979 (1964). 239 pp.
Ladero Quesada, Miguel A. Historia Universal Edad Media. Vicens Vives. Barcelona. 1987. 999 pp.
Perroy, E. La Edad Media. La expansión del Oriente y el naci­miento de la civilización Occidental. Tomo II de Historia Gene­ral de las Civili­zaciones (dir. Maurice Crouzet). Destino. Bar­celona. 1980.
Pirenne, Henri. Las ciudades de la Edad Media. Alianza. Madrid. 1972 (1971 francés). 167 pp.
Poly, Jean-Pierre; Bourmazel, Éric. El cambio feudal (si­glos X al XII). Nueva Clío 16. Labor. Barcelona. 1983. 474 pp.
Southern, R.W. La formación de la Edad Media. Alianza. Madrid. 1980 (1953 inglés). 281 pp.

PROGRAMACIÓN.
ORÍGENES Y DESARROLLO DEL FEUDALISMO. LA ECONO­MÍA SE­ÑORIAL. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 4. Sociedades his­tóricas. Núcleo 3. Las sociedades medieva­les.
- Las sociedades feudales europeas y el desarrollo urbano: el Románico y el Gótico.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con el tema de la Educación para la Paz, Educa­ción Ambiental y Edu­cación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental de motivación. Diálogo para evaluación previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas, gráficos y comenta­rios de tex­tos.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; Co­mentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Definir los términos relacionados con el feudalismo.
Sintetizar el debate historiográfico sobre el feudalismo.
Conocer la evolución del feudalismo: precedentes, la época caro­lingia, el feudalismo clásico en Europa Occidental.
Analizar las instituciones feudales.
Relacionar la economía y sociedad señorial con las insti­tuciones feudales.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El feudalismo: el debate historiográfico.
La evolución del feudalismo: precedentes, la época caro­lingia, el feudalismo clásico en Europa Occidental.
El feudalismo: instituciones.
Economía y sociedad señorial.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema; análisis de mapas, gráficos, textos.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Valorar las culturas medievales.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre el feudalismo, preparando las activi­dades del grupo.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de un esquema de la evolución de las institu­cio­nes, con presentación gráfica de las relaciones entre las ins­tituciones.
Comentarios de textos sobre teorías del feudalismo, la evolución de las instituciones... Debate de grupo y síntesis sobre el feudalismo: cuáles fueron las causas, la datación, la loca­lización, las principales instituciones.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones y definir términos (feudo, señorío, reserva señorial, manso, siervo, castellano...) buscando las respuestas en fuentes de textos, manuales, enci­clopedias..., en horario fuera de clase y dialogando en el grupo en clase.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Libros de texto, manuales.
Documentales, La vida al camp a l'època del gòtic, 15',34''. El feudalisme, 13'. 30''. Serveis de Cultura Popular. Se refiere a Cataluña en la Baja Edad Media, pero con una referencia a los inicios del feudalismo en el siglo X y a la economía señorial.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre los fenómenos políticos, jurídicos, económicos y sociales; en la relación entre los procesos espa­ñol y eu­ropeo.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).


[1] Perry Anderson. Transiciones de la Antigüedad al feu­da­lismo. 1979: 156.
[2] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 41. También Eric Hobsbawm. Del feudalismo al capitalismo, en R. Hilton. La tran­sición del feudalismo al capitalismo. Crítica. Barcelona. 1977: 226-227.
[3] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33.
[4] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33-34.
[5] Pero tam­bién puede interpretarse de modo geopolítico (se­gún las tesis deterministas de Rat­zel) que la unión e integra­ción en monar­quías nacionales fue provo­cada por la competencia con otros Estados por el te­rrito­rio: sólo los más exten­sos en espacio y población y los más fuertes institucio­nalmente podían extenderse y sobrevivir a largo plazo, excepto los Esta­dos pe­queños en zo­nas relativamen­te ais­la­das (Suiza) o que se alia­sen contra los in­vasores (Ita­lia hasta el siglo XVI) o que el equili­brio en­tre to­dos se mantu­viera estable (Alemania).
[6] Bonnassie, Pierre. Les cinquante mots clefs de l'histoire médiévale. Privat. Toulouse. 1981: 86.
[7] Fontana, Josep. Historia: Análisis del pasado y proyecto social. Crítica. Barcelona. 1982: 256-258.

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martes, 11 de diciembre de 2012

Unidad 26. Orígenes y desarrollo del feudalismo. La economía señorial.

INTRODUCCIÓN.


1. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.

TEORÍA HISTORICISTA.
Un fenómeno germánico, político, jurídico y espiritual.
PIRENNE.
La ruptura medieval en el siglo IX.
LOS ANNALES.
La sociedad feudal de Bloch: el siglo X.
GANSHOF.
La interpretación político-jurídica: los siglos X-XII; la limitación a Europa Occidental.
MARXISMO.
Marx: el modo de producción feudal.
Samir Amin: el modo de producción “tributario”.
Melotti.
Anderson.
Parain.
Duby: el señorío. El siglo XI.
Bonnassie: feudalismo y señorío.
Fontana.
ÚLTIMOS ESTUDIOS.


2. ANTECEDENTES PRE-FEUDALES.
EL BAJO IMPERIO ROMANO.

La encomendación y el patrocinio.
LOS GERMANOS.
El “Gefolge” (vinculación personal).
HISPANIA PROTO-FEUDAL VISIGODA.


3. LA EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FEUDALES.
3.1. EL DESARROLLO FEUDAL EN LA DINASTÍA CARO­LINGIA.

Los primeros carolingios.

Carlomagno.
Vasallaje y beneficio.
La herencia del beneficio en el siglo IX.
3.2. DESARROLLO DEL FEUDALISMO “CLÁSI­CO” EN EUROPA.
FRANCIA.
INGLATERRA.
ALEMANIA.
ITALIA.
ESPAÑA.


4. LA ECONOMÍA FEUDAL.
Condiciones generales de la vida económica.
Actividades económicas en el me­dio ru­ral.
Los dominios señoriales.
Ciudades, población y comercio.


5. LA SOCIEDAD FEUDAL.
La búsqueda de cohesión y seguridad sociales.
El ordenamiento y la práctica jurídicos.
Población y grupos sociales en el me­dio ru­ral.
Ciudades, pobla­ción urbana y grupos sociales urbanos.
LA PIRÁMIDE SOCIAL.
El monarca.
Los nobles y hombres libres.
La Iglesia.
Los propietarios y hombres libres.
Los grupos campesinos: esclavos y colonos.


