miércoles, 31 de octubre de 2012

Unidad 24. La Península Ibérica hasta la dominación romana


UD 24. LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA.

INTRODUCCIÓN.

1. PALEOLÍTICO PENINSULAR.
1.1. INFERIOR.
1.2. MEDIO.
1.3. SUPERIOR.
Arte rupestre.
Arte mobiliar.

2. MESOLÍTICO.
2.1. COSTA CANTÁBRICA.
2.2. LITORAL MEDITERRÁNEO.
Arte rupestre levantino.
2.3. CONCHEROS DEL MUGE.

3. NEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Datación.
Origen mediterráneo.
3.1. NEOLÍTICO ANTIGUO.
3.2. NEOLÍTICO PLENO: CULTURA DE ALMERÍA.

4. EL ENEOLÍTICO.
4.1. MEGALITISMO.
4.2. MONUMENTOS MEGALÍTICOS.
4.3. APARICIÓN DE LA METALURGIA.
4.4. CULTURA DE LOS MILLARES.
4.5. CULTURA DEL VASO CAMPANIFORME.

5. LA EDAD DE BRONCE.

5.1. CULTURA TALAYÓTICA: BALEARES.
5.2. CULTURA DEL ARGAR.
5.3. BRONCE ANTIGUO.
5.4. BRONCE MEDIO.
5.5. BRONCE FINAL.

6. LA EDAD DEL HIERRO.
6.1. TARTESSOS.
6.2. LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
6.3. LOS IBEROS.
El fenómeno ibero.
La diversidad tribal.
Organización socio-política.
Economía.
Religión.
Cultura.
Arte.
6.4. LOS PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE DE LA PENÍNSULA.
El fenómeno celta.
La diversidad tribal.
Organización socio-política.
Economía.
Religión.
Cultura.
Arte.
6.5. LOS VASCOS: UN CASO APARTE.

7. LAS COLONIZACIONES.
7.1. FENICIA.
7.2. GRIEGA.
7.3. CARTAGINESA.

INTRODUCCIÓN.

La vastedad del tema exige un gran esfuerzo de sínte­sis para concentrarlo en una breve explicación. Así, para un estu­dio más pormeno­ri­zado del Paleolítico inferior me remito a la UD del proceso de hominización.
Además, me centro sólo en la Península Ibérica, ha­ciendo sólo breves menciones a las islas Baleares, que exigen un tema propio, que en la programación es el siguiente.
El estudio de la Prehistoria y de los inicios de la Histo­ria en la Península Ibérica es aún incompleto, con muchas y grandes lagunas en la arqueología de la Prehistoria y en las fuentes escritas antiguas (indirectas hasta el s. –III aC) y ello obliga a mantener siempre abierta la investi­gación a tesis y datos nue­vos sobre los yacimientos, sobre todo res­pecto a los modos de vida y organización social.
Casi todas las fechas son aC, por lo que generalmente no se añade, salvo en algunos casos en que pueda llevar a duda.
Una periodización.
La historiografía divide la prehistoria, de la que no te­nemos documentos escritos, en dos Edades:
Edad de la Piedra: Paleolítico (piedra tallada), Mesolíti­co (transición), Neolítico (piedra pulimentada), Eneolítico (transición a los primeros metales, cobre).
Edad del Metal: Bronce, Hierro. Estas dos fases son ya Historia en el Próximo Oriente.
Otra división posible es: a) etapa de economía depredado­ra (Paleolítico), b) etapa de economía productora (desde el Neolí­ti­co).

1. PALEOLÍTICO PENINSULAR.
Hay una economía depredadora basada en la caza, la pesca y la recolección. No existen excedentes que permitan una división del trabajo. Los grupos son pequeños (10-20, máximo hasta 50 individuos), escasos y aislados. La población más numerosa (en el Pa­leolítico Su­perior) debió ser de 50.000 individuos en toda la Península. Viven en los valles de los ríos, cerca de las zonas de pasto de los rebaños.
El Paleolítico se divide en tres periodos: In­ferior, Medio y Su­perior.
1.1. INFERIOR.
Es el periodo más largo, pues transcurre entre 600.000 y 100.000, durante las glaciaciones Günz, Mindel, Riss I y Riss II. Algunos auto­res retrotraen el inicio del periodo hasta hace 2 M de años, ya en la gla­ciación de Donau. La fauna del Pleis­to­ceno Anti­guo tenía aún especies del Ter­ciario (e­le­fan­tes, équidos, cér­vidos) y ya en el Pleistoceno Medio apare­cie­ron otros ele­fan­tes, rino­ce­rontes, équidos, cérvidos, bó­vi­dos, car­nívoros.
El proba­ble origen de la población es africano. Los fó­si­les humanos más antiguos de Presapiens son muy anteriores al Paleolítico y se duda si serían los de Orce (Granada), tal vez un Homo ergaster de 1,6 a 1,2 M de años, aunque hay serias du­das sobre si son restos humanos, y, con total seguridad por los abun­dantes restos de hue­sos, los de Ata­puerca (Burgos), que han sido propuestos recientemente (1998) como una nueva especie, el Homo antecessor de 800.000 años, y Acula­dero (Puerto de San­ta María, Cádiz), pero no pare­ce que haya rela­ción cultural en­tre esta po­blación y las poste­rio­res. Hay toda­vía pocos da­tos para completar el pro­ceso de ho­miniza­ción en Es­pa­ña, que en todo caso es el que tiene más res­tos óseos de Eu­ro­pa.        
Hay pocas cuevas habitadas, pues el hábitat y, por consi­guiente, los ya­cimientos están al aire libre, en te­rritorios de caza situa­dos en te­rra­zas de ríos (Man­zanares), la desembocadu­ra del Ta­jo, en So­ria (Torral­ba y Am­brona), Burgos (Atapuerca).
La caza es el soporte fundamental de la economía. Se cazan caba­llos, ga­mos, cor­zos, bóvidos, ri­noce­ron­tes, y en To­rralba y Ambrona hay incluso restos de elefantes. Los animales se des­car­na­ban en el mismo lugar de caza.
La industria lítica, esencial para el descarnamiento de los animales, se basa en materiales de cuarcita, sílex, cuarzo.
Gracias al estudio de la industria lítica se divide en dos cul­tu­ras (con subdivisiones), posible­men­te relacionadas con las eta­pas gla­ciares e in­tergla­ciares:
1) Pie­dras de formas gran­des: a) la Pebble Cultu­re (cultura de guija­rros o cantos traba­ja­dos), b) Abbevillen­se y Achelen­se (de hachas de mano bifaces, labradas en sílex por am­bas caras).
2) Pie­dras peque­ñas: a) Clactonien­se (las­cas), b) Taya­ciense (mi­cro­litos).
1.2. MEDIO.
Su periodo es entre 100.000 y 35.000, durante las gla­cia­ciones Wurm I y Wurm II, en el periodo Muste­rien­se. La fauna es del Pleistoceno Superior, con grandes herbívo­ros: ciervo, caba­llo, bóvido, rinoceronte, ca­bra, corzo, ja­ba­lí; carnívoros: oso, hiena, zorro.
Los fósiles humanos son del tipo Homo sapiens Neandertha­lensis, con la mandíbula de Baño­las (Gerona), el pa­rie­tal de Cue­va Negra (Valencia) y los res­tos de Cueva Morín (San­tander), Cueva del Piñar (Granada) y Gibraltar.
El hábitat es al aire libre en las terrazas de los ríos de la Meseta, pero sobre todo en cuevas, debido al empeoramiento glacial del clima.
La industria lítica es de microlitos, con talla de los útiles de piedra en lascas: raede­ras, denticulados, pun­tas, cuchi­llos de dorso, bifaces. Se de­sarrolla la técnica “leva­llois” de ex­tracción de lascas.
Bordes distingue cua­tro tipos de industria musteriense:
1) Mus­teriense típico (e­quilibrio).
2) Charentiense (50% de raederas).
3) Tra­dición achelense (ti­po A con bifaces, tipo B con cuchi­llos de dorso).
4) De denticulados (50% o más de den­ticu­lados).
Estos cua­tro tipos Bores los subdivide en ocho, según usen téc­nica levallois o no.
Hay una distinción de las zo­nas según el predominio de las industrias: 1) Cornisa Cantábrica (denticu­lados, charen­tien­ses), 2) Catalu­ña (denti­culados, típi­co), 3) Valencia (tí­pico), 4) Anda­lucía (típico), 5) Meseta (charen­tiense, típico).
1.3. SUPERIOR.
Entre 35.000 y 9.000, duran­te las glaciaciones Wurm III y Wurm IV. El clima de la Cornisa Can­tá­brica era mucho más frío que el actual, con estepa y bos­que de taiga. El Medi­terrá­neo era tem­pla­do y seco. La fauna en el Cantábrico tenía mamuts y el rinoceronte lanu­do, especies de zona fría.
Los fósiles humanos son del re­cién llegado Homo sa­piens sa­piens, muy abundantes, de los tipos Cromagnon y Chan­ce­lade. La Península tendría entonces un máximo de 50.000 habi­tantes.
El hábitat es nómada y se localiza junto a las zonas de caza y los ríos y las costas para la pesca y marisqueo. En el litoral mediterráneo se vive al aire libre y en lugares más fríos en abrigos y cuevas. El interior de las cuevas se reserva para santuarios y el arte, y a veces para enterramiento y habi­ta­ción. Se desarrollan las es­truc­turas de habita­ción, nuevos ti­pos de úti­les líticos y óseos, objetos de ador­no, colorantes, obras de arte mobiliar y parietal.
La industria lítica se diversifica y especializa, con úti­les múltiples y compuestos, con técnica de extracción lami­nar. Hay buriles raspadores, hojas y hojitas de dorso. Hay cin­co etapas en la industria lítica:
1) Perigordiense Inferior o Chatel-perroniense, en Cue­va Morín, con punta de dorso y raederas.
2) Auriñaciense, en Can­tábrico y Levante, con industria ósea sobre todo y útiles líti­cos como raspadores, hojas de es­camas, buriles arqueados.
3) Gravetiense, en Levante, con pun­tas de dorso recto.
4) Solu­tren­se, en el Norte y Levante, con la aparición de las pun­tas de flecha (que se hacen con retoque plano).
5) Mag­dale­niense, también en el Norte y Levante, con la apari­ción de más utensi­lios de hueso y asta (ar­pón), junto con raspadores, buriles, hojitas de bor­de reba­jado. Es esencial laindustria ósea en el Magda­le­niense, con sus azagayas, agujas perforadas, arpón y propulsor (en Levante).
Al final del Paleolítico Superior se desarrollan los obje­tos de adorno, generalmente para colgar del cuerpo.

El Paleolítico en la Península Ibérica.
Arte rupestre.
El arte rupestre se realiza en paredes y techos de cuevas y abrigos. Su datación era problemática, por no tener una aso­ciación con útiles líticos, pero las modernas técnicas han su­perado el problema. El periodo de máxi­mo esplendor del arte es el Mag­dale­nien­se (15.000-9000).
En España hay una gran ho­moge­neidad. Destaca la zona del Cantá­bri­co, sobre todo en Al­tami­ra, El Cas­tillo, La PasiegaLa Pi­leta (Santan­der), pero también en As­turias.
Tiene un acusado naturalismo y po­li­cromía (los colo­res son ne­gro, ocre y rojo). Se dibuja toda la super­ficie de la figura y no sólo el contorno. Se usan los re­lieves de la roca para dar volumen. Se repre­sentan animales de caza: ca­ballo, bisonte, cabra, toro, reno y ciervo. Hay muy pocas figuras hu­ma­nas (de­talladas o esquemáti­cas). Se represen­ta en negativo y en posi­tivo, y en signos.
Arte mobiliar.
El arte mueble se transporta. Es más fácil de datar al asociarse a la industria lítica. Hay azagayas, arpones, basto­nes de mando. Se decoran con geometría o animales.
Interpretaciones del arte prehistórico.
El arte paleolítico se extiende por unas 300 cuevas desde los Urales a Gibraltar, pero las que tienen más interés por el talento de sus creadores son las de la cornisa franco-española del Cantábrico, con unas 50 cuevas. Empezó en 35.000 aC y terminó en 10.000 aC, con una cima en Altamira en 15.000 aC. Pero continúan descubriéndose cuevas, como en 1994 en Chauvet, cerca de Marsella.
En el fondo de l­as interpretaciones subyace el pro­blema del hombre prehistóri­co de luchar por la supervivencia, a lo que se dirigirían dos acciones: la propiciación de la caza, garan­tía de la alimenta­ción, y la potencia­ción de la fertili­dad, garantía de la perdu­rabili­dad de la es­pecie humana. En el sistema del lenguaje visual del Paleolítico la figu­ra humana está excluida; las figuras animales se agrupan y se organizan por combinación y oposición; hay una composición de figuras dominantes, jerarquizando las figuras secundarias; la compo­si­ción es constante, salvo variaciones regionales y crono­lógicas. Las tres técnicas son la pintura, el dibujo y el gra­bado en la piedra.
Las interpretaciones más usuales son las que lo rela­cionan con la re­ligión, la ma­gia propiciatoria de la ca­za, la fertilidad, el tote­mis­mo, ritos de iniciación.
· La interpretación de Reinach (en los años 30, y seguida por Bosch Gim­pera), funda­mentada en los estu­dios etnológicos, daba al arte un ca­rácter mágico. Así el arte ser­viría para propiciar la caza de la que dependían para vivir, median­te la representación de los anima­les que consti­tuían su objeti­vo y mediante la rea­liza­ción de conjuros.
· Leroi-Gourhan, en los años 40 y 50, siguiendo las teorías del estructuralismo, ha explicado arte rupestre como una función mágico-re­ligiosa, representando el doble principio masculino y fe­meni­no, con una oposición de las figuras en dos gru­pos, mascu­lino y femenino. Este autor ha descrito cua­tro estilos:
1) Perigordiense: apenas unos tra­zos.
2) Auriñaciense: las primeras figuras bien desarrolladas.
3) Solutrense (16.000-14.000): figuras más avanzadas, con cabezas a tamaño menor, con colores rojos. En España desta­can las pinturas de la cueva del Pendo (Canta­bria), con 14 ani­males (ciervos, caballos, bisontes, una cabra).
4) Magdaleniense, en el Paleolítico Superior: Antiguo (el más notable, con el realis­mo del conjunto de Altamira) y Reciente (con tendencia al natu­ralismo y la esquematización, con una cierta decadencia).
En cambio, las Venus paleolíti­cas (como la de Willendorf) debían ser sím­bolos de fertilidad femenina.
· La interpretación de Max Raphael, en los años 50 y 60, basada en el estructuralismo de Leroi-Gourhan y el psicoanálisis, apunta que son resultado del inconsciente de los pueblos primitivos, que representarían esos opuestos masculino-femenino sin ser conscientes de ellos.
· Clottes y Lewis-Williams (1997) pro­ponen que las pinturas prehis­tóricas son obras de unareligión animista, realizadas por chamanes sometidos a un trance aluci­na­torio. Para ello se apo­yan en el estudio de los chamanes ac­tuales de los bosquimanos de Africa del Sur.[1]
· Las nuevas interpretaciones estructuralistas, p.e. la teoría de Sau­vet, superan el planteamiento de Leroi-Gourhan (que semiaisla el arte de la cultura), así como a las que ven el arte sólo como propiciación de la caza, y tratan al arte integrándolo en las manifestacio­nes cultura­les. Resultan así oposiciones y complementaridades, junto a dualidades caballo-bisonte, masculino-femenino, que favorecían la perpetuación del grupo a través de historias tra­dicionales dibujadas por y para los iniciados.
· Las interpretaciones más actuales explican la aparición del arte cono resultado de una serie de factores: chamanismo, manifestación cultural para la caza, magia y diversión.[2]
Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, cuenta que ‹‹No hay una razón que explique el arte paleolítico en su conjunto, depende de cada circunstancia.›› pues ‹‹Los chamanes debían saber pintar o aprender para ejercer como tales. Pero también debían ser magos, curanderos, sacerdotes. Lo que está fuera de duda es que tenían talentos descomunales y son artistas anónimos, reconocidos hoy por sus colegas contemporáneos.›› Sobre el origen geográfico añade: ‹‹No hay claridad, no se sabe dónde empezó todo. Probablemente se iniciaron las técnicas en África y luego se fueron extendiendo a Europa.››[3]
Gerhard Bosinski, catedrático de Prehistoria de la universidad de Colonia y tal vez el mayor experto en el tema: ‹‹Eran guías para iniciar a la vida, a la cultura y a la caza a los más jóvenes. También fiestas de culto, formas de acercar a la gente a entender su cosmogonía, una explicación del todo, una orientación.›› Sobre el origen geográfico: ‹‹En cualquier parte pudo surgir, antes de los grandes templos había pequeños objetos móviles donde se ensayaba, en piedras sueltas, cosas así.››[4]
Frente a las interpretaciones religiosas, el profesor Balbín sostiene que eran señales, como demuestra el hecho de que las pusieran tanto en cuevas y abrigos como en lugares de vivienda y sitios de paso, como el yacimiento de Siega Verde (Salamanca), datados en 18.000-14.000 aC, en una probable zona de caza estival.[5]

2. MESOLÍTICO.
El Mesolítico o Epipaleolítico dura entre el 9000 y el 5000. Presenta culturas muy pobres, propias de unos pue­blos que se quedaron en la península cuando el clima cambió y lo cazado­res de renos del Magdaleniense marcharon tras estos y con su cul­tura hacia el norte de Europa. Se dis­tinguen tres áreas:

El Mesolítico y Neolítico en la Península Ibérica.