INTRODUCCIÓN.
En esta UD estudiamos el feudalismo en Europa Occiden­tal hacia los siglos X-XIII, sus antecedentes y el debate his­toriográfico sobre su naturaleza, y además la econo­mía feudal que le está asociada, siendo el feudalismo su aspecto político. Sustituimos el término de economía señorial por el de eco­nomía feudal, porque el pri­mero se limita a la economía de los señoríos territoriales y no comprendería al conjunto de la economía. Asimismo, abordamos la sociedad feudal. No estudiamos el feudalismo en otros ámbitos como Ja­pón o Turquía, o en otras épocas como la Edad Moderna en la Europa del Este.

1. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.
Hay consenso en que el feudalismo nació por dos causas: la ruralización de la so­ciedad europea occidental y la crisis del poder político. Todas las teorías confluyen en que el feudo es la pieza clave en la jerarquía de los dere­chos so­bre la tierra.
En un sentido amplio del término se entiende el feuda­lismo como el régimen político-so­cial de los países del Occi­dente europeo en los siglos X al XIII. Pero espacialmente el feuda­lismo ya se predica de sociedades muy distantes, en distintas épo­cas de Bi­zancio, India, Tur­quía, Rusia y Ja­pón, y cro­no­ló­gi­camente se acepta que un pro­tofeu­da­lis­mo ya exis­tió en el reino visi­godo en el siglo VII y en los rei­nos me­ro­vingio y caro­lin­gio en los si­glos VIII y IX.
Para algunos autores el feudalismo es la negación del Es­tado como ente público y, en cambio, es una forma política estructurada mediante rela­ciones de dere­cho privado. Pero para otros autores es una forma espe­cial del Esta­do, marcada por una divi­sión del poder del rey entre una cla­se aristocrá­tica que esta­ble­ció redes de depen­den­cia, mediante el vasallaje, en los terri­torios que goberna­ba. Es­tas re­laciones de de­pendencia tu­vieron su origen en el mun­do tar­dorro­mano y en la sociedad ger­má­nica.
TEORÍA HISTORICISTA.
Un fenómeno germánico, político, jurídico y espiritual.
La teoría historicista de los historiadores alemanes, sobre todo del siglo XIX, sostuvo que las inva­siones germánicas habían provocado una ruptu­ra to­tal en la so­ciedad tardorromana y que el feudalismo fue una aportación jurídico-política germánica. Sus estudios siguen una orientación historicista: la Edad Media es considerada la época fundacional de los Estados modernos y sus instituciones feuda­les la más acabada expresión del espíritu del pueblo, del Volkgeist. La economía tiene muy poca importancia en compara­ción con la política, el derecho, el espíritu y la religión.
PIRENNE.
La ruptura medieval en el siglo IX.
Henri Pirenne, en Mahoma y Carlo­magno (1927), planteó que la ruptu­ra con la Antigüedadsólo llegó en el siglo VII, cuando la ex­pan­sión islámi­ca cerró el comercio mediterráneo y, sobre to­do, cuando se de­rrum­bó el im­perio carolingio a finales del si­glo IX, debido a la presión exte­rior de normandos, hún­garos y musul­ma­nes y a los conflictos civiles por la sucesión, todo lo cual conllevó la división del imperio en varios reinos y la paralela desin­te­gra­ción del poder interior, repartido entre múltiples se­ñores que recibieron de los reyes con­cesio­nes hereditarias de beneficios de tierras. El feudalismo nació en­tonces.
Las relaciones vasalláticas implicaban unas obligaciones militares y económicas del vasallo hacia el señor, que a cambio aseguraba la protección militar y económica del vasallo. Esta relación se ritualizaba con una ceremonia de vasallaje y se materializaba en la entrega de un feudo territorial.
LOS ANNALES.
La sociedad feudal de Bloch: el siglo X.
La visión sociológica de la ‘Escuela de los Annales’ es que fue un fenó­meno sociológico o de psicología colectiva en una socie­dad en constante cambio. Marc Bloch sostiene que nació hacia 900, aunque otros miembros del grupo señalan otras fechas, como Georges Duby, que señala hacia el año 1000 y cuya tesis es más aceptada por la historiografía actual.
Calmette y Bloch prefieren el término “sociedad feu­dal” para explicar la sociedad medieval de los siglos X-XII, lo que les permitía reducir el uso del término “feudalis­mo” al conjun­to de insti­tu­ciones que crean y rigen obligaciones de obedien­cia y servicio.
GANSHOF.
La interpretación político-jurídica: los siglos X-XII; la limitación a Europa Occidental.
La posición político-jurídica de Ganshof (1957), heredera del his­toricismo pero más científica, caracteriza el feu­dalismo como un con­jun­to de institu­ciones que jerarquizan a los gru­pos domi­nan­tes mediante el va­sallaje, la encomendación y el benefi­cio. Así se configura una sociedad basada en:
- Unas relaciones de dependencia hombre-hombre.
- Una jerarquía de guerreros especializados.
- La fragmentación extrema del derecho de propiedad sobre la tierra y vinculación de esta a los hombres.
- El debilitamiento del poder central, con una pluralidad de instituciones y poderes autónomos.
Ganshof limita su ámbito espacial a los antiguos territorios del Imperio carolingio en Francia, Alemania, norte de Italia y la Marca Hispánica en el siglo IX, y posteriormente se expandió a Inglaterra y el reino normando en el sur de Italia. El centro de mayor implan­tación corresponde a la amplia zona entre el Loira y el Rin. La cro­nología se debería limitar a los siglos X-XII, aun­que en Alema­nia su auge se produjo en los siglos XIII-XIV.
Estas tesis han sido aceptadas ampliamente por la histo­riografía, aunque se han introducido grandes modificaciones, sobre todo en el aspecto económico.
MARXISMO.
La visión marxista de Marx y Engels a mediados del siglo XIX, y de sus seguido­res, plan­tea el feuda­lismo como un modo de pro­duc­ción y afronta los pro­blemas ter­minológicos, la rela­ción tierra-hom­bre y la relación superes­tructura político-jurí­dica e ideoló­gico-re­ligiosa. Es la co­rriente que más interpretaciones del feu­da­lismo ha aportado, dentro del debate de la evolución de los modos de producción.
Marx: el modo de producción feudal.
Karl Marx en La ideología alemana (1846) plantea el modo de producción feudal como el tercer estadio de los mo­dos de pro­ducción, entre el esclavista de la sociedad romana y el capita­lista de la Edad Moderna.
Llama modo de producción feudal o feudalismo al sis­tema de pro­ducción medieval constituido por la transferencia de ca­pital conseguida mediante el dominio de los aristócratas so­bre los vasallos.
El feudalismo parte de una infraestructura fundamen­tal­men­te rural, con el traba­jo agríco­la y la tierra como el bien capi­tal, que determinaría a su vez a la superes­tructura, constituida por la ideo­lo­gía y el derecho medieval difundidos por la Iglesia, la dis­tin­ción entre las tres cla­ses so­cia­les (los tres estamentos u órdenes), la pi­rámide social del poder monárqui­co y aris­to­crático, etc.
El feudalismo es, pues, un sistema rural:
“La tercera for­ma de propiedad es la feudal o la de los distintos estamen­tos. Si la Antigüe­dad surgió de la ciu­dad y de su pequeño te­rri­to­rio, la Edad Media nació en el campo. (...) Como la propiedad tribal y comunal, la feudal también se apun­tala en la comuni­dad; pero la clase directamente pro­ductora con que se en­frenta no son los esclavos de la Antigüedad, sino el pequeño campesi­nado sometido a la servidumbre. (...) La estructura jerárqui­ca de la propiedad territorial y el señorío militar que le acompa­ñaban die­ron a la nobleza un poder absoluto sobre los vasallos.”
En las ciuda­des, donde reaparece la oposición con el cam­po, se desarrolla la propiedad gremial, la organización feudal de los oficios, donde la propiedad con­siste en el trabajo de cada in­dividuo.
Tanto en el campo como en la ciudad las condiciones de producción eran muy estrechas: el cultivo de la tierra era muy primitivo y la industria era artesanal. A pesar de existir una fuerte división en estamentos, la división social del trabajo era muy rudimentaria, incluso en el momento culminante del feu­dalismo.
Samir Amin: el modo de producción “tributario”.
El economista egipcio Samir Amin aporta una visión no eu­rocéntrica sobre el feudalismo. EnEl desarrollo desigual (1973) lo incluye como una forma evolucionada, gracias a la privatización de la propiedad, dentro de un modo de producción “tributario”, común a sociedades europeas occidentales; asiáti­cas como China, India, Mesopotamia; africanas en Egipto; y amerin­dias en los incas y aztecas. Distingue entre formaciones tributa­rias “centra­les”, las más importantes, como China, que por su mismo éxito no evolucionarán, y “periféricas”, con el feu­dalismo europeo, que por su po­breza evolu­cionará más rápida­mente hacia el sistema capitalista. El “tributarismo”, como el ­feuda­lismo, no pro­cedería de la di­solu­ción del escla­vismo sino de la disolu­ción del modo de pro­duc­ción comunitario.
Para Amin el modo de producción “tributario” y el feuda­lismo se caracterizaría por:
- La extracción del plusproducto por medios no económicos. Es la explotación señorial basada en la fuerza y no en la pro­piedad sobre la tierra.
- El predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. La producción se destina al consumo, no al intercambio.
- El predominio de la superestructura sobre la estructura. La ideología (el cristianismo en Occidente) domina sobre la base económica.
- La apariencia de estabilidad histórica. El inmovilismo es consustancial al predominio del valor de uso, pero no es total, pues siguieron realizándose progresos, que prepararon el paso a un nuevo estadio, el capitalista.
En otra obra, Clases y naciones (1979), Amin modi­fica su posi­ción, y en vez de considerar el feudalismo una forma evolu­cionada del modo de producción tributario, lo presenta como una forma pri­mitiva, derivada de las formas comunitarias de las tribus bár­baras, del modo tributario. Su especificidad sería el “carácter débil y descentralizado del poder político”, añadien­do a las características anteriores dos más:
- La organización de la producción en el marco del domi­nio, implicando la renta del trabajo.
- El ejercicio por parte del señor de prerrogativas polí­ticas y jurisdiccionales que implican la descentralización po­lítica.
Melotti.
Umberto Melotti, en Marx y el Tercer Mundo (1974), presen­ta otro esquema marxista de la evolución de los modos de producción. Coincide en una evo­lución desde el modo de pro­ducción de la comunidad primitiva y explica el feudalismo euro­peo como el resultado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y las formas bárbaras de producción, sucedida en la época de las invasiones bárbaras.
Anderson.
Perry Anderson, en Transiciones de la Antigüedad al feuda­lismo (1979), también explica el feudalismo euro­peo como resul­tado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y de cultura urbana del Imperio romano y las formas bárbaras de pro­ducción, en el mo­mento de las in­vasiones bárbaras. Pero esta­blece que esta síntesis fue desigual, resultando una triple tipología: una re­gión central de síntesis equilibrada, una de dominio romano y otra de dominio bárbaro.
“La región central del feudalismo europeo fue aquella en la que tuvo lugar una “síntesis equilibrada” de elementos roma­nos y germánicos, esen­cialmente el norte de Francia y sus zonas limítrofes, esto es, el corazón del imperio carolingio. Al sur de esta zona, en Provenza, Italia y España la disolución y re­combinación de los modos de producción de los modos de pro­duc­ción bárbaro y antiguo, tuvo lugar bajo el legado dominante de la Antigüe­dad. Al norte y al este, en Alemania, Escandinavia e Inglaterra, donde el dominio romano nunca había llegado o sólo había echado pequeñas raíces, se produjo, por el contrario, una lenta transición hacia el feudalismo bajo el predominio indíge­na de la herencia bárbara.”[1]
Pero en la Europa oriental, al este del Elba, el feudalis­mo no se implantó mediante una síntesis, sino que derivó directamente de la disolución de las comunidades primitivas eslavas, median­te el impacto de las sucesivas invasiones nómadas desde los hunos del siglo V a los mongoles del siglo XIII, la diferenciación social y la estratifi­ca­ción política, con una clase terrateniente militar que dominó la sociedad mediante la propiedad o control de la tierra, gracias a la extensión de la servidumbre desde el siglo XII, y el monopolio de las fuerza militar.
Parain.
Charles Parain ha resumido muy bien el estado actual de la cuestión sobre la transición de la Antigüedad al feudalismo, como un doble proceso, de disolución de la esclavitud antigua, ya evidente en la sociedad tardorromana, y de subordinación de unos campesinos libres, propietarios de sus tierras, a unos señores determinados. Este proceso duró cuatro siglos, desde inicios del siglo XI a principios del siglo XIV.[2]
La nobleza surgió mediante un lento proceso de dominio más o menos indirecto sobre la tierra:
“miembros de séquitos armados que se agrupaban en torno a los jefes germánicos, indígenas romanizados que habían propor­cionado los cuadros de la administración, favoritos de los re­yes bárbaros que recibían de ellos domi­nios arrancados de las tierras del Estado. Se adivina cuán diferentes combi­naciones se llevaron a cabo entre los vínculos personales (de tipo domésti­co, militar o religioso) y la propiedad agraria (concedida por el protector a título de “beneficio” u ofrecida por el protegi­do a título de “bien preca­rio”). Pero todas estas combinaciones convergían hacia una misma estructura final de la propiedad: propiedad honorífica, pero no efectiva, de los perso­najes más poderosos sobre inmensos dominios, y propiedad más directa -pero no absoluta porque estaba condicionada a servicios y jura­mentos- entre las manos de señores pequeños y medios. Esta je­rarquía de derechos sobre la tierra iba a imponerse poco a poco hasta la base, es decir, hasta el nivel de los campesinos cul­tivadores que, a su vez, no gozaban más que de una posesión más o menos precaria del suelo.”[3]
El proceso de servidumbre de los campesinos libres siguió también una vía implacable:
“las incesantes guerras -guerras intestinas, guerras de conquista- arruinaron con bastante rapidez al nuevo campesinado libre, bien porque sus bienes fueron confiscados o fueron pe­riódicamente devastados y asolados, o bien porque el servicio militar exigido a los hombres libres era excesiva­mente pesado para permitirles conciliarlo con la explotación de sus campos. Como el poder real era demasiado débil para protegerlos, los campesinos arruinados de este modo se vieron obligados a colo­carse bajo la protección o de la nueva nobleza o de la Iglesia, transfiriendo (como habían comenzado ya a hacer los campesinos del Bajo Imperio) la propiedad de sus tierras a sus protecto­res. El estatuto del campesino libre, incluso aun cuando se conti­nuara diferenciando el derecho de los hombres de origen libre del derecho de los hombres de origen esclavo, tendió de esta forma hacia un estatuto de “servidumbre”, en el que todo campesino (aunque dispusiera de instrumentos de trabajo y del usufructo de una explotación) se hallaba, sin embargo, vincula­do a un propietario eminente -el “señor”- por todo tipo de com­promi­sos personales y tributos.”[4]
Duby: el señorío. El siglo XI.
Georges Duby, un medievalista formado en la me­todología marxista y en el grupo de los “Annales”, data la aparición del feudalismo hacia el año 1000, como consecuencia de la de­sintegración del Estado caro­lin­gio. Pre­fiere el térmi­no de modo de producción seño­rial (basado en el poder de domi­nación del señor), para significar que hubo prime­ro un cam­bio polí­tico (supe­res­truc­tu­ral), seguido por un cambio econó­mi­co (in­fraes­truc­tu­ral).
Antes del año 1000 el sis­tema de ex­plo­ta­ción de los tra­ba­jado­res, de ex­trac­ción de plus­traba­jo, se ba­saba fundamen­tal­mente en unas bases territo­ria­les, la po­se­sión de un capital inmóvil, lagran ha­cienda: los explota­do­res eran los grandes propieta­rios.
Desde el año 1000 aproxi­ma­damen­te este sistema de explo­ta­ción fue sustituido por un sistema mucho más eficaz, mucho más duro y alienante, basado en el se­ñorío: el poder de un hom­bre que pue­de obligar a todos los ha­bitantes (que no sean sa­cerdo­tes y guerreros) de un territo­rio, que pue­de juzgarles, arreba­tarles lo que ganan, lo que ahorran, porque está investi­do de un poder público, que no ema­na de la posesión de un bien, sino del ban o poder político de coacción señorial. El señor ocupa el lugar del rey y es considerado una espe­cie de delegado de la au­toridad divina. Así pues sucede primero un cambio político que afecta luego a lo económico, pues el seño­río es también un or­ga­nis­mo econó­mi­co, que trastoca las rela­ciones de produc­ción y las poner al servicio de su poder.
En este sentido, Duby interpreta que los grandes Estados monárquicos (Francia en particular) se formaron por la integra­ción de los principados, esto es, los Estados señoria­les (Bor­goña, Anjou, Normandía, Champaña, Provenza...) nacidos en los siglo X-XII. Los señores regionales (príncipes, duques, condes), que a su vez dominaban a otros señores de ámbito más lo­cal (ba­rones, caballeros), ha­bían formado sus Es­tados seño­riales (unas auténticas naciones regionales) gracias a su gran fuer­za militar duran­te el periodo de inquietud marcado por las in­vasiones de nor­man­dos, húngaros y musulmanes al tiem­po que se deshacía y desmembraba el impe­rio carolingio. Alcanzaron el poder políti­co, militar, ju­dicial... Pero les faltaba el poder sagra­do, la le­gitimación divina que poseían los reyes ungidos por los obis­pos. Este po­der ideológi­camente supe­rior expli­ca que en el siglo XIII la monar­quía francesa, como otras europeas de su época, se situó de­fini­tiva­mente en la cima de la pirámi­de feudal y dominó a los Estados señoriales de la periferia, integrándolos en una monar­quía na­cional.[5]
Bonnassie: feudalismo y señorío.
Pierre Bonnassie describe el sistema feudal uniendo los conceptos de feudalismo y señorío, superando así su dicotomía:
“un régimen que se funda en la confiscación, frecuentemen­te brutal, de los beneficios (del sobreproducto) del trabajo campesino, y que asegura por un sistema más o menos complejo de redes de dependencia (vasallaje) y de gratificaciones (feudos), la redistribución en el seno de la clase dominan­te.”[6]
Fontana.
Josep Fontana, un marxista radical, epistemólogo e his­to­riador contem­poráneo español[7], sin ser un especialis­ta medieval, cri­ti­ca a los historiadores burgueses que han con­siderado como ca­rácter esencial del feudalismo la coerción po­lítica (extraeco­nómica) en la obtención del excedente campesi­no, que contrasta­ría con la capitalista, en que dicha obtención es contractual y libre. Estos historiadores ignorarían que en la sociedad capi­ta­lista también hay una coerción, aunque ideológica. Así, el feudalismo, con su estructura de los tres órdenes sociales, obtendría el excedente por una mezcla de coacción y consenti­miento (por ejemplo el diezmo eclesiástico, entregado por el campesino porque cree que a cambio recibe unos servicios espi­rituales y de asistencia social), con lo que las relaciones señoriales serían en defini­tiva relaciones económicas más que po­líticas.
ÚLTIMOS ESTUDIOS.
Últimamente los numerosos estudios sobre el tema, con una metodología ecléctica, arqueología medieval, hallazgo de docu­mentos, métodos estadísticos e informática, han con­soli­dado las tesis de una etapa previa de pro­tofeuda­lismo en la Alta Edad Media, de que se formó jurídicamente ya en la época carolingia y de que fue un proceso desigual en los di­versos países y épo­cas, con su cenit en la Europa Occidental de los siglos XI-XII.


2. ANTECEDENTES PRE-FEUDALES.
El origen de las relaciones vasalláticas lo encontramos en dos modelos: la sociedad tardorromana y la germá­ni­ca, y también pode­mos examinar un modelo proto-feudal en la Españavisigoda.
EL BAJO IMPERIO ROMANO.
En la primera mitad del siglo V creció la insegu­ridad en el Bajo Imperio Romano de Occidente, con las invasio­nes bár­ba­ras, las usurpaciones imperiales y las guerras civi­les, y el aumento de la presión fiscal sobre los colonos. Los prohombres más po­derosos de la clase senatorial acapararon la propiedad de la tierra y la administración provincial, mediante las institu­cio­nes de la encomendación y del patrocinio.
La encomendación y el patrocinio.
La encomendación era la relación entre el campesino y el pode­roso. El poderoso recibía la propie­dad de la tierra a cam­bio de protección fiscal y man­tener al campesino en la tie­rra, quedan­do ligado a ella.
El patrocinio era la relación entre el poderoso y una clientela armada (comitatus), que le daba servicio militar a cambio de tierras. El poderoso podía así proteger la “villa” del Imperio y de los invasores, así como evitar los impuestos.
Esta relación de patrocinio fue extendiendo en la sociedad una clase de hombres libres en situación de dependencia.
LOS GERMANOS.
El “Gefolge” (vinculación personal).
Por su parte, los pueblos invasores germá­ni­cos habían de­sarro­llado unas formas sociales similares, con el “ge­folge”, que era un grupo de guerreros vinculados personal­mente a un jefe mili­tar y entre ellos con lazos de fraternidad.
Al formarse en los siglos V y VI los primeros reinos bár­baros se fundieron las instituciones del comitatus y del gefol­ge, con hombres armados al servicio del rey, que recibían el nombre devassus (vasallus) o antustriones (según la fórmula de Marcul­fo).
HISPANIA PROTO-FEUDAL VISIGODA.
La llegada masiva a la Península de los visigodos se pro­du­jo en 507, tras la derrota de Vouillé ante los francos de Clodoveo, y no alteró la estruc­tu­ra tardorromana de la villa rural como unidad económica. La villa estaba organizada en tres partes:
- Pequeños cotos o “sortes” explotados por sus propieta­rios en una relación de patrocinio.
- Pequeños cotos explotados por tenencieros sin propiedad y en encomienda con el señor.
- La reserva explotada por esclavos, unidos a la tierra de por vida, aunque podían poseer bienes.
El señor tenía un ejército privado formado por sus patro­cinados, pues el patrocinio incluía la prestación del servicio armado, y además por guerreros profesionales (saiones), algunos de los cuales (bucelarios) se unían por un juramento de fideli­dad a cambio de un beneficio. El gefolgehabía evolucionado mediante el contrato del patrocinio y la fe cristiana (fi­des), pero se mantenía la estructura militar de la monarquía y la importancia del juramento de fidelidad de los súbditos al rey y viceversa.
Con el rey Sisenando (631) se terminó la evo­lución de la mo­narquía militar a una monarquía cristiana, en la que la sobe­ra­nía es una delegación de Dios, por lo que la no­bleza debe hacer un juramento cristianizado de fidelidad al rey y el rei­no, y se establece una jerarquía vasallática. En esta situación la nobleza religiosa y militar ganó poder y los monarcas tuvie­ron que reconocer en 636 el carácter patrimonial de los benefi­cios que habían concedido (lo que el franco Carlos el Calvo hizo en 877). La concentración de los cargos militares y civiles en las mismas personas, promovida por los reyes para consolidar su autoridad, tuvo un efecto contrario al deseado pues la nobleza provincial (duces) aumentó su poder territorial y su autoridad hasta ser virtualmente indepen­diente del rey, lo que expli­ca la debilidad del reino ante la invasión islámica del 711.
El hundimiento del reino visigodo ha sido interpretado como la crisis de un sistema protofeudal carente de una cúspide aceptada por el resto del sistema.