2.1. COSTA CANTÁBRICA.
Se da en cuevas debido al rigor del clima.
A) Cultura del Aziliense cantábrico. Cueva de los Azules, con el único enterramiento peninsular de la época. Material microlítico y una decadente industria ósea. El mayor yacimiento es la cueva de Piélago, con cuatro periodos: Protoaziliense (10.000), sin arpones; Aziliense I (9500), con arpones -como los restantes-; Azi­liense II (8500); Aziliense III (7500).
B) Cultura del Asturiense cantábrico. Pertenece a las eu­ropeas “Culturas de los con­cheros”. Hay el pico asturiense (pa­ra desprender el molusco de la roca).

Arte rupestre levantino.
Se extiende desde el 8250 al 2500, por lo que cabalga so­bre distintos periodos y se complican las teorías.
Para muchos auto­res, de principios del s. XX (Breuil, Obermaier) y más recientes (Bosch Gimpera) es un arte paleolí­ti­co (por lo que no es­taría en este apartado), en base a que representa una fauna paleolítica (caballos).
En cambio, para Al­magro y Hernández Pacheco es un arte postpaleolí­tico, pues hay grandes diferencias respecto a la fauna paleolítica (no hay renos, osos ni mamuts) y las figuras no están aisladas (como en la paleolítica), sino asociadas en escenas, lo cual denota un arte más avanzado.
Pericot y Beltrán consideran que es un arte de una evolu­ción en una larga fase de tran­sición del Paleolítico al Mesolí­tico: en el primero habría figuras sueltas, como las plaquitas de arte mobiliar de Parpalló, y en el segundo ya habría escenas de ca­cerías.
Destacan las zonas de Lé­ri­da (Cogull), Caste­llón (Valltor­ta) y Albacete (Alpera, Minate­da). El arte rupestre levantino se da en abrigos rocosos al aire libre, nunca en cue­vas, y no hay yacimientos asociados (lo que lo distingue del arte paleo­lítico francocantábrico).
Es una pintu­ra monocroma (tintas pla­nas monócromas), en rojo y a veces en blanco y negro. Es muy esquemática, llena de expre­si­vidad y narrativa (las representa­ciones suelen reprodu­cir esce­nas), siendo los temas favoritos los animales y, sobre to­do, las fi­guras humanas (desnudas o vesti­das con toca­dos, ador­nos y ar­mas), que aparecen cazando (el tema más común), bai­lando, recogiendo miel o fru­tos. Al final la pintura desapa­rece, sustituida por el grabado sobre piedra en los inicios del Calcolítico.
2.3. CONCHEROS DEL MUGE.
En la confluencia de los ríos Muge y Tajo, con hábitat al aire libre y un importante marisqueo, que conforma grandes de­pósitos de conchas.
3. NEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Concepto de Neolítico.
Más que una innovación de la técnica lítica (evolución de la piedra tallada a la piedra pulimentada), fue una verdadera re­volución de la economía. Con una climatología semejante a la actual, el hombre dejó de ser depredador (caza, pesca y reco­lección) para convertirse en productor (agricultura y ganade­ría).
Datación.
Su datación en la Península es desde el 5000 al 2000, des­de que se pulimenta la piedra y aparece la revolución agrí­cola y ganadera hasta que aparece el trabajo de los me­ta­les.
Origen mediterráneo.
El problema de los orígenes propios o importados del Neo­lítico ibérico se ha decantado a favor de la tesis de la proce­dencia oriental a tra­vés del Medi­terráneo y del norte de Áfri­ca. Prue­ba de ello es que en la pe­nínsula la neolitización se concentra en el litoral mediterrá­neo, mientras que en el N hay una neoliti­za­ción tardía y cen­trada sólo en la ga­nade­ría. En el Mediterrá­neo había una gran comuni­dad neolíti­ca co­munica­da por mar desde Oriente, del cual venían influen­cias de plan­tas, ani­males, técnicas, cultu­ra, etc.
Para la doctora Rubio hay un fenómeno de aculturación, con un doble proceso de continuidad del sustrato precedente y de llegada de pobladores exteriores, con su cerámica, piedra puli­mentada, animales domesticados, etc. La ganadería es diversa: oveja, cabra, vaca, cerdo, perro. Se importaron sin duda la oveja y la cabra, así como el trigo y la cebada (primeros vege­tales culti­vados en la península). El hábitat es al aire libre y en cue­vas.
3.1. NEOLÍTICO ANTIGUO.
Desde el 4.500. Se extiende por Cataluña, Valencia (cue­vas de la Sarsa), Cuenca y Anda­lucía. El hábitat es de cue­vas. La econo­mía es gana­dera y des­tacan los hallazgos de trigo y cebada de la Cova d'Or (Ali­can­te) en 4.500. Destaca por la cerámica cardial (decorada con impresio­nes en tierno de la con­cha car­dium), común en todo el Medite­rrá­neo, desde Palestina hasta la desembocadura del Tajo.
Últimamente se propone la tesis de un arte macro­esquemáti­co, que suce­de­ría h. 4.700-4.300 al arte rupes­tre le­vantino por evolu­ción interna con influjos ex­ternos. Este arte se extiende por los abrigos y cuevas del Levante (Petracos, Cova d'Or), con pintu­ras e incisiones figurativas humanas, mo­ti­vos geométricos y otros elementos (aún enigmáti­cos).

3.2. NEOLÍTICO PLENO: CULTURA DE ALMERÍA.
La gran cultura peninsular es la de Almería, en la rica zona su­reste, que albergará también la cultura de los Millares en el Eneolítico y la de El Argar en la Edad del Bronce. La cultura de Almería domina desde Andalucía hasta el Ebro, con los pri­meros poblados (El Garcel). Hay una cerámica con inci­siones e im­pre­sio­nes, que al final tendrá una deco­ración “a la alma­gra”, con arci­lla mexclada con óxido de hierro (almagre), dando un color rojo a la cocción.

Yacimientos de la cultura del Neolítico en la Península Ibérica.

4. EL ENEOLÍTICO.
En Eneolítico es un periodo de transición entre el Neolí­tico y las Edades del Metal, entre 2500 o 2000 y el 1000. La gran cultura peninsular es la de los Millares, mega­lítica y metalúrgica a la vez.
4.1. MEGALITISMO.
El megalitismo coincide básicamente con el Eneolítico, entre 3000 y 1000, cuando aparecen las pri­meras civi­liza­cio­nes his­tóricas peninsulares en el primer mile­nio. Las prime­ras tum­bas megalíticas en España son las de Tavertet (Ca­talu­ña), h. 3800/3700.
Es un fenómeno mal interpretado, que abarca temporalmente desde el Neo­lítico avan­zado hasta el Bronce Inicial, espacial­mente desde el S de Es­candi­navia por la costa atlántica hasta Medite­rráneo y acabar en el Egeo.
En realidad, no existe una “cultura megalítica” (“de pie­dras gran­des”), sino una coincidencia de varias culturas en varios pe­riodos en usar una técnica de grandes construcciones de piedra, con una concentración del trabajo de amplias comuni­dades humanas y con voluntad monumental (destinados a verse a grandes distancias).
En Euro­pa los primeros restos megalíticos apare­cen en dis­tintos luga­res, de modo independien­te, h. 5000. Hay actualmente tres gran­des inter­pretaciones:
- La procesual-funcionalista[6] (C. Renfrew y R. Chap­man) pro­pone que los megalitos eran ele­mentos que defi­nían los lími­tes te­rritoriales y legitimaban la pose­sión mediante la exhibi­ción de la tumba familiar.
- La neo­marxis­ta (Charles Ti­lley) propone que obedecen a la pro­pia estructu­ra so­cial de las comu­nidades (una desigualdad so­cial que provo­caría que la comunidad traba­jase para las élites).
- La postprocesual (I. Hodler) propone que tienen una cau­salidad simbólica, que no puede desligarse de su contexto his­tórico. Así, las tumbas serían un reflejo simbólico de las ca­sas anteriores o contemporáneas de sus constructores.

2.2. LITORAL MEDITERRÁNEO.
Hay dos industrias: Microláminas y Geométrica.
El hábitat son las cuevas. La economía es de caza, pesca y recolección en un primer estadio, para evolucionar lentamente hacia las primeras formas de agricultura y domesticación de animales. Aparece la primera cerámica, denomi­nada cardial.
La población mediterránea ya usaba drogas con fines tera­péuticos, como lo demuestra el hallazgo de un cráneo con doble trepanación y residuos de opio en las minas de Gavá, en el Baix Llobregat.

4.2. MONUMENTOS MEGALÍTICOS.
‹‹Hasta aquí el hombre no se había preocupado más que de su hábitat. Mas he aquí que concibe el monumento, expresión a su vez del grupo humano. Le confiere una función religiosa ante todo, adscribiéndolo al culto de los muertos o al de los pode­res divinos.
En su forma más sencilla, la “piedra alzada”, el menhir, es antepasado del monumento. Se piensa hoy, cada vez más, que está destinado a fikar el alma de un muerto. El menhir expresa ya esta función fundamental que hemos asignado al arte: crear un intermediario entre el hombre y el universo (...) esta pie­dra está cargada en seguida por el hombre de un sentido que no tenía por sí misma y que hace de ella un símbolo. Se convierte en el signo expre­sivo de una vida interior donde los muertos y las fuerzas naturales (...) toman el lugar exclusivo que ocupa­ban para el cazador el animal y la idea de fecundidad.›› [René Huyghe, El arte y el cazador.]
Los tipos más generales son:
Dólmenes: cámaras tapadas con piedras horizontales.
Galerías cubiertas: corredor de losas verticales tapadas.
Dólmen de corredor: sepulcro de corredor, con cámara fi­nal para enterramiento. Se cubrían con tierra.
Menhir: piedra hincada en tierra.
Cromlech: círculo de menhires (como el de Stonehenge).
Templos megalíticos de Malta: para el culto.
Cursus: caminos con lados vaciados. Conducen a monumentos.
Woodhenges: cromlechs de madera. Se conservan los orifi­cios en el suelo.
Causewayed Camps: recintos delimitados por un surco.
En la península el megalitismo aparece h. 3000, con crom­lechs (Lo­ma de Atalaya en Almería) funerarios. En 2900 los círculos fu­nerarios se dotan de pasillos con sepulcro de corre­dor y a ve­ces cierre de falsa cúpula: Romeral y Menga (Anteque­ra), Mata­rrubilla y Pastora (Sevilla).

Dolmen de Menga, Antequera.

4.3. APARICIÓN DE LA METALURGIA.
Hay dos teorías sobre su origen. La más antigua es un ori­gen mediterráneo, con buscadores de cobre y estaño procedentes del Próximo Orien­te, donde nació la metalurgia h. 3.500. La teoría más reciente aboga por un desarrollo independien­te en la Península, con­creta­men­te en Huelva, c. 3000, basada en su ri­queza en mine­ral de co­bre.
4.4. CULTURA DE LOS MILLARES.
En 2340 aparece ya la cultura de los Millares, en pobla­dos (el de los Millares tenía unos 2.000 habitantes) sitos en las cimas de coli­nas, con viviendas circulares de pie­dra y rodeados de mura­llas. Tenían al lado una necrópolis mega­lítica, con tum­bas tho­loi cubiertas con cúpu­la, pasillos com­partimenta­dos, crom­lechs concéntricos. Es una cul­tura de mezcla indí­ge­na me­galíti­ca ­(fu­ne­rario) y foránea (ar­tículos de impor­ta­ción). La econo­mía era agrícola y ganadera. Ex­tiende su influ­jo hasta Vila Nova (cerca de Lisboa).
4.5. CULTURA DEL VASO CAMPANIFORME.
El “pueblo portador del vaso campaniforme” se pensaba que había aparecido en Andalucía, pero la tesis actual es que apa­re­ció en Eu­ropa central y se extendió por todo Occi­dente, h. 2300-1600. Extiende dos rasgos: 1) Una cerámica común, acam­pa­nada inver­tida y muy decorada, de gran calidad. 2) El uso del co­bre.
La creen­cia de que era una cultu­ra homogénea ha dado paso a la opinión de dis­tin­tos gru­pos, épocas y luga­res, en lo que parece ser una moda cultural que daba presti­gio social. Fue usa­do por los pueblos megalíticos, así como por otras cultu­ras cal­colíticas.
La evolución cronológica apunta a dos fases:
1) Antigua (2300-2000), con tres tipos: cordada (decora­ciones de “cuerda”, en Países Bajos), marítima (decoración pun­teada, en Iberia), oriental (deco­raciones in­cisas, en Europa del Es­te).
2) Recien­te (2000-1600), con decoración incisa, lo que supone una expan­sión paneuropea desde el Este, que al mismo tiempo difunde el uso del cobre.
En la Península hay dos tipos de cultura campani­for­me, entre 2300 y 1250:
1) Marí­ti­ma, más antigua, con decoración “punteada”.
2) Conti­nen­tal, más evo­lucionada (Carmona, Ciempozue­lo), con deco­ración incisa. De­libes opina que la cultura del vaso campa­ni­forme continental introdu­ce en la península tres noveda­des: a) Susti­tuye el ente­rramien­to co­lec­tivo por el individual, b) ge­nerali­za el cobre, c) apa­rece la orfebrería de oro, como un signo de estratificación social.