3. LA EVOLUCIÓN DE LAS INSTITUCIONES FEUDALES.
EL PRECEDENTE MEROVINGIO.
El proceso de jerarquización y sumisión se produjo igual­mente en la sociedad franca durante la dinastía merovingia y luego en la carolingia. Las instituciones del vasallaje y el beneficio eran conocidas pero al principio eran independientes, pues los reyes merovingios no solían con­ceder be­neficios a los vasallos, con lo que los reyes mantuvie­ron un fuerte poder te­rrito­rial que explica su gran poder eco­nómico y militar al ser­vicio de la expansión en la época de Carlomagno.
Con sede en Francia, entonces entre el Loira y el Rin, en la que se habían concen­tra­do la mayoría de los germanos fran­cos, el reino merovingio se debilitó por las guerras civi­les desde el final del siglo VII.
3.1. EL DESARROLLO FEUDAL EN LA DINASTÍA CARO­LINGIA.
Los primeros carolingios.
La decadencia franca se frenó con la llegada al poder de los mayor­domos de palacio, todavía al servicio de los merovin­gios, Pipino II y su hijo Carlos Martel (716-741), que, como sus su­cesores, ya reyes, Carlomán I y Pi­pino III (751-768), sometie­ron las rebe­liones y ven­cie­ron a los principales ene­migos ex­te­rio­res: los musulmanes, los sajones y los lombardos.
Los primeros carolingios crearon un ejér­cito de vasa­llos con bene­fi­cios vi­ta­li­cios de tie­rras para pagar sus equi­pos milita­res y manuten­ción. Se formó una clase social de carácter mili­tar y con tie­rras, vin­culada al rey por una relación de depen­dencia, ahora prestigio­sa.
Carlomagno.
Carlomagno (768-814) completó la labor de sus predecesores. Subió al trono en 768 y comenzó de inmediato una vigorosa ex­pansión ex­terior. Fueron dominados los lombardos (774), alama­nes, burgun­dios, sajones en una larga guerra (772-804), fri­sones, aqui­tanos y bávaros. Mientras, eran derrota­dos los enemi­gos exteriores breto­nes, vascos y gascones, ávaros, musulmanes (se creó la Marca Hispánica has­ta el Ebro), y se impuso tributo a otros pueblos vecinos (croatas, eslovenos). El Imperio fue proclamado en 800. Era la “res­tauratio” del Imperio Romano, en unos límites más sostenibles.

Imperio de Carlomagno.