5. LA EDAD DE BRONCE.
La Edad del Bronce sustituye a la metalurgia del cobre. En el Mediterráneo se había desarrollado una “ruta de los meta­les”, hasta los yacimientos de cobre de Riotinto y de esta­ño de Cor­nualles. A lo largo de esta ruta surgieron las dos grandes culturas hispanas de esta Edad del Bronce: la de Baleares y la de Argar. Podemos establecer una periodificación en tres fases para el resto de la Península.
5.1. TALAYÓTICA: BALEARES.
Las Baleares se relacionan con la ruta de las islas: de Córcega, Cer­deña, Mal­ta y el Egeo. Hay dos periodos:
1) Preta­layótico (2000-1200), con una cultura pobre, con pequeños poblados sin protección.
2) Talayó­tico (1200-200 aC). Al parecer hubo una in­va­sión de uno de los Pueblos del Mar (los ballein), expulsados del Medi­terráneo Oriental, que dominaron a la po­blación preta­layó­tica. Desarrollan una arquitec­tura ci­cló­pea en Mallorca y Me­norca: poblados militari­zados con tala­yotsde planta cir­cu­lar o cua­drada y estruc­tu­ra troncónica, se de­dica­ban a la vi­vienda y defensa, navetas en forma de naves inver­tidas, para la re­li­gión y el enterra­mien­to y taulas —con for­ma de dinte­les, para los sacrifi­cios.

Naveta dels Tudons. Menorca.

5.2. CULTURA DEL ARGAR.
Se desarrolla en 1700 a 1100 en la zona de Almería. Posi­blemente es la primera cultura urbana del Occidente euro­peo, con una división del trabajo, cla­ses so­ciales y un poder cen­trali­zado en reyes o jefes militares y religiosos. Destacan dos eta­pas, coincidiendo con los perio­dos Antiguo y Medio del resto de la Península. Una primera etapa (1700-1500), con tum­bas in­di­vi­dua­les en cis­ta o fosa, se unen el po­blado y la ne­crópo­lis. Una segunda eta­pa, 1500-1200, con tum­bas en jarra o pit­hos.
5.3. BRONCE ANTIGUO.
Transcurre desde 1800 a 1500. En la Meseta continúa la cul­tura campaniforme de Ciempozuelos. En el Atlántico hay dos periodos: 1) epicampaniforme local, 2) evolucionado, influido por otras zonas atlánticas. En el N destaca el arte de los pe­troglifos o grabados rupestres al aire libre en granito.
5.4. BRONCE MEDIO.
Entre 1500 y 1200. Sigue la línea del Bronce Antiguo. En el Atlántico hay una rica orfebrería.
5.5. BRONCE FINAL.
En el oeste se desarrolla todavía la metalur­gia del bron­ce. En la Meseta la cerá­mica es troncocó­nica y de per­files ca­rena­dos, con deco­ra­ción incisa, y el ente­rramiento es aún de inhumación. En Cataluña y parte del Norte de la Península, como en Europa Central, se desarrolló durante los últimos siglos de la Edad del Bronce, desde el s. XII, la “Cultura de los Campos de Ur­nas”, cuyas gentes aún no conocían la metalur­gia del hie­rro, pero ya ha­blaban una len­gua indoeuropea y utilizaban el sis­tema de ente­rra­miento por incine­ra­ción en urnas deposi­ta­das en ho­yos, susti­tuyendo a la inhuma­ción en cue­vas. Esto facilitó el futuro éxito de las invasiones celtas del s. IX.

6. LA EDAD DEL HIERRO.
En la Península el hierro lo introducen los pueblos cel­tas, que ocuparán distintos puntos desde principios del primer mile­nio y extienden la nueva técnica a los pueblos indígenas del centro y a los iberos de la zona mediterrá­nea.
La llegada de co­loni­zadores griegos y fenicios provoca cam­bios culturales, en­trando la Pe­nínsula en los circuitos co­merciales mediterráneos, así como se inicia la Histo­ria escri­ta, en este perio­do que co­mienza en los siglos VIII-VI.
6.1. TARTESSOS.
En Andalucía occidental surge la gran cultura tartésica. Es un misterio todavía. Las primeras fuentes escritas son la Bi­blia (se supone que la rica Tarsis se refiere a Tartessos), Estrabón, Herodoto y Avieno.
Se duda sobre si hubo un Estado centralizado con una ca­pi­tal o fue una confederación de ciuda­des. Es posible que al­can­zara desde Huelva hasta Cartagena, política o cultu­ralmen­te. Parece que hubo una monarquía (de origen in­doeu­ropeo), desta­cando Gargoris y un famoso rey, Ar­gantonio (630-550), bien re­la­cio­nado con los fo­ceos según Heródoto, que narra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tartesio.
La eco­no­mía era próspera gra­cias a la agricultura y gana­dería, la pes­ca, la mine­ría y meta­lurgia (cobre, plata, plomo), el comercio de meta­les (era inter­me­diario entre el estaño del N de Europa y el Mediterrá­neo). Había una es­critura silábica de 32 signos (aún indesci­frada). El arte estaba muy influido por Oriente, en ce­rámica, orfebrería (tesoro de Carambolo) y ar­mas.
La decadencia lle­gó con el auge de los car­tagineses, que des­truyeron el Esta­do hacia el -500. Su población perduró en el pueblo de los turdetanos.

Mapa de Tartessos y las colonias más cercanas.

6.2. LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
Parece que la Península estaba habitada a mediados del primer milenio y hasta la conquista romana por una amplia di­versidad de pueblos entre los que des­tacaban dos grupos: ibe­ros y cel­tas, con mutuas influencias.
Hay un perma­nente debate historiográfico sobre los iberos, los cel­tas y su eventual fusión en los celtíbe­ros, so­bre sus relaciones y exten­sión, sobre su organización políti­ca y social, su cultura y arte, por lo que debemos limi­tarnos a tra­zar una panorámica general de las últi­mas opiniones más con­so­lidadas. Debemos desterrar la obsoleta idea tradicio­nal de que los cel­tas se establecieron en el NO de la Península arrin­co­nando a los iberos al Mediterráneo y mezclán­dose con estos en el cen­tro.
Hoy se considera que hubo una geografía variable en el asenta­miento de los pueblos celtas y que los iberos son un fe­nómeno predominantemente cultural, mientras que el grupo cel­tíbero se formó como re­sultado de la fusión de al­gu­nos pue­blos indígenas de la Mese­ta con los celtas, por lo que no habría existido in­fluencia de los iberos.        
6.3. LOS IBEROS.
El fenómeno ibero.
Los pueblos iberos descendían de las comunidades prehistó­ricas (sobre todo de la Cultura del Argar), con un fuerte sus­trato africano. Estaban establecidos en Andalucía y la costa mediterránea.
La tesis do­mi­nante es que lo ibérico se reduce a un fe­nó­meno cul­tural en arte, religión, costumbres, hablando va­rian­tes de un común idioma pre-indoeuropeo. Almagro, Blázquez y Tarran­dell interpre­tan que la cul­tura ibé­rica nace como conse­cuencia de la influencia de los pueblos colonizadores feni­cios y grie­gos sobre las pobla­ciones indígenas, formando un con­junto de pueblos sin unidad política, con dife­ren­cias en la organiza­ción político-social, pero con una cultu­ra bas­tante co­mún.
La diversidad tribal.
Había una gran diversidad de pueblos iberos, en especial donde la influencia de los grupos militares celtas había sido mayor, provocando la disgregación política. Se extendían por la costa mediterránea, el valle del Ebro, e incluso más allá del Pirineo, por el Languedoc, hasta unirse con los ligures y ga­los.
Organización socio-política.
No tenían una organización política homogénea, que podía ser monárquica (en la costa mediterránea) o aristocrática (en el interior y hacia el Norte y Oeste). En Sagunto había una democracia incipiente al modo griego. Se organizaban por lo común en ciudades-estado con un espacio alrededor de dimensión muy varia­ble con aldeas menores. Los poblados eran pequeños (Ullastret, Azaila, Ar­chena...), de calles estrechas y tortuo­sas, fuerte­mente amura­llados, situados por lo general en alto­zanos y con una necrópo­lis cercana.
Había una estratificación social basada en el poder econó­mico. La nobleza aristocrática tenía el poder político y econó­mico, monopolizando la monarquía. Una seminobleza y una clase de medianos terratenientes tenían unos niveles más modestos y eran ciudadanos li­bres. La clase baja la componía la inmensa mayoría de la po­bla­ción: campesinos, ganaderos, artesa­nos. Por último, los siervos y esclavos. La tie­rra puede ser comunal o de pro­pie­dad privada.
Economía.
La base económica era la agricultura de cereales, vid, oli­vo, frutales, lino. Además contaban con la explotación fo­res­tal, la ganade­ría (ca­ballos, vacas, ovejas y cabras), la caza y la pesca.
La artesanía era importante: metalurgia, armas, sala­zón de pes­cado, cerámi­ca, orfebrería, tejidos de lino.
La minería era muy rica en hierro, es­taño, pla­ta, co­bre, oro y minio.
El co­mercio se concentraba en la costa medi­terránea, cerca de las colonias semitas y griegas, con exporta­ción de metales (la ma­yor fuente de riqueza), lana, esparto, lino y alimentos (miel, acei­te) e importa­ción de pro­ductos ma­nufactu­rados (cerá­mica, escul­turas, armas, tejidos, perfumes).
La mo­neda será una apor­tación griega y las primeras acuña­ciones son de Emporion en 400, difundiéndose a casi todas las ciuda­des importantes en los s. -IV-III aC.
Religión.
Había un gran número de dioses, masculinos y femeninos, tanto de origen autóctono, como semita y griego.
No se han en­contrado templos, pero sí san­tuarios en la cumbre de las monta­ñas, en los que se depositaban exvotos reli­giosos (amuletos de bron­ce o barro), en el Cerro de Santos, Castillar de Santiste­ban, la Serreta.
La incineración era el modo común de se­pultura, en un vaso ce­rámico con alimentos.
Cultura.
La escritura ibera parece que se originó en Tartessos, por la influen­cia fenicia y griega, y se desa­rrolló hasta la do­mi­nación romana. Su alfabeto sigue siendo indescifrable en su mayor parte, pero últimamente se han hecho grandes progresos.
Arte.
La arquitectura es urbana. Destaca la funera­ria, con ma­teriales de piedra, el adobe y la madera: la tumba de Toya. Los ilergetes del Urgel tenían una gran fortaleza en Els Vilars (para 150 personas), que duró entre s. IX y 325 aC, posiblemen­te la mejor obra de defensa de la Península(murallas, torres, foso, campo exterior de frisa para obstaculizar el avance enemigo).
La escultura de pie­dra, te­rra­cota o bron­ce, fomentada por los innume­rables exvotos que se depo­sita­ban en los santua­rios, en forma de hom­bres (orantes esquemáticos), mu­jeres (orantes femeninas encapuchadas) y ani­males (Bi­cha de Bazalo­te, toro de Osuna).
Las mejo­res esculturas de sa­cerdotisas oferen­tes son la Dama de El­che y la Dama de Baza, ambas de evi­den­te influencia púnica (son una ver­sión ibe­ra de la dio­sa car­ta­gine­sa Tanit y los amu­letos que llevan son fenicios) y griega (pei­na­do, ropa­je). Lle­van un hue­co para alber­gar las cenizas del difunto. La Dama de El­che, más anterior, es la má­xima obra del arte ibe­ro, con ex­ce­lente téc­nica, pero sólo se ha conservado su busto; la Dama de Baza es más rústi­ca, con un ropa­je indíge­na, mucha jo­yería y conserva su trono grie­go.
En la escultura ibera también impre­sionan los guerreros de Cerrillo Blanco, en Por­cu­na (Jaén), de gran volumen y cuidado es­quema­tis­mo. Un misterio es la destruc­ción masiva de muchas de estas grandes esculturas iberas h. el s. IV, reu­tilizando los mate­riales para otros usos. )Hubo un cambio religioso o una crisis social? Es una excepción histórica esta iconoclastia, ya que no hubo un cambio radical en la so­ciedad ibe­ra.
La cerá­mica es muy varia­da, con in­fluen­cia grie­ga, decora­da con moti­vos geo­mé­tri­cos (Archena), zoo­mór­fi­cos (A­zai­la), narrativo de proce­siones de guerreros (Liria).
LOS PUEBLOS IBEROS.
Podemos estable­cer una división tribal y espacial aproxi­mada gra­cias a las fuentes romanas:
Andalucía.
Turdetanos: herederos de los tartesios, ocupan casi todo el valle del Guadalqui­vir. Son el pueblo más avanzado económica y cultu­ralmente.
Bastetanos: en Cádiz.
Oretanos: en la Sierra Mo­re­na.
Mas­tienos: cerca de Algeci­ras.
Libiofenices: de Málaga a Alme­ría.
Deitanos: en Cádiz.
Levante.
Contes­tanos: en el río Júcar.
Ede­ta­nos: en Valencia y Cas­tellón (Sagunto).
Cataluña.
Sedetanos: en el Ebro.
Ilergetes: en el Urgel.
Sueseta­nos: en Tarragona.
Laceta­nos: entre Barcelona y Blanes.
Ausetanos: entre Vich y Ge­rona.
Ausoceratas: en Besalú.
Bergis­tanos: en Berga.
Otros pueblos cercanos a los Pirineos (sordones, indike­tas, ansosinos, airenosos...) sólo eran parcialmente ibéri­cos, con bastante influencia de celtas, vascos y otros indígenas.


Mapa de los pueblos preiberos, iberos y celtas, más las colonias griegas y fenicias.