Vasallaje y beneficio.
Carlomagno estableció una alianza con la aristocracia te­rrito­rial, mediante el vasallaje y el beneficio. Los servicios militares en la expansión del reino eran recompensados con nue­vos beneficios en un círcu­lo que llegaría a agotarse con los años al no haber más tierras para repartir y pararse las con­quistas. Al mismo tiempo los pequeños y medianos propietarios de tierras fueron colocados bajo el vasallaje de los grandes, como un medio eficaz de extender la autoridad real sobre toda la población del reino, lo que sería nefasto a largo plazo.
Las villas rurales se convirtie­ron en centros de grandes lati­fundios, divididos en mansos pa­ra una familia de una su­perficie de 10 a 18 hectáreas, que se repar­tían entre vasallos guerre­ros de modo que un vasallo con 12 mansos se obli­gaba a mantener un caba­llero armado. Los vasallos tenían una media de 30 mansos y po­dían llegar a tener cien o más mansos. Otros beneficios eran las dignidades eclesiásticas.
La herencia del beneficio en el siglo IX.
Con Luis el Piadoso (814-840) el sistema continuó, pero si Carlomagno había conce­di­do estos beneficios en usufruc­to, la costumbre hizo que los he­rederos de los vasallos renova­ran sus vínculos y sus benefi­cios con lo que estos se convir­tieron de facto en propiedades, que aumentaban con la presión sobre los propietarios para que se convirtieran en pa­trocinados a cambio de ceder la propie­dad, lo que se reconoció en la Ca­pitular de Mer­sen (847).
El vasallaje se transformó en un medio de obtener un be­ne­ficio y la tierra se fue desligando de la autoridad real, hasta que Carlos el Calvo tuvo que reconocer en la asamblea del reino en Quierzy-sur-Oise (877) el carácter patri­monial y here­ditario de los bene­fi­cios que se habían con­cedido. Fue el fin jurídico del poder real y el nacimiento del feuda­lismo, aunque el siste­ma tardaría más de un siglo en consolidarse.
3.2. DESARROLLO DEL FEUDALISMO “CLÁSI­CO” EN EUROPA.
El desarrollo del feudalismo “clásico” europeo, en los siglos XI-XII, se centra en una zona bastante limitada del norte de Francia y Bélgica, de la que se extiende como modelo bastante diversifi­cado a otros ámbitos del continente.
FRANCIA.
Francia fue el lugar central y el modelo del feudalis­mo, desde su desarrollo con los monarcas carolingios, con el vasa­llaje y la concesión de beneficios.
El beneficio (una donación de tierras a los fieles) pri­mero se concedió a cambio de servicios armados, luego se asoció al vasallaje y terminó por ser hereditario, hasta desa­parecer en el siglo XI para dar lugar al feudo.
La pérdida de po­der de la au­toridad real permitió la inde­pendencia de facto de numero­sos señores en la periferia del reino, que alcanzaron la heren­cia directa de sus feudos para sus herederos, promoviendo lu­chas civiles, lo que junto a las invasiones normandas, húnga­ras y musul­manas, facilitó la desin­tegración del poder en favor de los señores que dominaban los castillos, con control sobre la tierra y la población rural, sobre todo en el norte de Fran­cia. En el sur de Francia el feu­dalismo se desarrolló menos, con más proporción de tie­rras pro­piedad de los campesinos.
Desde finales del siglo XI los reyes Capetos, empero, fueron aumentando su poder real, mediante la legitimación de la coro­na, sometiendo a cierto control a los grandes nobles.
INGLATERRA.
En Inglaterra, después de la victoria de Guillermo I en 1066 los conquis­tadores normandos sojuzgaron a la población anglosajona, impo­niendo un feudalismo de origen francés, con relaciones vasallá­ticas de lealtad directa al monarca, donante de toda la tierra y por tanto con un poder inmenso, comparado con el rey francés.
ALEMANIA.
En Alemania el feudalismo fue muy original, en una tierra recién con­quistada, sin pervivencia romana, con una sociedad germánica comunal. Los condes dominaban territorios extensos y poco po­blados. El campesinado era libre y elegía tribunales locales, mientras la nobleza de clanes no tenía vasallaje.
La amenaza húngara promovió el poder de la dinastía sajona de los Otóni­das, que renovaron la estructura política carolin­gia y se basa­ron en los feudos eclesiásticos, que eran temporales en contras­te con los nobiliarios hereditarios.
El feuda­lismo sólo llegó real­mente en el siglo XII y su auge se hizo esperar hasta los si­glos XIII y XIV, con la debilita­ción del emperador y la expansión hacia el Este.
ITALIA.
En Italia perviven las tradiciones clásicas, con una vida urbana puesto que el poder de la Iglesia mantiene todavía vivas las ciudades. La so­ciedad ru­ral es heterogénea: feudos al Norte, campesinos li­bres, te­rra­te­nientes urbanos, latifundios de esclavos al Sur. En el sur (Ná­poles y Sicilia) los normandos establecieron en los siglos XI y XII un mo­delo similar al francés.
ESPAÑA.
En España ya hemos visto que hay un protofeudalismo duran­te la fase final del reino visigodo de Toledo. Tras la conquis­ta islámica, este precario sistema es destruido.
En España cabe distinguir entre Cataluña, que siguió el modelo francés, y el resto de los reinos hispánicos, en los que el feudalismo adoptó unas modalidades muy distintas.
Con la formación de los reinos cristianos y la Recon­quista el feudalismo toma unas ca­racterísticas pro­pias, con campesinos libres en las fronteras que se mueven pau­latina­mente hacia el Sur, con garantías lega­les registradas en los fueros, así que el feuda­lismo sólo llegó en los siglos XII-XIII y limi­tado a la Meseta y Andalucía. Así, en Castilla-León el beneficio no estu­vo unido al va­sallaje y nunca fue here­ditario: se concedía a cambio de unos servicios; en el siglo XIII desapareció, sustituido por la here­dad. En Navarra y Aragón se concedía a cambio de servicios ar­mados.
La ex­cepción es Ca­taluña, que imita el mode­lo carolingio ya desde el siglo X, con las instituciones del beneficio y del conda­do, con un cam­pesi­nado muy explotado por una comple­ja or­ganiza­ción seño­rial.

Europa en el siglo XI.


4. LA ECONOMÍA FEUDAL.
Condiciones generales de la vida económica.
Los siglos VI a X fueron de estancamiento económico. Se modi­ficó el espa­cio económico al expansionarse hacia el centro de Europa y al aparecer el Islam. La miseria era general debido a la catástro­fe de las estructuras políticas y económicas del Imperio (im­puestos, moneda, seguridad, comercio, precios), de­viniendo en una “economía natural” de intercambio hasta que el feudalismo asentó unas nue­vas bases para el desarrollo.
En el siglo XI comenzó un resurgir económico, con el asenta­miento político de las monarquías feudales, el rechazo de las invasiones exteriores, el lento resurgir del comercio y de las ciudades, el aumento de la población, etc. Así, la población de la Europa feudal pasó de 20 millones de habitantes en 600 a 70 millones en 1300.
Actividades económicas en el me­dio ru­ral.
Era un mundo del bosque, de espa­cios rurales recupera­dos por la naturaleza. El clima evolucionó a una mayor aridez. Las cos­tum­bres alimentarias de los germanos (caza, pesca, gana­do, re­co­lección) se mezclaron con las medite­rráneas (pan, vino, acei­te). No se perdieron las técnicas agrí­colas (rotación de culti­vos, herramientas de hierro, molino de agua). Los cereales eran la base de la alimentación; la vid y el olivo se expandie­ron, como la ganadería.
Un factor esencial para comprender el mundo agrario y la socie­dad en la Edad Media es lamejora de la téc­nica agríco­la: la sustitución del arado ligero de ruedas, que sólo abre la capa superficial, por el pesado, con un cuchilla frontal que abría profundamente la tierra y unas orejeras de hierro que la remueven; la tracción de animales de tiro (caballos y mulas más rápidos) mediante colleras; la difusión de nuevos cultivos y de los regadíos, etc. Todas estas mejoras explican el aumento (aunque lento, como su misma difusión) de la producción alimen­taria, lo que llevará al aumento demográfico y la vida urbana.
Propiedad, explotación de la tierra y estructura so­cial.
Hay una tendencia a la expansión de la gran propiedad, cada vez más en ma­nos de la aristocracia regional. En cambio, la propiedad real menguó cuando los reyes per­dieron su poder poco a poco. También la Iglesia acaparó grandes propieda­des rurales lo que provocó que Carlos Martel rea­lizase la primera gran seculariza­ción para limitar el fenóme­no.
Lo im­portante era la pro­ducción y no la propiedad de la tierra, pues casi no había moneda para pagar los servicios y, para la monarquía, el único instrumento de pagos importantes era la misma tierra. Carlos Martel y Carlo­magno pagaron sus guerras de este modo.
Los dominios señoriales.
Los dominios señoriales se dividían en tres partes:
- Terra indominicata (propiedad del señor): trabajadas por esclavos y también por colo­nos en ciertas épocas, lo que per­mitía compensar el bajo rendimiento de los esclavos y afrontar las puntas de trabajo durante la siembra y la cosecha.
- Mansos de los colonos arrendatarios libres. Pagaban en especie y en servicios.
- Prados y bosque de aprovechamiento común.
El comercio y las actividades urbanas.
El comercio urbano era muy pequeño, dada la escasa dimen­sión de su población pero el comercio internacional mantuvo cierto nivel pese a todo, en especial en el Medi­terráneo (con Bizan­cio) y el Mar del Nor­te. La pro­duc­ción arte­sa­nal se rura­liza. La moneda decae, por la falta de poder esta­tal, subsis­tiendo sólo la de oro has­ta el siglo VII.


5. LA SOCIEDAD FEUDAL.
La búsqueda de cohesión y seguridad sociales.
El pro­blema era cómo crear un conjunto social coherente, con garantías de seguridad para los habitantes.
- La fusión social. Se fundieron poblaciones heterogé­neas, con una profunda aculturación (cre­ciente a mayor número de ger­manos). Las aristocracias romana y germana se fun­dieron con facilidad salvo en África, Italia y Bretaña. En el campo fue muy fácil, debido a la ruralización de la sociedad; más difícil fue en la ciudad.
- Fa­mi­lia y clientela. Al decaer la seguri­dad garantizada por el Estado los individuos la busca­ron en la familia en la que el ma­trimonio será una contraprestación (una familia cede una mujer a cambio de otra), y la clientela como base de los vínculos de poder.
El ordenamiento y la práctica jurídicos.
Al principio hay una osci­la­ción entre los principios jurí­dicos de na­cionali­dad (germano) y te­rritoriali­dad (romano), el derecho de origen colectivo (germano) y el de origen real (ro­mano). Se ponen por escrito las principales fuentes del dere­cho: Código de Eurico, Brevia­rio de Alarico y elLiber Iudicio­rum en Hispa­nia.
En la época feudal aparece ya un derecho común a germanos y romanos, que se han fusionado. La influencia del derecho ro­mano, desde los centros italianos, permite hacer las primeras recopilaciones legislativas, al principio pobres en técnica jurídica. Hasta el siglo XIII no se harán los primeros grandes códigos medievales.
Población, grupos sociales en el me­dio rural.
El descenso de población en la Alta Edad Media fue general por varias cau­sas: hambre, guerras, enfermedades, peste, inse­guridad indi­vi­dual y colecti­va, en un círculo vicioso de poca población y poca pro­ducción. Por debajo de la aristocracia y la Iglesia terratenientes estaban los propietarios libres, los co­lonos siervos que cul­tiva­ban los mansos de los dominios seño­riales y que vivían en la miseria nor­malmente y la mano de obra es­clava para la “terra indo­mini­ca­ta”.
Desde mediados del siglo XI la población vuelve a aumentar: en dos siglos se dobla, gracias a la relativa paz, la mejora del clima y de las técnicas agrarias, etc.
Ciudades, población urbana y grupos sociales urbanos.
La deca­den­cia urbana comenzó con la crisis del siglo III y se ahondó en los siglos “bárbaros”. Mantuvieron las ciudades unas funcio­nes político-administrativas, militares, eclesiás­ticas (sobre todo las sedes episcopales), agrarias y comercia­les. El resurgir desde el siglo XI fue muy lento.
La pobla­ción urbana era escasa: 10.000 habitantes hacían una gran ciudad; París y Roma al­canzaban los 20.000 y destacaban sobre­mane­ra sobre las demás. Los grupos sociales estaban jerarquiza­dos como la sociedad feudal: en la cúspide el obispo y los po­cos no­bles urbanos, en medio los clérigos y caballeros, abajo los artesanos y comerciantes libres, al fondo los siervos y esclavos urbanos.
LA PIRÁMIDE SOCIAL.
La sociedad señorial estaba articulada férreamente en una estructura jerarquizada, como una pirámide, en la cumbre el monarca; en medio la nobleza, la Iglesia, los propietarios li­bres; abajo los campesinos colonos y esclavos. Fundamentalmente es la división de la sociedad medieval en tres órdenes o esta­mentos: los gue­rreros que luchan, los sacerdotes que rezan y los campesinos que producen.