6.4. PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE DE LA PENÍNSULA.
El fenómeno celta.
Los pueblos celtas eran invasores indoeuropeos del centro de Europa que habían penetrado en Cataluña, valle del Ebro, la Meseta, Galicia, Asturias, Portugal, Extremadura y algunas zo­nas de Andalucía. Habrían llegado en dos grandes oleadas, en los s. IX (Cultura de Hallstatt) y s. VI (Cultura de La Tène).
Ha­blaban una len­gua indoeuropea, intro­dujeron el hierro (aunque también utili­zaban el bronce) y el sistema de enterra­miento por incinera­ción en urnas deposi­ta­das en hoyos (siguien­do una pauta que ya penetró en el s. XII con la “Cultura de los Campos de Ur­nas” en Catalu­ña), susti­tuyendo a la inhumación en cue­vas. Sus po­blados for­tificados eran de ca­sas rec­tangulares. Conocían el arado y practicaban una agricul­tura cerealista.
Su triunfo cul­tural no fue comple­to, pues eran pequeños grupos guerreros, superiores sólo por su ar­mamento de hie­rro, que por lo general for­maron una casta mili­tar dominante sobre los pueblos indígenas del centro y norte (sobre los más atrasa­dos impusie­ron fácil­mente su cultura) y los pueblos iberos de Cata­luña y el valle del Ebro, estos de una cultura superior, por lo que los celtas fueron in­tegrados y aculturizados muy pronto pese a su do­minio político-militar.
La diver­sidad tribal.
Eran muy heterogéneos, por el dife­renciado sustrato indí­ge­na anterior a la invasión de los pue­blos celtas indoeu­ro­peos. Destacan los celtíberos (sobre todo los arevacos de Numancia), los carpetanos, vacceos y vetones, lusitanos, cántabros, astu­res y ga­laicos. En general, los más desarrollados estaban en la Meseta, mientras que los más pobres estaban en la cornisa can­tábrica. Hay bastantes diferencias en su vida económica y or­ganiza­ción social.
Organización socio-política.
Su estructura social en tribus y clanes era muy rígida, con una jerarquización aristocráti­ca, en al­gu­nos ca­sos con re­yes, pero normalmente con jefes y régu­los aristócratas ele­gidos por asam­bleas populares. Los hombres libres esta­ban liga­dos a los jefes mediante la clientela (el patrono pro­tegía a sus clientes a cambio de fidelidad y servi­cios) y la devotio (una clientela específicamente militar, en la que los clientes lu­chaban al lado de su patrono, llegando inclu­so al suicidio en caso de muerte de este).
En las zonas ganaderas dominaba la gran propiedad en manos de la aristocra­cia. En las zonas cerea­listas la propiedad era comunal, con un reparto de las tierras entre los hombres li­bres. No parece que hubiera esclavitud, pero sí servidumbre y clientelismo. No se puede hablar de ciudades, aunque algunos poblados eran de cierto tamaño (Numancia, Segontia, los castros gallegos).
Economía.
La eco­no­mía era ce­rea­lis­ta en las llanuras de los ríos y, sobre todo, gana­dera de carácter nó­ma­da, con una excelente me­ta­lur­gia del hie­rro. La división del trabajo era mínima y ape­nas se conocía la moneda. La pobreza eco­nómica llevaba a muchos jefes a emprender expediciones de sa­queo para obtener botín y contratarse como mercenarios con sus hombres.
Religión.
La religión era indoeuropea, con dioses de la guerra y de la naturaleza.
Cultura.
Se hablaban idiomas dife­ren­tes de origen in­doeu­ro­peo. La es­cri­tura va desa­parecien­do hacia el Noroeste.
Arte.
El arte era muy pobre: cerámica con decoración geométrica y una escultura de animales toscamente labrados (los toros de Guisan­do).
LOS PUEBLOS CELTAS.
Celtíberos.
Es inexacta la idea de que eran una simple mezcla de cel­tas e iberos. Los celtíberos son el resul­tado de la fusión de algunos pueblos indígenas de la Meseta con los invasores indo­eu­ropeos celtas procedentes del centro de Europa. Sus elementos cultu­ra­les dominantes son de origen celta o indoeuropeo. Eran agri­cultores pobres y ganaderos. Las tribus principales era los arévacos, be­los, titos, lusones y pelendo­nes, que habitaban la zona cen­tro-oriental de la Meseta, en poblados como Numancia, Bílbilis y Segóbriga. Por su po­breza realizaron servicios como mer­cena­rios en los pueblos del sur y sureste de la Península, y más tarde en las tro­pas car­tagi­nesas y roma­nas, lo que facilitó los in­tercambios cultu­rales.
Los arevacos eran los más importantes, con su ciudad de Numancia, que resistió a los romanos en una larga guerra celti­bérica (154-151 y 144-133).
Carpetanos.
La Carpetania se extendía al sur de los celtíberos, en Castilla la Nueva, entre la sierra de Guadarrama y el Guadiana. Su economía era pastoril trashumante. La influencia céltica era escasa.
Vacceos y vetones.
Se extendían por el valle del Duero, hasta Ávila, Salaman­ca y Cáceres. Los vac­ceos eran una minoría militar que dominó a los vetones, un pueblo indígena anterior. Tenía una economía predomi­nante­mente agrícola (una excepción entre los celtas), con campos co­lec­tivos repartidos en lotes anua­les, con un re­parto colecti­vo del pro­ducto. La estructura tri­bal era muy fuerte.
Lusitanos.
La Lusitania se extendía por Portugal y Extremadura. En la zona de Lisboa y la costa del Algarve la eco­nomía era rica y variada. En el interior vi­vían del pastoreo y la guerra de pi­llaje sobre las poblaciones vecinas.
Cántabros.
En Cantabria. Su economía pastoril era muy pobre y eran duros guerreros, que saqueaban a sus vecinos.
Astures.        
En Asturias, León y norte de Zamora. Con organi­zación gen­tili­cia en centurias. Muy atrasados en su economía pastoril.
Galaicos.
En Galicia. En esta zona la inmigración celta fue mucho menor de lo que se creía. La organización social era gentilicia en centurias y ma­triarcal, con la mujer como heredera de los bienes y respon­sa­ble de dotar a los hermanos. Los dioses eran femeninos, en especial la diosa de la fe­cundidad. Al final, en el siglo II, aparecieron estructuras patriarcales y gue­rre­ras. La eco­nomía era de recolec­ción, caza y pastoreo. Vivían en unos 5.000 castros forti­ficados en las colinas, con vivien­das circu­lares. Destaca el castro de Santa Tecla. Se relaciona­ban cultu­ral­mente con los britanos.
6.5. LOS VASCOS: UN CASO APARTE.
Aparte de los pueblos ibérico y céltico y de la influencia de los colonizadores están los vascos, un sustrato étnico muy antiguo en la Península, que se extendían por ambos lados de los Piri­neos y a lo largo de estos hasta Cataluña. Su raza y lengua es muy anterior a los pueblos restan­tes, sin el menor parentesco con las lenguas indoeuro­peas. Su economía pastoril y su agricultura arcaica hacían que la pobreza les empujara a continuas correrías de saqueo entre sus vecinos.

7. LAS COLONIZACIONES.
 Hay dudas sobre si la vid y el olivo, las salinas y las téc­nicas mineras, la me­talurgia del hierro, la salazón del pes­cado, el torno de alfarero, la moneda, la escritura y otros adelantos llega­ron con los feni­cios o con los grie­gos: parece muy proba­ble que con los dos pueblos, cada uno en su ámbito de influen­cia. Es probable que el uso del hierro se difundiera también por influencia celta desde el interior de la Península.

Colonización griega y fenicia en el Mediterráneo.

7.1. FENICIA.
La colonización fenicia, exclusivamente comercial, fue la primera en llegar a la Pe­nínsula Ibérica, pretendía dominar la ruta de los metales.
Las fuentes escritas sitúan su inicio en fe­chas extremas: en el s. XI, pero sólo se han encontrado restos desde el s. VIII. El primer asentamiento se produciría en Sexi (Almú­ñe­car), el se­gundo en Huelva y el ter­cero (y más exitoso) en Cá­diz, según las fuentes en el 1104-1100.
Al principio eran pe­queñas facto­rías comerciales en la costa (preferentemente en las islas cer­canas a la costa para mejor defenderse y comerciar), pero sobre el 750-650 se crearon pequeñas ciudades comerciales: las mayores se­rían Ga­dir (Cá­diz), Se­xi, Abdera, Mala­ka y Ebussus (I­biza, 650). Una infi­ni­dad de pe­queños establecimien­tos se ex­tendió por la costa anda­luza. El comercio fenicio se extendió también por el valle del Ebro, la otra ruta hacia el estaño del Atlántico, en 630-575.
El comercio fenicio recababa metales (cobre, plata, plomo, esta­ño) para llevarlos al Mediterráneo Oriental. Introducía cerámi­ca, teji­dos, armas... pero sobre todo su cultura: sus dioses As­tarté, Melkart, Baal Hammon, mitos orientales (como muestran los temas de figuración en la cerámica ibérica), obje­tos de culto (páte­ras, jarros de libaciones, pebeteros, trípo­des), la metalurgia del hierro (era conocida en Iberia ya un poco antes pero se difundió gracias a ellos en la costa levan­ti­na), la es­critu­ra y el alfabeto (que pudo influir en el tar­té­sico y el ibéri­co), el arte (sobre todo en los temas decora­ti­vos).
7.2. GRIEGA.
La colonización griega es diferente, pues atendía a dos objetivos: la ruta de los metales y la explotación rural para verter el exceso de población. La superpoblación griega motivó la necesidad de tierras para la agricultura, las tensiones so­cia­les y la expansión co­mer­cial de las ciudades-estado. A par­tir del siglo VIII la solución fue crear colonias a lo lar­go del Medite­rrá­neo. Los eubeos y calcidios llegaron a la Magna Grecia (S de Italia) y desde ella se exten­dieron los griegos por toda la vertiente N del Medite­rráneo Occidental, pues la vertiente S estaba en manos fenicias.
En España los ro­dios llegaron a Rhode (Rosas) tal vez en 776 (noticia de Estrabón), pero la arqueología no lo ha pro­ba­do. Samnios y eginetas llegan a par­tir del 700: Heródoto na­rra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tar­tesio Ar­gantonio.
Destacan, sobre todo, los focenses (o fo­ceos, de Focea, ciudad jo­nia de Asia me­nor) que fundan la colonia de Mas­sa­lia (Marse­lla en el sur de Francia) en el 600 y en la Península la de Empo­rion (el “mer­cado”, actual Am­pu­rias) hacia 580-575, en el golfo de Rosas (Gero­na), a sólo 15 km del poblado ibérico de Ullastret. La colonia era de­pendiente de Mas­sa­lia y fue una pe­queña ciudad-co­lo­nia con un ur­ba­nismo regu­lar y ac­tivo comer­cio, con mucha po­blación ibera he­lenizada separa­da de la griega por una mura­lla; es evidente que hubo un acuerdo político entre ibe­ros y griegos, pues convi­vieron las dos comunida­des.
Más tarde se exten­dieron hacia el sur del Ebro, para co­mer­ciar con Tar­tes­sos, fun­dando Heme­rosko­pion (Denia, en Ali­can­te), Alonis, Akra Leu­ke, Maina­ke, Portus Menu­sius (cerca de Gadir)..., pero tras la de­rrota naval de Alalia en 535 ante la flota etrusco-púnica tuvie­ron que aban­donar el sur del Ebro (su presencia en Huelva desaparece, al mismo tiempo que el reino de Tartessos decae, y h. 500 es destruido por los cartagineses) y los fo­censes y massaliotas se con­cen­traron en Empo­rion, que en -218 fue la primera base mi­li­tar de la con­quista romana.
Las importaciones de productos griegos son muy importantes en el periodo 600-500, pero luego los talleres ibéricos asimi­lan su arte y copian sus cerámicas, hasta que desde el 450 la cerámica clásica ateniense se vuelve a imponer, influyendo muy al interior de la península.
La influencia cultural es muy im­portante: dioses, ritos funera­rios, mitos culturales, modo de vida heleno entre la aristocracia, la moneda (Emporion y Rho­de), que se difundirá en las muchas cecas ibéricas.
7.3. CARTAGINESA.
La colonización cartaginesa vive dos etapas: comercial al principio, militar al final.
Con la caída de las ciudades de Fenicia en manos de asi­rios y persas el predominio comercial pasó paulatinamente a los púnicos de Cartago (fun­dada en -630), que en la primera etapa, des­de el 600, se asentaron en las cos­tas de la Cordillera Peni­bé­tica, desde Málaga a Almería (colo­nia de Baria, importan­te puerto de minerales) y dominaron la ciudad de Ebussus. Montaron fábri­cas de salazón del pes­cado, de púrpu­ra (ex­traída de la concha del murex) para la in­dustria textil. Explo­taron el es­parto para las cuerdas y la cestería, así como gran­des explota­ciones agrí­colas de vid, oli­vo, grana­do, con trabajo esclavista y avanza­das técnicas de cultivo. Importaron a cambio vasos griegos, amuletos de hueso, huevos de avestruz, vidrio, teji­dos, orfe­bre­ría, armas...
Tras la derrota en la I Guerra Púnica con Roma, los carta­gineses pasa­rán a la ocupación militar del interior peninsular, durante unos dece­nios. La familia Barca, con Asdrúbal, Amílcar y des­pués Aníbal for­ma­ron un ver­dade­ro imperio, el primero en la Península, con una ex­plota­ción orga­niza­da de las riquezas (ali­men­tos, metales, sol­dados), has­ta su derrota a finales del s. III. Fundaron Car­tago Nova (Car­tagena), como base naval para su futuro ataque a Roma.

Pero todo este gran imperio cartaginés se desmoronará cuando Roma gane las guerras púnicas.

Mapa de la conquista romana, a partir de la zona al norte del Ebro.
BIBLIOGRAFÍA.

Documentales.
Serie Memoria de España, RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: En el inicio de los tiempos. / De Altamira al útil de metal. / Tarteso, reino legendario. / Las potencias se disputan Iberia. / Hispania, un producto de Roma.
Tartesos. Serie Memoria de España. 60 minutos. Sobre la civilización tartesia y la colonización fenicia y griega.

Exposiciones.
*<Los Iberos, Príncipes de Occidente>. París. Grand Palais (15 octubre 1997-5 enero 1998). Barcelona. Centre Cultural “La Caixa” (29 enero-5 abril 1998). Bonn. Ausstellungshalle (15 mayo-23 agosto 1998). Cat. Textos de Aranegui, Carmen; Mohen, J. P.; Rouillard, P. 377 pp.
Libros.
Almagro, Mar­tín. Arte Prehistórico. García Bellido, Anto­nio. Colonizaciones púnica y griega. El arte ibérico. El arte de las tribus célticas. v. I de Ars Hispaniae. Plus Ultra. Ma­drid. 1946. 369 pp.
Alvar, Jaime; Blázquez, José María (eds.). Los enigmas de Tarteso. Cátedra. Madrid. 1993. 303 pp.
Arce, Javier. España entre el mundo antiguo y el mundo medieval. Taurus. Madrid. 1988. 226 pp.
Arribas, Antonio. Los iberos. Ayma. Barcelona. 1972. 242 pp.
Avilés Fernández, Miguel; et al. Primeras colonizaciones. EDAF. Madrid. 1979. 199 pp.
Bendala Galán, Manuel. La Antigüedad. De la Prehistoria a los visigodos. Col. ‘Introducción al Arte Español’. Sílex. Madrid. 1990. 276 pp.
Bermejo Barrera, J. C. Mitología y mitos de la Hispania prerromana. Akal. Madrid. 1986. 276 pp.
Blanes, Coloma; et al. Les illes a les fonts clàssiques. Miquel Font. Palma de Mallorca.1990. 141 pp.
Blázquez, José María; et al. Historia de España Antigua. v. I. Pre­historia. v. II. Hispania Romana. Cátedra. Madrid. 1978. 608 y 812 pp.
Boardman, John. Los griegos en ultramar. Comercio y expansión colonial antes de la Era Clásica. Alianza. Madrid. 1975. 277 pp.
Harden, Donald. Los feniciosPrólogo de Miguel Tarradell. Ayma. Barcelona. 1972 (1967 1ª español; 1962 1ª inglés). 345 pp.
Jordá, F.; Blázquez, J. Mª. La Antigüedad. v. I. Col. ‘His­toria del Arte Hispánico’. Alhambra. Madrid. 1988. 358 pp.
Leroi-Gourhan, André. Prehistoria del arte occidental. Gus­tavo Gili. Barcelona. 1968. 326 pp. En Lucien Mazenod (dir.). Colección ‘El Arte y las Grandes Civilizaciones’.
Leroi-Gourhan, André. Arte y grafismo en la Europa prehis­tórica. Istmo. Madrid. 1984 (1983). 326 pp. Lecciones en el Co­llege de France (1969-1983). Completa bibliografía del autor.
Leroi-Gourhan, André. Símbolos, Artes y creencias de la Prehis­toria. Istmo. Madrid. 1984 (1983). 649 pp. Trabajos en el periodo 1935-1983. Completa bibliografía del autor.
Lull, Vicente. La “cultura” de El Argar. Akal. Madrid. 1983. 487 pp.
Montenegro, A. Historia de EspañaEdad Antigua. v. I. Espa­ña Prerromana. Gredos. Madrid. 1972. 615 pp.
Pericot, Luis. Prehis­toria y Edad Antigua. En AA.VV. His­toria de España Gallach. Instituto Gallach. Bar­celo­na. v. I. 1987. 472 pp.
Tarra­dell, Miguel. Pri­meras cultu­ras (47-196). En Tuñón de Lara, M.; et al. Historia de España. v. I. Intro­duc­ción. Prime­ras culturas. Hispania Romana. Labor. Barcelona. 1980. 479 pp.
Vigil, M. Edad Anti­gua. En Artola, M. (dir.). Historia de España Alfa­guara. v. I. Alian­za. Ma­drid. 1983. 470 pp.

Artículos. Orden cronológico.
AA.VV. Escultura Ibérica. “Revista de Arqueología”, Ma­drid (1988). 113 pp.
AA.VV. Arte rupestre en España. “Revista de Arqueología”, Madrid (1987). 127 pp.
AA.VV. Especial Los Iberos. “Revista de Arqueología”,  Madrid, nº 197 (IX-1997) 64 pp.
Aunión, J.A. La huella de Tartessos conduce a Doñana“El País” (6-V-2007) 60-61. La bruma de la bíblica `Tarshish’. “El País” (6-V-2007) 61.
Balil, A. Algunos aspectos del proceso de romanización de Cataluña. “Ampurias”, Barcelona, XVII-XVIII (1955-1956) 39-57.
Beltrán Martínez, Antonio. El arte parietal paleolítico español, estado de la cuestión según los últimos descubrimientos. “Revista de Ar­queología”, v. VI, nº 48 (1985) 28-37.
Fortesa, H. Arte paleolítico en el Mediterráneo. “Tra­bajos de Prehistoria”, n1 35 (1978) 99-150.
Fullola Pericot, J. M. Las industrias líticas del Paleolíti­co Superior Ibérico. Serie ‘Trabajos varios del Servicio de Investigación Prehistórica (SIP)’. Museo de Prehistoria. Valencia. 1979. 265 pp.
Gómez Espelosín, Francisco Javier. Los iberos. Príncipes de Occidente. “Historia”, National Geographic, nº 38 (2007) 42-53.
León, Pablo. Almuerzo con… Rodrigo de Balbín: ‘Las preocupaciones de un cromañón eran semejantes a las nuestras. “El País” (28-II-2011) 64.
Moure Romanillo, J. A. Cronología de las industrias tardio­glaciares en el Norte de la Península Ibérica. “Trabajos de Prehistoria”, n1 32 (1974) 282-305.   
Rubio de Miguel, Isabel. Economía Neolítica en la Península. Ibérica.  “Revista de Arqueología”, v. VII, nº 60 (1986) 32-41.
Schubart, Hermanfrid; Arteaga, Oswaldo. Fuente Álamo y la cultura de ‘El Argar’ (I) (II) (III). “Revista de Arqueología”, nº 24, 25 y 26 (1980) 17-27, 54-63, 56-63.
Aunión, J. A. La huella de Tartessos conduce a Doñana. “El País” (6-V-2007) 60-61. La bruma de la bíblica `Tarshish’. “El País” (6-V-2007) 61.
Montañés, José Ángel. El AVE reescribe la historia. “El País” Cataluña (29-I-2012) 1 y 4. Las obras del AVE en la zona de Sant Andreu-Sagrera de Barcelona abren una inmensa excavación arqueológica, con yacimientos desde el Neolítico hasta el siglo XIX. Destacan una fosa múltiple neolítica, en la que fueron enterrados un centenar de víctimas de una epidemia, y una villa romana en el puente de Treball Digne.

PROGRAMACIÓN.
LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 4. Sociedades his­tóricas. Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizaciones y Anti­güedad clá­sica. En el apartado: - Las sociedades prehistóricas cazadoras y recolectoras. La Revo­lución Neolítica. Las primeras civilizaciones. - Aspectos sig­ni­ficativos de la Prehistoria y la Edad An­tigua en el terri­to­rio español actual.
Se secuenciará antes del tema de la Prehistoria Balear, en el que se estudian las culturas pretalayótica y tala­yótica, y la colonización púnica y la influencia griega en las Baleares. Este será por tanto, un tema de doble finalidad: intrínseca al contexto peninsular e introductorio a la prehis­toria e inicios de la Historia en Baleares.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Tema de Educación Moral y Cívica, de Educación para la Paz, de Educación Ambiental.
TEMPORALIZACIÓN.
Cinco sesiones.
1ª Documental sobre el Paleolítico español. Diálogo con los alumnos, para evalua­ción previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Diálogo.
3ª Exposición del profesor. Actividades.
4ª Documental sobre los iberos. Diálogo. Exposi­ción del profesor.
5ª Exposición del profesor, de repaso y refuerzo. Actividades de esquemas, comentario, mapas.
Varias de las actividades de grupo e individuales se harán fuera de clase, como deberes en casa.
OBJETIVOS.
Identificar las distintas etapas históricas de la penínsu­la hasta la dominación romana.
Relacionar las etapas anteriores con los modos de vida.
Realizar una termi­nolo­gía del periodo, me­diante fichas.
Realizar cronologías, esque­mas, gráfi­cos y mapas.
Valorar el arte y los objetos del pasado, como sig­nos de la cultu­ra del hombre.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Prehistoria peninsular: Paleolítico Inferior, Medio y Su­perior; Epipaleolítico; Neolítico; megalitismo; Edad de Bronce.
Edad del Hierro: Tartessos, Iberos, Celtas y pueblos del centro y N de la península.
Colonizaciones fenicia, griega y cartaginesa.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: Análisis, interpretación y síntesis de información a par­tir de mapas, diapositivas y cua­dros cronológicos, para formar conceptos abstractos. Clasifi­cación y registro con fichas y esquemas. Uso de la termino­logía prehistórica. Localización en mapas de las industrias líticas, las loca­lizaciones de núcleos, la difusión del Neolítico, etc. Comentario de fuentes escritas indirectas. Análisis de casos concretos.           
Explicación multicausal: Comprensión de conceptos de tiem­po largo y lento, de cau­salidad múltiple.
Indagación e investigación: Iniciación a la interpreta­ción histórica y artística de las manifestaciones culturales. Técni­cas de trabajo histórico con fuentes arqueológicas.
C) ACTITUDINALES.
Rigor y curiosidad científica: estímulo de la curiosi­dad por el análisis histórico a tra­vés de las fuentes arqueoló­gicas y clásicas.
Valoración de los yacimientos arqueológicos.
METODOLOGÍA.
Expositiva y participativa.
En el primer ciclo de ESO debe enlazar con los contenidos de la Educación Primaria (EP), como “Formas de vida y paisajes históricos” (la vida cotidiana en la Prehistoria). En el segun­do ciclo se relaciona con el principio de la Historia en la Península. Hay que explicar y desarrollar un esquema conceptual en presentación digital (o en trans­parencias), con algún video sobre alguna población pre­histórica actual. Fomento de la participación oral.
MOTIVACIÓN.
Documental sobre el Paleolítico. Diálogo, que además sirva de evaluación previa. Documental sobre los iberos. Ambos documentales servirán para, en la 1ª y 3ª sesio­nes respectivamente, concitar y soste­ner la atención de los alumnos. No se hará lo mismo con las colonizaciones, sobre todo por falta de tiempo.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición en clase, con uso de presentación digital (o en su caso transparencias para los es­que­mas con­ceptuales y diapositi­vas), mapas.
En el aula situar en el mapa los yacimientos y localida­des más importantes, gráficos cronológicos, estudio de casos con­cretos: Millares, Numancia, el enigma de Tartessos...
Se conectará con una actividad de la UD siguiente, de Ba­leares, que tiene en su programación de actividades una visita al Mu­seo arqueo­lógico (de cada is­la), concen­trada en las salas más inte­resan­tes: p.e. del pretalayótico y talayótico en Mallorca Menorca, de la co­loni­zación púnica en Ibiza. Esto ser­virá de refuerzo y repaso de esta UD.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados.
Realizar una línea de tiempo.
Realizar tres mapas: 1) Paleolítico, 2) Neolítico, 3) Ibe­ros, celtas y pri­me­ras colonizaciones.
Un debate sobre el iberismo de los pueblos mediterráneos.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Manuales, textos, libros especializados, artículos, trans­parencias, dia­positi­vas, fotografías, películas, mapas, etc.
EVALUACIÓN.
Continua, tanto de los grupos como de los indi­viduos, va­lorando todos los contenidos.
Una prueba escrita junto a la UD de las Islas Baleares, que valo­re los conoci­mien­tos de conceptos y la capaci­dad de sín­tesis y relación. Se ha­rán pregun­tas de tipo test, un comen­tario de texto y una pre­gunta un poco más larga, dentro de las posibili­dades reales de tiempo.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

 Antonio Boix Pons, en Palma de Mallorca (1998 y 2011).


     [1] Clottes, Jean; Lewis-Williams, David. Les Chamanes de la préhistoire1997.
     [2] Joaquín González Echegaray, director del Instituto para Investigaciones Prehistóricas Santander-Chicago reúne todas las teorías anteriores en su curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
     [3] Curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
     [4] Curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
 [5] León, Pablo. Almuerzo con… Rodrigo de Balbín: ‘Las preocupaciones de un cromañón eran semejantes a las nuestras. “El País” (28-II-2011) 64.
[6] Esta corriente procesual-funcionalista explica la arqueo­logía por la relación de los restos o monumentos con el medio natural, siendo sus causas y formas adaptaciones de los hombres al medio en el que viven.


Enlace al tema en la web oposinet

2 comentarios:

  1. Hola herminia me gustaria saber si puedo conseguir mas temas. Muchas gracias!!!

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  2. Hola voy a prepararme oposiciones donde puedo conseguir todos Los temas.

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miércoles, 31 de octubre de 2012

Unidad 24. La Península Ibérica hasta la dominación romana


UD 24. LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA.

INTRODUCCIÓN.

1. PALEOLÍTICO PENINSULAR.
1.1. INFERIOR.
1.2. MEDIO.
1.3. SUPERIOR.
Arte rupestre.
Arte mobiliar.

2. MESOLÍTICO.
2.1. COSTA CANTÁBRICA.
2.2. LITORAL MEDITERRÁNEO.
Arte rupestre levantino.
2.3. CONCHEROS DEL MUGE.

3. NEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Datación.
Origen mediterráneo.
3.1. NEOLÍTICO ANTIGUO.
3.2. NEOLÍTICO PLENO: CULTURA DE ALMERÍA.

4. EL ENEOLÍTICO.
4.1. MEGALITISMO.
4.2. MONUMENTOS MEGALÍTICOS.
4.3. APARICIÓN DE LA METALURGIA.
4.4. CULTURA DE LOS MILLARES.
4.5. CULTURA DEL VASO CAMPANIFORME.

5. LA EDAD DE BRONCE.

5.1. CULTURA TALAYÓTICA: BALEARES.
5.2. CULTURA DEL ARGAR.
5.3. BRONCE ANTIGUO.
5.4. BRONCE MEDIO.
5.5. BRONCE FINAL.

6. LA EDAD DEL HIERRO.
6.1. TARTESSOS.
6.2. LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
6.3. LOS IBEROS.
El fenómeno ibero.
La diversidad tribal.
Organización socio-política.
Economía.
Religión.
Cultura.
Arte.
6.4. LOS PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE DE LA PENÍNSULA.
El fenómeno celta.
La diversidad tribal.
Organización socio-política.
Economía.
Religión.
Cultura.
Arte.
6.5. LOS VASCOS: UN CASO APARTE.

7. LAS COLONIZACIONES.
7.1. FENICIA.
7.2. GRIEGA.
7.3. CARTAGINESA.

INTRODUCCIÓN.

La vastedad del tema exige un gran esfuerzo de sínte­sis para concentrarlo en una breve explicación. Así, para un estu­dio más pormeno­ri­zado del Paleolítico inferior me remito a la UD del proceso de hominización.
Además, me centro sólo en la Península Ibérica, ha­ciendo sólo breves menciones a las islas Baleares, que exigen un tema propio, que en la programación es el siguiente.
El estudio de la Prehistoria y de los inicios de la Histo­ria en la Península Ibérica es aún incompleto, con muchas y grandes lagunas en la arqueología de la Prehistoria y en las fuentes escritas antiguas (indirectas hasta el s. –III aC) y ello obliga a mantener siempre abierta la investi­gación a tesis y datos nue­vos sobre los yacimientos, sobre todo res­pecto a los modos de vida y organización social.
Casi todas las fechas son aC, por lo que generalmente no se añade, salvo en algunos casos en que pueda llevar a duda.
Una periodización.
La historiografía divide la prehistoria, de la que no te­nemos documentos escritos, en dos Edades:
Edad de la Piedra: Paleolítico (piedra tallada), Mesolíti­co (transición), Neolítico (piedra pulimentada), Eneolítico (transición a los primeros metales, cobre).
Edad del Metal: Bronce, Hierro. Estas dos fases son ya Historia en el Próximo Oriente.
Otra división posible es: a) etapa de economía depredado­ra (Paleolítico), b) etapa de economía productora (desde el Neolí­ti­co).