Mapa conceptual de la sociedad feudal. [HistoriaGuadiana.blogspot.com]


El monarca.
El monarca era el máximo señor feudal, en la cúspide de la pi­rá­mide social, y dependía de los recursos económicos de sus propios dominios y del servicio militar de los vasallos. No tenía control sobre toda la población porque la jurisdicción era indirecta.
Perry Anderson cree que este modelo puro, de rey sin auto­ridad, no existió en realidad más que como una entele­quia por­que hu­biera sido tan ineficaz que la nobleza no hubiera podido mante­ner sus privilegios frente a los enemigos interio­res y exterio­res. El fracaso del reino vi­sigodo pudo servir de ejem­plo disuasivo.
Los nobles.
Un grupo de nobles, constituido por los que estaban situa­dos sólo por debajo del rey hasta el último castellano, acapa­ra­ba la pro­piedad agraria y la riqueza, estratificándose inter­na­men­te por sus riquezas y número de vasallos.
La Iglesia.
La Iglesia aumentó su poder y autonomía, con enormes ri­quezas territoriales y pecuniarias, con grandes grupos de man­sos de­pendientes directamente de las parroquias, obispados, arzobis­pados, monasterios y abadías, con sus propias relaciones vasa­lláticas. Muchos párrocos eran esclavos de señores feudales que así se apropiaban de los ingresos de los mansos. Muchos nobles laicos acumulaban cargos eclesiásticos, en detrimento de la calidad de la vida religiosa.
Los propietarios y hombres libres.
El grupo de propietarios libres, que no eran vasa­llos de nadie o eran vasallos con un pequeño feudo. Se unían entre sí para financiar caballeros armados. Pero eran continua­mente pre­sionados por los poderosos para que aceptaran el pa­tronazgo, con impuestos ilegales, reclutamiento militar y otros abu­sos. Los numerosos campe­sinos alo­dia­les (con plena propiedad) vivían en perpetua insegu­ridad y soli­citaban la protección de los po­dero­sos, a cambio de sus tierras o de servicios. También había unos pocos hom­bres libres en las ciudades, sin propiedades ni va­sa­llos, pero que tenían ofi­cios o cargos importantes en la so­ciedad como artesanos, médicos o funciona­rios.
Los grupos campesinos: esclavos y colonos.
En el siglo IX el campesinado occidental estaba ya unido ma­si­vamente a la tierra, en una situación jurídica indecisa. Ha­bía varios grupos socia­les en el campesinado:
- Esclavos, con condición jurídica de “cosa”, que podían ser vendidos y separados de su familia si se vendía la tierra. Pero entre ellos había castas: los que cultivaban la tierra, los que servían en la casa del señor, los “servi casati” que recibían y explotaban un fundo en su propio provecho y practi­caban la artesanía. En Francia había pocos esclavos, pero abun­daban en Alemania, Italia y Cataluña.
- Colonos, con una libertad jurídica limitada, según el lugar en que vivían, unidos por vida a la tierra, con obliga­ciones de impuestos y cargas de trabajo en la terra indominica­ta, artesanía de tejido, servicios domésticos, etc., y derechos restringi­dos de boda y herencia. Pero tenían obligación militar y por ello podían acceder a los tribunales y limitar sus traba­jos. Culti­vaban los mansos y aprovechaban la caza y la recolec­ción.


BIBLIOGRAFÍA.
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Southern, R.W. La formación de la Edad Media. Alianza. Madrid. 1980 (1953 inglés). 281 pp.

PROGRAMACIÓN.
ORÍGENES Y DESARROLLO DEL FEUDALISMO. LA ECONO­MÍA SE­ÑORIAL. DEBATE HISTORIOGRÁFICO.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 4. Sociedades his­tóricas. Núcleo 3. Las sociedades medieva­les.
- Las sociedades feudales europeas y el desarrollo urbano: el Románico y el Gótico.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con el tema de la Educación para la Paz, Educa­ción Ambiental y Edu­cación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental de motivación. Diálogo para evaluación previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas, gráficos y comenta­rios de tex­tos.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; Co­mentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Definir los términos relacionados con el feudalismo.
Sintetizar el debate historiográfico sobre el feudalismo.
Conocer la evolución del feudalismo: precedentes, la época caro­lingia, el feudalismo clásico en Europa Occidental.
Analizar las instituciones feudales.
Relacionar la economía y sociedad señorial con las insti­tuciones feudales.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El feudalismo: el debate historiográfico.
La evolución del feudalismo: precedentes, la época caro­lingia, el feudalismo clásico en Europa Occidental.
El feudalismo: instituciones.
Economía y sociedad señorial.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema; análisis de mapas, gráficos, textos.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Valorar las culturas medievales.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre el feudalismo, preparando las activi­dades del grupo.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de un esquema de la evolución de las institu­cio­nes, con presentación gráfica de las relaciones entre las ins­tituciones.
Comentarios de textos sobre teorías del feudalismo, la evolución de las instituciones... Debate de grupo y síntesis sobre el feudalismo: cuáles fueron las causas, la datación, la loca­lización, las principales instituciones.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones y definir términos (feudo, señorío, reserva señorial, manso, siervo, castellano...) buscando las respuestas en fuentes de textos, manuales, enci­clopedias..., en horario fuera de clase y dialogando en el grupo en clase.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Libros de texto, manuales.
Documentales, La vida al camp a l'època del gòtic, 15',34''. El feudalisme, 13'. 30''. Serveis de Cultura Popular. Se refiere a Cataluña en la Baja Edad Media, pero con una referencia a los inicios del feudalismo en el siglo X y a la economía señorial.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre los fenómenos políticos, jurídicos, económicos y sociales; en la relación entre los procesos espa­ñol y eu­ropeo.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).


[1] Perry Anderson. Transiciones de la Antigüedad al feu­da­lismo. 1979: 156.
[2] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 41. También Eric Hobsbawm. Del feudalismo al capitalismo, en R. Hilton. La tran­sición del feudalismo al capitalismo. Crítica. Barcelona. 1977: 226-227.
[3] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33.
[4] Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33-34.
[5] Pero tam­bién puede interpretarse de modo geopolítico (se­gún las tesis deterministas de Rat­zel) que la unión e integra­ción en monar­quías nacionales fue provo­cada por la competencia con otros Estados por el te­rrito­rio: sólo los más exten­sos en espacio y población y los más fuertes institucio­nalmente podían extenderse y sobrevivir a largo plazo, excepto los Esta­dos pe­queños en zo­nas relativamen­te ais­la­das (Suiza) o que se alia­sen contra los in­vasores (Ita­lia hasta el siglo XVI) o que el equili­brio en­tre to­dos se mantu­viera estable (Alemania).
[6] Bonnassie, Pierre. Les cinquante mots clefs de l'histoire médiévale. Privat. Toulouse. 1981: 86.
[7] Fontana, Josep. Historia: Análisis del pasado y proyecto social. Crítica. Barcelona. 1982: 256-258.

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