1. PALEOLÍTICO PENINSULAR.
Hay una economía depredadora basada en la caza, la pesca y la recolección. No existen excedentes que permitan una división del trabajo. Los grupos son pequeños (10-20, máximo hasta 50 individuos), escasos y aislados. La población más numerosa (en el Pa­leolítico Su­perior) debió ser de 50.000 individuos en toda la Península. Viven en los valles de los ríos, cerca de las zonas de pasto de los rebaños.
El Paleolítico se divide en tres periodos: In­ferior, Medio y Su­perior.
1.1. INFERIOR.
Es el periodo más largo, pues transcurre entre 600.000 y 100.000, durante las glaciaciones Günz, Mindel, Riss I y Riss II. Algunos auto­res retrotraen el inicio del periodo hasta hace 2 M de años, ya en la gla­ciación de Donau. La fauna del Pleis­to­ceno Anti­guo tenía aún especies del Ter­ciario (e­le­fan­tes, équidos, cér­vidos) y ya en el Pleistoceno Medio apare­cie­ron otros ele­fan­tes, rino­ce­rontes, équidos, cérvidos, bó­vi­dos, car­nívoros.
El proba­ble origen de la población es africano. Los fó­si­les humanos más antiguos de Presapiens son muy anteriores al Paleolítico y se duda si serían los de Orce (Granada), tal vez un Homo ergaster de 1,6 a 1,2 M de años, aunque hay serias du­das sobre si son restos humanos, y, con total seguridad por los abun­dantes restos de hue­sos, los de Ata­puerca (Burgos), que han sido propuestos recientemente (1998) como una nueva especie, el Homo antecessor de 800.000 años, y Acula­dero (Puerto de San­ta María, Cádiz), pero no pare­ce que haya rela­ción cultural en­tre esta po­blación y las poste­rio­res. Hay toda­vía pocos da­tos para completar el pro­ceso de ho­miniza­ción en Es­pa­ña, que en todo caso es el que tiene más res­tos óseos de Eu­ro­pa.        
Hay pocas cuevas habitadas, pues el hábitat y, por consi­guiente, los ya­cimientos están al aire libre, en te­rritorios de caza situa­dos en te­rra­zas de ríos (Man­zanares), la desembocadu­ra del Ta­jo, en So­ria (Torral­ba y Am­brona), Burgos (Atapuerca).
La caza es el soporte fundamental de la economía. Se cazan caba­llos, ga­mos, cor­zos, bóvidos, ri­noce­ron­tes, y en To­rralba y Ambrona hay incluso restos de elefantes. Los animales se des­car­na­ban en el mismo lugar de caza.
La industria lítica, esencial para el descarnamiento de los animales, se basa en materiales de cuarcita, sílex, cuarzo.
Gracias al estudio de la industria lítica se divide en dos cul­tu­ras (con subdivisiones), posible­men­te relacionadas con las eta­pas gla­ciares e in­tergla­ciares:
1) Pie­dras de formas gran­des: a) la Pebble Cultu­re (cultura de guija­rros o cantos traba­ja­dos), b) Abbevillen­se y Achelen­se (de hachas de mano bifaces, labradas en sílex por am­bas caras).
2) Pie­dras peque­ñas: a) Clactonien­se (las­cas), b) Taya­ciense (mi­cro­litos).
1.2. MEDIO.
Su periodo es entre 100.000 y 35.000, durante las gla­cia­ciones Wurm I y Wurm II, en el periodo Muste­rien­se. La fauna es del Pleistoceno Superior, con grandes herbívo­ros: ciervo, caba­llo, bóvido, rinoceronte, ca­bra, corzo, ja­ba­lí; carnívoros: oso, hiena, zorro.
Los fósiles humanos son del tipo Homo sapiens Neandertha­lensis, con la mandíbula de Baño­las (Gerona), el pa­rie­tal de Cue­va Negra (Valencia) y los res­tos de Cueva Morín (San­tander), Cueva del Piñar (Granada) y Gibraltar.
El hábitat es al aire libre en las terrazas de los ríos de la Meseta, pero sobre todo en cuevas, debido al empeoramiento glacial del clima.
La industria lítica es de microlitos, con talla de los útiles de piedra en lascas: raede­ras, denticulados, pun­tas, cuchi­llos de dorso, bifaces. Se de­sarrolla la técnica “leva­llois” de ex­tracción de lascas.
Bordes distingue cua­tro tipos de industria musteriense:
1) Mus­teriense típico (e­quilibrio).
2) Charentiense (50% de raederas).
3) Tra­dición achelense (ti­po A con bifaces, tipo B con cuchi­llos de dorso).
4) De denticulados (50% o más de den­ticu­lados).
Estos cua­tro tipos Bores los subdivide en ocho, según usen téc­nica levallois o no.
Hay una distinción de las zo­nas según el predominio de las industrias: 1) Cornisa Cantábrica (denticu­lados, charen­tien­ses), 2) Catalu­ña (denti­culados, típi­co), 3) Valencia (tí­pico), 4) Anda­lucía (típico), 5) Meseta (charen­tiense, típico).
1.3. SUPERIOR.
Entre 35.000 y 9.000, duran­te las glaciaciones Wurm III y Wurm IV. El clima de la Cornisa Can­tá­brica era mucho más frío que el actual, con estepa y bos­que de taiga. El Medi­terrá­neo era tem­pla­do y seco. La fauna en el Cantábrico tenía mamuts y el rinoceronte lanu­do, especies de zona fría.
Los fósiles humanos son del re­cién llegado Homo sa­piens sa­piens, muy abundantes, de los tipos Cromagnon y Chan­ce­lade. La Península tendría entonces un máximo de 50.000 habi­tantes.
El hábitat es nómada y se localiza junto a las zonas de caza y los ríos y las costas para la pesca y marisqueo. En el litoral mediterráneo se vive al aire libre y en lugares más fríos en abrigos y cuevas. El interior de las cuevas se reserva para santuarios y el arte, y a veces para enterramiento y habi­ta­ción. Se desarrollan las es­truc­turas de habita­ción, nuevos ti­pos de úti­les líticos y óseos, objetos de ador­no, colorantes, obras de arte mobiliar y parietal.
La industria lítica se diversifica y especializa, con úti­les múltiples y compuestos, con técnica de extracción lami­nar. Hay buriles raspadores, hojas y hojitas de dorso. Hay cin­co etapas en la industria lítica:
1) Perigordiense Inferior o Chatel-perroniense, en Cue­va Morín, con punta de dorso y raederas.
2) Auriñaciense, en Can­tábrico y Levante, con industria ósea sobre todo y útiles líti­cos como raspadores, hojas de es­camas, buriles arqueados.
3) Gravetiense, en Levante, con pun­tas de dorso recto.
4) Solu­tren­se, en el Norte y Levante, con la aparición de las pun­tas de flecha (que se hacen con retoque plano).
5) Mag­dale­niense, también en el Norte y Levante, con la apari­ción de más utensi­lios de hueso y asta (ar­pón), junto con raspadores, buriles, hojitas de bor­de reba­jado. Es esencial laindustria ósea en el Magda­le­niense, con sus azagayas, agujas perforadas, arpón y propulsor (en Levante).
Al final del Paleolítico Superior se desarrollan los obje­tos de adorno, generalmente para colgar del cuerpo.

El Paleolítico en la Península Ibérica.
Arte rupestre.
El arte rupestre se realiza en paredes y techos de cuevas y abrigos. Su datación era problemática, por no tener una aso­ciación con útiles líticos, pero las modernas técnicas han su­perado el problema. El periodo de máxi­mo esplendor del arte es el Mag­dale­nien­se (15.000-9000).
En España hay una gran ho­moge­neidad. Destaca la zona del Cantá­bri­co, sobre todo en Al­tami­ra, El Cas­tillo, La PasiegaLa Pi­leta (Santan­der), pero también en As­turias.
Tiene un acusado naturalismo y po­li­cromía (los colo­res son ne­gro, ocre y rojo). Se dibuja toda la super­ficie de la figura y no sólo el contorno. Se usan los re­lieves de la roca para dar volumen. Se repre­sentan animales de caza: ca­ballo, bisonte, cabra, toro, reno y ciervo. Hay muy pocas figuras hu­ma­nas (de­talladas o esquemáti­cas). Se represen­ta en negativo y en posi­tivo, y en signos.
Arte mobiliar.
El arte mueble se transporta. Es más fácil de datar al asociarse a la industria lítica. Hay azagayas, arpones, basto­nes de mando. Se decoran con geometría o animales.
Interpretaciones del arte prehistórico.
El arte paleolítico se extiende por unas 300 cuevas desde los Urales a Gibraltar, pero las que tienen más interés por el talento de sus creadores son las de la cornisa franco-española del Cantábrico, con unas 50 cuevas. Empezó en 35.000 aC y terminó en 10.000 aC, con una cima en Altamira en 15.000 aC. Pero continúan descubriéndose cuevas, como en 1994 en Chauvet, cerca de Marsella.
En el fondo de l­as interpretaciones subyace el pro­blema del hombre prehistóri­co de luchar por la supervivencia, a lo que se dirigirían dos acciones: la propiciación de la caza, garan­tía de la alimenta­ción, y la potencia­ción de la fertili­dad, garantía de la perdu­rabili­dad de la es­pecie humana. En el sistema del lenguaje visual del Paleolítico la figu­ra humana está excluida; las figuras animales se agrupan y se organizan por combinación y oposición; hay una composición de figuras dominantes, jerarquizando las figuras secundarias; la compo­si­ción es constante, salvo variaciones regionales y crono­lógicas. Las tres técnicas son la pintura, el dibujo y el gra­bado en la piedra.
Las interpretaciones más usuales son las que lo rela­cionan con la re­ligión, la ma­gia propiciatoria de la ca­za, la fertilidad, el tote­mis­mo, ritos de iniciación.
· La interpretación de Reinach (en los años 30, y seguida por Bosch Gim­pera), funda­mentada en los estu­dios etnológicos, daba al arte un ca­rácter mágico. Así el arte ser­viría para propiciar la caza de la que dependían para vivir, median­te la representación de los anima­les que consti­tuían su objeti­vo y mediante la rea­liza­ción de conjuros.
· Leroi-Gourhan, en los años 40 y 50, siguiendo las teorías del estructuralismo, ha explicado arte rupestre como una función mágico-re­ligiosa, representando el doble principio masculino y fe­meni­no, con una oposición de las figuras en dos gru­pos, mascu­lino y femenino. Este autor ha descrito cua­tro estilos:
1) Perigordiense: apenas unos tra­zos.
2) Auriñaciense: las primeras figuras bien desarrolladas.
3) Solutrense (16.000-14.000): figuras más avanzadas, con cabezas a tamaño menor, con colores rojos. En España desta­can las pinturas de la cueva del Pendo (Canta­bria), con 14 ani­males (ciervos, caballos, bisontes, una cabra).
4) Magdaleniense, en el Paleolítico Superior: Antiguo (el más notable, con el realis­mo del conjunto de Altamira) y Reciente (con tendencia al natu­ralismo y la esquematización, con una cierta decadencia).
En cambio, las Venus paleolíti­cas (como la de Willendorf) debían ser sím­bolos de fertilidad femenina.
· La interpretación de Max Raphael, en los años 50 y 60, basada en el estructuralismo de Leroi-Gourhan y el psicoanálisis, apunta que son resultado del inconsciente de los pueblos primitivos, que representarían esos opuestos masculino-femenino sin ser conscientes de ellos.
· Clottes y Lewis-Williams (1997) pro­ponen que las pinturas prehis­tóricas son obras de unareligión animista, realizadas por chamanes sometidos a un trance aluci­na­torio. Para ello se apo­yan en el estudio de los chamanes ac­tuales de los bosquimanos de Africa del Sur.[1]
· Las nuevas interpretaciones estructuralistas, p.e. la teoría de Sau­vet, superan el planteamiento de Leroi-Gourhan (que semiaisla el arte de la cultura), así como a las que ven el arte sólo como propiciación de la caza, y tratan al arte integrándolo en las manifestacio­nes cultura­les. Resultan así oposiciones y complementaridades, junto a dualidades caballo-bisonte, masculino-femenino, que favorecían la perpetuación del grupo a través de historias tra­dicionales dibujadas por y para los iniciados.
· Las interpretaciones más actuales explican la aparición del arte cono resultado de una serie de factores: chamanismo, manifestación cultural para la caza, magia y diversión.[2]
Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, cuenta que ‹‹No hay una razón que explique el arte paleolítico en su conjunto, depende de cada circunstancia.›› pues ‹‹Los chamanes debían saber pintar o aprender para ejercer como tales. Pero también debían ser magos, curanderos, sacerdotes. Lo que está fuera de duda es que tenían talentos descomunales y son artistas anónimos, reconocidos hoy por sus colegas contemporáneos.›› Sobre el origen geográfico añade: ‹‹No hay claridad, no se sabe dónde empezó todo. Probablemente se iniciaron las técnicas en África y luego se fueron extendiendo a Europa.››[3]
Gerhard Bosinski, catedrático de Prehistoria de la universidad de Colonia y tal vez el mayor experto en el tema: ‹‹Eran guías para iniciar a la vida, a la cultura y a la caza a los más jóvenes. También fiestas de culto, formas de acercar a la gente a entender su cosmogonía, una explicación del todo, una orientación.›› Sobre el origen geográfico: ‹‹En cualquier parte pudo surgir, antes de los grandes templos había pequeños objetos móviles donde se ensayaba, en piedras sueltas, cosas así.››[4]
Frente a las interpretaciones religiosas, el profesor Balbín sostiene que eran señales, como demuestra el hecho de que las pusieran tanto en cuevas y abrigos como en lugares de vivienda y sitios de paso, como el yacimiento de Siega Verde (Salamanca), datados en 18.000-14.000 aC, en una probable zona de caza estival.[5]

2. MESOLÍTICO.
El Mesolítico o Epipaleolítico dura entre el 9000 y el 5000. Presenta culturas muy pobres, propias de unos pue­blos que se quedaron en la península cuando el clima cambió y lo cazado­res de renos del Magdaleniense marcharon tras estos y con su cul­tura hacia el norte de Europa. Se dis­tinguen tres áreas:

El Mesolítico y Neolítico en la Península Ibérica.

2.1. COSTA CANTÁBRICA.
Se da en cuevas debido al rigor del clima.
A) Cultura del Aziliense cantábrico. Cueva de los Azules, con el único enterramiento peninsular de la época. Material microlítico y una decadente industria ósea. El mayor yacimiento es la cueva de Piélago, con cuatro periodos: Protoaziliense (10.000), sin arpones; Aziliense I (9500), con arpones -como los restantes-; Azi­liense II (8500); Aziliense III (7500).
B) Cultura del Asturiense cantábrico. Pertenece a las eu­ropeas “Culturas de los con­cheros”. Hay el pico asturiense (pa­ra desprender el molusco de la roca).

Arte rupestre levantino.
Se extiende desde el 8250 al 2500, por lo que cabalga so­bre distintos periodos y se complican las teorías.
Para muchos auto­res, de principios del s. XX (Breuil, Obermaier) y más recientes (Bosch Gimpera) es un arte paleolí­ti­co (por lo que no es­taría en este apartado), en base a que representa una fauna paleolítica (caballos).
En cambio, para Al­magro y Hernández Pacheco es un arte postpaleolí­tico, pues hay grandes diferencias respecto a la fauna paleolítica (no hay renos, osos ni mamuts) y las figuras no están aisladas (como en la paleolítica), sino asociadas en escenas, lo cual denota un arte más avanzado.
Pericot y Beltrán consideran que es un arte de una evolu­ción en una larga fase de tran­sición del Paleolítico al Mesolí­tico: en el primero habría figuras sueltas, como las plaquitas de arte mobiliar de Parpalló, y en el segundo ya habría escenas de ca­cerías.
Destacan las zonas de Lé­ri­da (Cogull), Caste­llón (Valltor­ta) y Albacete (Alpera, Minate­da). El arte rupestre levantino se da en abrigos rocosos al aire libre, nunca en cue­vas, y no hay yacimientos asociados (lo que lo distingue del arte paleo­lítico francocantábrico).
Es una pintu­ra monocroma (tintas pla­nas monócromas), en rojo y a veces en blanco y negro. Es muy esquemática, llena de expre­si­vidad y narrativa (las representa­ciones suelen reprodu­cir esce­nas), siendo los temas favoritos los animales y, sobre to­do, las fi­guras humanas (desnudas o vesti­das con toca­dos, ador­nos y ar­mas), que aparecen cazando (el tema más común), bai­lando, recogiendo miel o fru­tos. Al final la pintura desapa­rece, sustituida por el grabado sobre piedra en los inicios del Calcolítico.
2.3. CONCHEROS DEL MUGE.
En la confluencia de los ríos Muge y Tajo, con hábitat al aire libre y un importante marisqueo, que conforma grandes de­pósitos de conchas.
3. NEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Concepto de Neolítico.
Más que una innovación de la técnica lítica (evolución de la piedra tallada a la piedra pulimentada), fue una verdadera re­volución de la economía. Con una climatología semejante a la actual, el hombre dejó de ser depredador (caza, pesca y reco­lección) para convertirse en productor (agricultura y ganade­ría).
Datación.
Su datación en la Península es desde el 5000 al 2000, des­de que se pulimenta la piedra y aparece la revolución agrí­cola y ganadera hasta que aparece el trabajo de los me­ta­les.
Origen mediterráneo.
El problema de los orígenes propios o importados del Neo­lítico ibérico se ha decantado a favor de la tesis de la proce­dencia oriental a tra­vés del Medi­terráneo y del norte de Áfri­ca. Prue­ba de ello es que en la pe­nínsula la neolitización se concentra en el litoral mediterrá­neo, mientras que en el N hay una neoliti­za­ción tardía y cen­trada sólo en la ga­nade­ría. En el Mediterrá­neo había una gran comuni­dad neolíti­ca co­munica­da por mar desde Oriente, del cual venían influen­cias de plan­tas, ani­males, técnicas, cultu­ra, etc.
Para la doctora Rubio hay un fenómeno de aculturación, con un doble proceso de continuidad del sustrato precedente y de llegada de pobladores exteriores, con su cerámica, piedra puli­mentada, animales domesticados, etc. La ganadería es diversa: oveja, cabra, vaca, cerdo, perro. Se importaron sin duda la oveja y la cabra, así como el trigo y la cebada (primeros vege­tales culti­vados en la península). El hábitat es al aire libre y en cue­vas.
3.1. NEOLÍTICO ANTIGUO.
Desde el 4.500. Se extiende por Cataluña, Valencia (cue­vas de la Sarsa), Cuenca y Anda­lucía. El hábitat es de cue­vas. La econo­mía es gana­dera y des­tacan los hallazgos de trigo y cebada de la Cova d'Or (Ali­can­te) en 4.500. Destaca por la cerámica cardial (decorada con impresio­nes en tierno de la con­cha car­dium), común en todo el Medite­rrá­neo, desde Palestina hasta la desembocadura del Tajo.
Últimamente se propone la tesis de un arte macro­esquemáti­co, que suce­de­ría h. 4.700-4.300 al arte rupes­tre le­vantino por evolu­ción interna con influjos ex­ternos. Este arte se extiende por los abrigos y cuevas del Levante (Petracos, Cova d'Or), con pintu­ras e incisiones figurativas humanas, mo­ti­vos geométricos y otros elementos (aún enigmáti­cos).

3.2. NEOLÍTICO PLENO: CULTURA DE ALMERÍA.
La gran cultura peninsular es la de Almería, en la rica zona su­reste, que albergará también la cultura de los Millares en el Eneolítico y la de El Argar en la Edad del Bronce. La cultura de Almería domina desde Andalucía hasta el Ebro, con los pri­meros poblados (El Garcel). Hay una cerámica con inci­siones e im­pre­sio­nes, que al final tendrá una deco­ración “a la alma­gra”, con arci­lla mexclada con óxido de hierro (almagre), dando un color rojo a la cocción.

Yacimientos de la cultura del Neolítico en la Península Ibérica.

4. EL ENEOLÍTICO.
En Eneolítico es un periodo de transición entre el Neolí­tico y las Edades del Metal, entre 2500 o 2000 y el 1000. La gran cultura peninsular es la de los Millares, mega­lítica y metalúrgica a la vez.
4.1. MEGALITISMO.
El megalitismo coincide básicamente con el Eneolítico, entre 3000 y 1000, cuando aparecen las pri­meras civi­liza­cio­nes his­tóricas peninsulares en el primer mile­nio. Las prime­ras tum­bas megalíticas en España son las de Tavertet (Ca­talu­ña), h. 3800/3700.
Es un fenómeno mal interpretado, que abarca temporalmente desde el Neo­lítico avan­zado hasta el Bronce Inicial, espacial­mente desde el S de Es­candi­navia por la costa atlántica hasta Medite­rráneo y acabar en el Egeo.
En realidad, no existe una “cultura megalítica” (“de pie­dras gran­des”), sino una coincidencia de varias culturas en varios pe­riodos en usar una técnica de grandes construcciones de piedra, con una concentración del trabajo de amplias comuni­dades humanas y con voluntad monumental (destinados a verse a grandes distancias).
En Euro­pa los primeros restos megalíticos apare­cen en dis­tintos luga­res, de modo independien­te, h. 5000. Hay actualmente tres gran­des inter­pretaciones:
- La procesual-funcionalista[6] (C. Renfrew y R. Chap­man) pro­pone que los megalitos eran ele­mentos que defi­nían los lími­tes te­rritoriales y legitimaban la pose­sión mediante la exhibi­ción de la tumba familiar.
- La neo­marxis­ta (Charles Ti­lley) propone que obedecen a la pro­pia estructu­ra so­cial de las comu­nidades (una desigualdad so­cial que provo­caría que la comunidad traba­jase para las élites).
- La postprocesual (I. Hodler) propone que tienen una cau­salidad simbólica, que no puede desligarse de su contexto his­tórico. Así, las tumbas serían un reflejo simbólico de las ca­sas anteriores o contemporáneas de sus constructores.

2.2. LITORAL MEDITERRÁNEO.
Hay dos industrias: Microláminas y Geométrica.
El hábitat son las cuevas. La economía es de caza, pesca y recolección en un primer estadio, para evolucionar lentamente hacia las primeras formas de agricultura y domesticación de animales. Aparece la primera cerámica, denomi­nada cardial.
La población mediterránea ya usaba drogas con fines tera­péuticos, como lo demuestra el hallazgo de un cráneo con doble trepanación y residuos de opio en las minas de Gavá, en el Baix Llobregat.

4.2. MONUMENTOS MEGALÍTICOS.
‹‹Hasta aquí el hombre no se había preocupado más que de su hábitat. Mas he aquí que concibe el monumento, expresión a su vez del grupo humano. Le confiere una función religiosa ante todo, adscribiéndolo al culto de los muertos o al de los pode­res divinos.
En su forma más sencilla, la “piedra alzada”, el menhir, es antepasado del monumento. Se piensa hoy, cada vez más, que está destinado a fikar el alma de un muerto. El menhir expresa ya esta función fundamental que hemos asignado al arte: crear un intermediario entre el hombre y el universo (...) esta pie­dra está cargada en seguida por el hombre de un sentido que no tenía por sí misma y que hace de ella un símbolo. Se convierte en el signo expre­sivo de una vida interior donde los muertos y las fuerzas naturales (...) toman el lugar exclusivo que ocupa­ban para el cazador el animal y la idea de fecundidad.›› [René Huyghe, El arte y el cazador.]
Los tipos más generales son:
Dólmenes: cámaras tapadas con piedras horizontales.
Galerías cubiertas: corredor de losas verticales tapadas.
Dólmen de corredor: sepulcro de corredor, con cámara fi­nal para enterramiento. Se cubrían con tierra.
Menhir: piedra hincada en tierra.
Cromlech: círculo de menhires (como el de Stonehenge).
Templos megalíticos de Malta: para el culto.
Cursus: caminos con lados vaciados. Conducen a monumentos.
Woodhenges: cromlechs de madera. Se conservan los orifi­cios en el suelo.
Causewayed Camps: recintos delimitados por un surco.
En la península el megalitismo aparece h. 3000, con crom­lechs (Lo­ma de Atalaya en Almería) funerarios. En 2900 los círculos fu­nerarios se dotan de pasillos con sepulcro de corre­dor y a ve­ces cierre de falsa cúpula: Romeral y Menga (Anteque­ra), Mata­rrubilla y Pastora (Sevilla).

Dolmen de Menga, Antequera.

4.3. APARICIÓN DE LA METALURGIA.
Hay dos teorías sobre su origen. La más antigua es un ori­gen mediterráneo, con buscadores de cobre y estaño procedentes del Próximo Orien­te, donde nació la metalurgia h. 3.500. La teoría más reciente aboga por un desarrollo independien­te en la Península, con­creta­men­te en Huelva, c. 3000, basada en su ri­queza en mine­ral de co­bre.
4.4. CULTURA DE LOS MILLARES.
En 2340 aparece ya la cultura de los Millares, en pobla­dos (el de los Millares tenía unos 2.000 habitantes) sitos en las cimas de coli­nas, con viviendas circulares de pie­dra y rodeados de mura­llas. Tenían al lado una necrópolis mega­lítica, con tum­bas tho­loi cubiertas con cúpu­la, pasillos com­partimenta­dos, crom­lechs concéntricos. Es una cul­tura de mezcla indí­ge­na me­galíti­ca ­(fu­ne­rario) y foránea (ar­tículos de impor­ta­ción). La econo­mía era agrícola y ganadera. Ex­tiende su influ­jo hasta Vila Nova (cerca de Lisboa).
4.5. CULTURA DEL VASO CAMPANIFORME.
El “pueblo portador del vaso campaniforme” se pensaba que había aparecido en Andalucía, pero la tesis actual es que apa­re­ció en Eu­ropa central y se extendió por todo Occi­dente, h. 2300-1600. Extiende dos rasgos: 1) Una cerámica común, acam­pa­nada inver­tida y muy decorada, de gran calidad. 2) El uso del co­bre.
La creen­cia de que era una cultu­ra homogénea ha dado paso a la opinión de dis­tin­tos gru­pos, épocas y luga­res, en lo que parece ser una moda cultural que daba presti­gio social. Fue usa­do por los pueblos megalíticos, así como por otras cultu­ras cal­colíticas.
La evolución cronológica apunta a dos fases:
1) Antigua (2300-2000), con tres tipos: cordada (decora­ciones de “cuerda”, en Países Bajos), marítima (decoración pun­teada, en Iberia), oriental (deco­raciones in­cisas, en Europa del Es­te).
2) Recien­te (2000-1600), con decoración incisa, lo que supone una expan­sión paneuropea desde el Este, que al mismo tiempo difunde el uso del cobre.
En la Península hay dos tipos de cultura campani­for­me, entre 2300 y 1250:
1) Marí­ti­ma, más antigua, con decoración “punteada”.
2) Conti­nen­tal, más evo­lucionada (Carmona, Ciempozue­lo), con deco­ración incisa. De­libes opina que la cultura del vaso campa­ni­forme continental introdu­ce en la península tres noveda­des: a) Susti­tuye el ente­rramien­to co­lec­tivo por el individual, b) ge­nerali­za el cobre, c) apa­rece la orfebrería de oro, como un signo de estratificación social.

5. LA EDAD DE BRONCE.
La Edad del Bronce sustituye a la metalurgia del cobre. En el Mediterráneo se había desarrollado una “ruta de los meta­les”, hasta los yacimientos de cobre de Riotinto y de esta­ño de Cor­nualles. A lo largo de esta ruta surgieron las dos grandes culturas hispanas de esta Edad del Bronce: la de Baleares y la de Argar. Podemos establecer una periodificación en tres fases para el resto de la Península.
5.1. TALAYÓTICA: BALEARES.
Las Baleares se relacionan con la ruta de las islas: de Córcega, Cer­deña, Mal­ta y el Egeo. Hay dos periodos:
1) Preta­layótico (2000-1200), con una cultura pobre, con pequeños poblados sin protección.
2) Talayó­tico (1200-200 aC). Al parecer hubo una in­va­sión de uno de los Pueblos del Mar (los ballein), expulsados del Medi­terráneo Oriental, que dominaron a la po­blación preta­layó­tica. Desarrollan una arquitec­tura ci­cló­pea en Mallorca y Me­norca: poblados militari­zados con tala­yotsde planta cir­cu­lar o cua­drada y estruc­tu­ra troncónica, se de­dica­ban a la vi­vienda y defensa, navetas en forma de naves inver­tidas, para la re­li­gión y el enterra­mien­to y taulas —con for­ma de dinte­les, para los sacrifi­cios.

Naveta dels Tudons. Menorca.

5.2. CULTURA DEL ARGAR.
Se desarrolla en 1700 a 1100 en la zona de Almería. Posi­blemente es la primera cultura urbana del Occidente euro­peo, con una división del trabajo, cla­ses so­ciales y un poder cen­trali­zado en reyes o jefes militares y religiosos. Destacan dos eta­pas, coincidiendo con los perio­dos Antiguo y Medio del resto de la Península. Una primera etapa (1700-1500), con tum­bas in­di­vi­dua­les en cis­ta o fosa, se unen el po­blado y la ne­crópo­lis. Una segunda eta­pa, 1500-1200, con tum­bas en jarra o pit­hos.
5.3. BRONCE ANTIGUO.
Transcurre desde 1800 a 1500. En la Meseta continúa la cul­tura campaniforme de Ciempozuelos. En el Atlántico hay dos periodos: 1) epicampaniforme local, 2) evolucionado, influido por otras zonas atlánticas. En el N destaca el arte de los pe­troglifos o grabados rupestres al aire libre en granito.
5.4. BRONCE MEDIO.
Entre 1500 y 1200. Sigue la línea del Bronce Antiguo. En el Atlántico hay una rica orfebrería.
5.5. BRONCE FINAL.
En el oeste se desarrolla todavía la metalur­gia del bron­ce. En la Meseta la cerá­mica es troncocó­nica y de per­files ca­rena­dos, con deco­ra­ción incisa, y el ente­rramiento es aún de inhumación. En Cataluña y parte del Norte de la Península, como en Europa Central, se desarrolló durante los últimos siglos de la Edad del Bronce, desde el s. XII, la “Cultura de los Campos de Ur­nas”, cuyas gentes aún no conocían la metalur­gia del hie­rro, pero ya ha­blaban una len­gua indoeuropea y utilizaban el sis­tema de ente­rra­miento por incine­ra­ción en urnas deposi­ta­das en ho­yos, susti­tuyendo a la inhuma­ción en cue­vas. Esto facilitó el futuro éxito de las invasiones celtas del s. IX.

6. LA EDAD DEL HIERRO.
En la Península el hierro lo introducen los pueblos cel­tas, que ocuparán distintos puntos desde principios del primer mile­nio y extienden la nueva técnica a los pueblos indígenas del centro y a los iberos de la zona mediterrá­nea.
La llegada de co­loni­zadores griegos y fenicios provoca cam­bios culturales, en­trando la Pe­nínsula en los circuitos co­merciales mediterráneos, así como se inicia la Histo­ria escri­ta, en este perio­do que co­mienza en los siglos VIII-VI.
6.1. TARTESSOS.
En Andalucía occidental surge la gran cultura tartésica. Es un misterio todavía. Las primeras fuentes escritas son la Bi­blia (se supone que la rica Tarsis se refiere a Tartessos), Estrabón, Herodoto y Avieno.
Se duda sobre si hubo un Estado centralizado con una ca­pi­tal o fue una confederación de ciuda­des. Es posible que al­can­zara desde Huelva hasta Cartagena, política o cultu­ralmen­te. Parece que hubo una monarquía (de origen in­doeu­ropeo), desta­cando Gargoris y un famoso rey, Ar­gantonio (630-550), bien re­la­cio­nado con los fo­ceos según Heródoto, que narra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tartesio.
La eco­no­mía era próspera gra­cias a la agricultura y gana­dería, la pes­ca, la mine­ría y meta­lurgia (cobre, plata, plomo), el comercio de meta­les (era inter­me­diario entre el estaño del N de Europa y el Mediterrá­neo). Había una es­critura silábica de 32 signos (aún indesci­frada). El arte estaba muy influido por Oriente, en ce­rámica, orfebrería (tesoro de Carambolo) y ar­mas.
La decadencia lle­gó con el auge de los car­tagineses, que des­truyeron el Esta­do hacia el -500. Su población perduró en el pueblo de los turdetanos.

Mapa de Tartessos y las colonias más cercanas.

6.2. LA CUESTIÓN DE LOS IBEROS Y LOS CELTAS.
Parece que la Península estaba habitada a mediados del primer milenio y hasta la conquista romana por una amplia di­versidad de pueblos entre los que des­tacaban dos grupos: ibe­ros y cel­tas, con mutuas influencias.
Hay un perma­nente debate historiográfico sobre los iberos, los cel­tas y su eventual fusión en los celtíbe­ros, so­bre sus relaciones y exten­sión, sobre su organización políti­ca y social, su cultura y arte, por lo que debemos limi­tarnos a tra­zar una panorámica general de las últi­mas opiniones más con­so­lidadas. Debemos desterrar la obsoleta idea tradicio­nal de que los cel­tas se establecieron en el NO de la Península arrin­co­nando a los iberos al Mediterráneo y mezclán­dose con estos en el cen­tro.
Hoy se considera que hubo una geografía variable en el asenta­miento de los pueblos celtas y que los iberos son un fe­nómeno predominantemente cultural, mientras que el grupo cel­tíbero se formó como re­sultado de la fusión de al­gu­nos pue­blos indígenas de la Mese­ta con los celtas, por lo que no habría existido in­fluencia de los iberos.        
6.3. LOS IBEROS.
El fenómeno ibero.
Los pueblos iberos descendían de las comunidades prehistó­ricas (sobre todo de la Cultura del Argar), con un fuerte sus­trato africano. Estaban establecidos en Andalucía y la costa mediterránea.
La tesis do­mi­nante es que lo ibérico se reduce a un fe­nó­meno cul­tural en arte, religión, costumbres, hablando va­rian­tes de un común idioma pre-indoeuropeo. Almagro, Blázquez y Tarran­dell interpre­tan que la cul­tura ibé­rica nace como conse­cuencia de la influencia de los pueblos colonizadores feni­cios y grie­gos sobre las pobla­ciones indígenas, formando un con­junto de pueblos sin unidad política, con dife­ren­cias en la organiza­ción político-social, pero con una cultu­ra bas­tante co­mún.
La diversidad tribal.
Había una gran diversidad de pueblos iberos, en especial donde la influencia de los grupos militares celtas había sido mayor, provocando la disgregación política. Se extendían por la costa mediterránea, el valle del Ebro, e incluso más allá del Pirineo, por el Languedoc, hasta unirse con los ligures y ga­los.
Organización socio-política.
No tenían una organización política homogénea, que podía ser monárquica (en la costa mediterránea) o aristocrática (en el interior y hacia el Norte y Oeste). En Sagunto había una democracia incipiente al modo griego. Se organizaban por lo común en ciudades-estado con un espacio alrededor de dimensión muy varia­ble con aldeas menores. Los poblados eran pequeños (Ullastret, Azaila, Ar­chena...), de calles estrechas y tortuo­sas, fuerte­mente amura­llados, situados por lo general en alto­zanos y con una necrópo­lis cercana.
Había una estratificación social basada en el poder econó­mico. La nobleza aristocrática tenía el poder político y econó­mico, monopolizando la monarquía. Una seminobleza y una clase de medianos terratenientes tenían unos niveles más modestos y eran ciudadanos li­bres. La clase baja la componía la inmensa mayoría de la po­bla­ción: campesinos, ganaderos, artesa­nos. Por último, los siervos y esclavos. La tie­rra puede ser comunal o de pro­pie­dad privada.
Economía.
La base económica era la agricultura de cereales, vid, oli­vo, frutales, lino. Además contaban con la explotación fo­res­tal, la ganade­ría (ca­ballos, vacas, ovejas y cabras), la caza y la pesca.
La artesanía era importante: metalurgia, armas, sala­zón de pes­cado, cerámi­ca, orfebrería, tejidos de lino.
La minería era muy rica en hierro, es­taño, pla­ta, co­bre, oro y minio.
El co­mercio se concentraba en la costa medi­terránea, cerca de las colonias semitas y griegas, con exporta­ción de metales (la ma­yor fuente de riqueza), lana, esparto, lino y alimentos (miel, acei­te) e importa­ción de pro­ductos ma­nufactu­rados (cerá­mica, escul­turas, armas, tejidos, perfumes).
La mo­neda será una apor­tación griega y las primeras acuña­ciones son de Emporion en 400, difundiéndose a casi todas las ciuda­des importantes en los s. -IV-III aC.
Religión.
Había un gran número de dioses, masculinos y femeninos, tanto de origen autóctono, como semita y griego.
No se han en­contrado templos, pero sí san­tuarios en la cumbre de las monta­ñas, en los que se depositaban exvotos reli­giosos (amuletos de bron­ce o barro), en el Cerro de Santos, Castillar de Santiste­ban, la Serreta.
La incineración era el modo común de se­pultura, en un vaso ce­rámico con alimentos.
Cultura.
La escritura ibera parece que se originó en Tartessos, por la influen­cia fenicia y griega, y se desa­rrolló hasta la do­mi­nación romana. Su alfabeto sigue siendo indescifrable en su mayor parte, pero últimamente se han hecho grandes progresos.
Arte.
La arquitectura es urbana. Destaca la funera­ria, con ma­teriales de piedra, el adobe y la madera: la tumba de Toya. Los ilergetes del Urgel tenían una gran fortaleza en Els Vilars (para 150 personas), que duró entre s. IX y 325 aC, posiblemen­te la mejor obra de defensa de la Península(murallas, torres, foso, campo exterior de frisa para obstaculizar el avance enemigo).
La escultura de pie­dra, te­rra­cota o bron­ce, fomentada por los innume­rables exvotos que se depo­sita­ban en los santua­rios, en forma de hom­bres (orantes esquemáticos), mu­jeres (orantes femeninas encapuchadas) y ani­males (Bi­cha de Bazalo­te, toro de Osuna).
Las mejo­res esculturas de sa­cerdotisas oferen­tes son la Dama de El­che y la Dama de Baza, ambas de evi­den­te influencia púnica (son una ver­sión ibe­ra de la dio­sa car­ta­gine­sa Tanit y los amu­letos que llevan son fenicios) y griega (pei­na­do, ropa­je). Lle­van un hue­co para alber­gar las cenizas del difunto. La Dama de El­che, más anterior, es la má­xima obra del arte ibe­ro, con ex­ce­lente téc­nica, pero sólo se ha conservado su busto; la Dama de Baza es más rústi­ca, con un ropa­je indíge­na, mucha jo­yería y conserva su trono grie­go.
En la escultura ibera también impre­sionan los guerreros de Cerrillo Blanco, en Por­cu­na (Jaén), de gran volumen y cuidado es­quema­tis­mo. Un misterio es la destruc­ción masiva de muchas de estas grandes esculturas iberas h. el s. IV, reu­tilizando los mate­riales para otros usos. )Hubo un cambio religioso o una crisis social? Es una excepción histórica esta iconoclastia, ya que no hubo un cambio radical en la so­ciedad ibe­ra.
La cerá­mica es muy varia­da, con in­fluen­cia grie­ga, decora­da con moti­vos geo­mé­tri­cos (Archena), zoo­mór­fi­cos (A­zai­la), narrativo de proce­siones de guerreros (Liria).
LOS PUEBLOS IBEROS.
Podemos estable­cer una división tribal y espacial aproxi­mada gra­cias a las fuentes romanas:
Andalucía.
Turdetanos: herederos de los tartesios, ocupan casi todo el valle del Guadalqui­vir. Son el pueblo más avanzado económica y cultu­ralmente.
Bastetanos: en Cádiz.
Oretanos: en la Sierra Mo­re­na.
Mas­tienos: cerca de Algeci­ras.
Libiofenices: de Málaga a Alme­ría.
Deitanos: en Cádiz.
Levante.
Contes­tanos: en el río Júcar.
Ede­ta­nos: en Valencia y Cas­tellón (Sagunto).
Cataluña.
Sedetanos: en el Ebro.
Ilergetes: en el Urgel.
Sueseta­nos: en Tarragona.
Laceta­nos: entre Barcelona y Blanes.
Ausetanos: entre Vich y Ge­rona.
Ausoceratas: en Besalú.
Bergis­tanos: en Berga.
Otros pueblos cercanos a los Pirineos (sordones, indike­tas, ansosinos, airenosos...) sólo eran parcialmente ibéri­cos, con bastante influencia de celtas, vascos y otros indígenas.


Mapa de los pueblos preiberos, iberos y celtas, más las colonias griegas y fenicias.

6.4. PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE DE LA PENÍNSULA.
El fenómeno celta.
Los pueblos celtas eran invasores indoeuropeos del centro de Europa que habían penetrado en Cataluña, valle del Ebro, la Meseta, Galicia, Asturias, Portugal, Extremadura y algunas zo­nas de Andalucía. Habrían llegado en dos grandes oleadas, en los s. IX (Cultura de Hallstatt) y s. VI (Cultura de La Tène).
Ha­blaban una len­gua indoeuropea, intro­dujeron el hierro (aunque también utili­zaban el bronce) y el sistema de enterra­miento por incinera­ción en urnas deposi­ta­das en hoyos (siguien­do una pauta que ya penetró en el s. XII con la “Cultura de los Campos de Ur­nas” en Catalu­ña), susti­tuyendo a la inhumación en cue­vas. Sus po­blados for­tificados eran de ca­sas rec­tangulares. Conocían el arado y practicaban una agricul­tura cerealista.
Su triunfo cul­tural no fue comple­to, pues eran pequeños grupos guerreros, superiores sólo por su ar­mamento de hie­rro, que por lo general for­maron una casta mili­tar dominante sobre los pueblos indígenas del centro y norte (sobre los más atrasa­dos impusie­ron fácil­mente su cultura) y los pueblos iberos de Cata­luña y el valle del Ebro, estos de una cultura superior, por lo que los celtas fueron in­tegrados y aculturizados muy pronto pese a su do­minio político-militar.
La diver­sidad tribal.
Eran muy heterogéneos, por el dife­renciado sustrato indí­ge­na anterior a la invasión de los pue­blos celtas indoeu­ro­peos. Destacan los celtíberos (sobre todo los arevacos de Numancia), los carpetanos, vacceos y vetones, lusitanos, cántabros, astu­res y ga­laicos. En general, los más desarrollados estaban en la Meseta, mientras que los más pobres estaban en la cornisa can­tábrica. Hay bastantes diferencias en su vida económica y or­ganiza­ción social.
Organización socio-política.
Su estructura social en tribus y clanes era muy rígida, con una jerarquización aristocráti­ca, en al­gu­nos ca­sos con re­yes, pero normalmente con jefes y régu­los aristócratas ele­gidos por asam­bleas populares. Los hombres libres esta­ban liga­dos a los jefes mediante la clientela (el patrono pro­tegía a sus clientes a cambio de fidelidad y servi­cios) y la devotio (una clientela específicamente militar, en la que los clientes lu­chaban al lado de su patrono, llegando inclu­so al suicidio en caso de muerte de este).
En las zonas ganaderas dominaba la gran propiedad en manos de la aristocra­cia. En las zonas cerea­listas la propiedad era comunal, con un reparto de las tierras entre los hombres li­bres. No parece que hubiera esclavitud, pero sí servidumbre y clientelismo. No se puede hablar de ciudades, aunque algunos poblados eran de cierto tamaño (Numancia, Segontia, los castros gallegos).
Economía.
La eco­no­mía era ce­rea­lis­ta en las llanuras de los ríos y, sobre todo, gana­dera de carácter nó­ma­da, con una excelente me­ta­lur­gia del hie­rro. La división del trabajo era mínima y ape­nas se conocía la moneda. La pobreza eco­nómica llevaba a muchos jefes a emprender expediciones de sa­queo para obtener botín y contratarse como mercenarios con sus hombres.
Religión.
La religión era indoeuropea, con dioses de la guerra y de la naturaleza.
Cultura.
Se hablaban idiomas dife­ren­tes de origen in­doeu­ro­peo. La es­cri­tura va desa­parecien­do hacia el Noroeste.
Arte.
El arte era muy pobre: cerámica con decoración geométrica y una escultura de animales toscamente labrados (los toros de Guisan­do).
LOS PUEBLOS CELTAS.
Celtíberos.
Es inexacta la idea de que eran una simple mezcla de cel­tas e iberos. Los celtíberos son el resul­tado de la fusión de algunos pueblos indígenas de la Meseta con los invasores indo­eu­ropeos celtas procedentes del centro de Europa. Sus elementos cultu­ra­les dominantes son de origen celta o indoeuropeo. Eran agri­cultores pobres y ganaderos. Las tribus principales era los arévacos, be­los, titos, lusones y pelendo­nes, que habitaban la zona cen­tro-oriental de la Meseta, en poblados como Numancia, Bílbilis y Segóbriga. Por su po­breza realizaron servicios como mer­cena­rios en los pueblos del sur y sureste de la Península, y más tarde en las tro­pas car­tagi­nesas y roma­nas, lo que facilitó los in­tercambios cultu­rales.
Los arevacos eran los más importantes, con su ciudad de Numancia, que resistió a los romanos en una larga guerra celti­bérica (154-151 y 144-133).
Carpetanos.
La Carpetania se extendía al sur de los celtíberos, en Castilla la Nueva, entre la sierra de Guadarrama y el Guadiana. Su economía era pastoril trashumante. La influencia céltica era escasa.
Vacceos y vetones.
Se extendían por el valle del Duero, hasta Ávila, Salaman­ca y Cáceres. Los vac­ceos eran una minoría militar que dominó a los vetones, un pueblo indígena anterior. Tenía una economía predomi­nante­mente agrícola (una excepción entre los celtas), con campos co­lec­tivos repartidos en lotes anua­les, con un re­parto colecti­vo del pro­ducto. La estructura tri­bal era muy fuerte.
Lusitanos.
La Lusitania se extendía por Portugal y Extremadura. En la zona de Lisboa y la costa del Algarve la eco­nomía era rica y variada. En el interior vi­vían del pastoreo y la guerra de pi­llaje sobre las poblaciones vecinas.
Cántabros.
En Cantabria. Su economía pastoril era muy pobre y eran duros guerreros, que saqueaban a sus vecinos.
Astures.        
En Asturias, León y norte de Zamora. Con organi­zación gen­tili­cia en centurias. Muy atrasados en su economía pastoril.
Galaicos.
En Galicia. En esta zona la inmigración celta fue mucho menor de lo que se creía. La organización social era gentilicia en centurias y ma­triarcal, con la mujer como heredera de los bienes y respon­sa­ble de dotar a los hermanos. Los dioses eran femeninos, en especial la diosa de la fe­cundidad. Al final, en el siglo II, aparecieron estructuras patriarcales y gue­rre­ras. La eco­nomía era de recolec­ción, caza y pastoreo. Vivían en unos 5.000 castros forti­ficados en las colinas, con vivien­das circu­lares. Destaca el castro de Santa Tecla. Se relaciona­ban cultu­ral­mente con los britanos.
6.5. LOS VASCOS: UN CASO APARTE.
Aparte de los pueblos ibérico y céltico y de la influencia de los colonizadores están los vascos, un sustrato étnico muy antiguo en la Península, que se extendían por ambos lados de los Piri­neos y a lo largo de estos hasta Cataluña. Su raza y lengua es muy anterior a los pueblos restan­tes, sin el menor parentesco con las lenguas indoeuro­peas. Su economía pastoril y su agricultura arcaica hacían que la pobreza les empujara a continuas correrías de saqueo entre sus vecinos.

7. LAS COLONIZACIONES.
 Hay dudas sobre si la vid y el olivo, las salinas y las téc­nicas mineras, la me­talurgia del hierro, la salazón del pes­cado, el torno de alfarero, la moneda, la escritura y otros adelantos llega­ron con los feni­cios o con los grie­gos: parece muy proba­ble que con los dos pueblos, cada uno en su ámbito de influen­cia. Es probable que el uso del hierro se difundiera también por influencia celta desde el interior de la Península.

Colonización griega y fenicia en el Mediterráneo.

7.1. FENICIA.
La colonización fenicia, exclusivamente comercial, fue la primera en llegar a la Pe­nínsula Ibérica, pretendía dominar la ruta de los metales.
Las fuentes escritas sitúan su inicio en fe­chas extremas: en el s. XI, pero sólo se han encontrado restos desde el s. VIII. El primer asentamiento se produciría en Sexi (Almú­ñe­car), el se­gundo en Huelva y el ter­cero (y más exitoso) en Cá­diz, según las fuentes en el 1104-1100.
Al principio eran pe­queñas facto­rías comerciales en la costa (preferentemente en las islas cer­canas a la costa para mejor defenderse y comerciar), pero sobre el 750-650 se crearon pequeñas ciudades comerciales: las mayores se­rían Ga­dir (Cá­diz), Se­xi, Abdera, Mala­ka y Ebussus (I­biza, 650). Una infi­ni­dad de pe­queños establecimien­tos se ex­tendió por la costa anda­luza. El comercio fenicio se extendió también por el valle del Ebro, la otra ruta hacia el estaño del Atlántico, en 630-575.
El comercio fenicio recababa metales (cobre, plata, plomo, esta­ño) para llevarlos al Mediterráneo Oriental. Introducía cerámi­ca, teji­dos, armas... pero sobre todo su cultura: sus dioses As­tarté, Melkart, Baal Hammon, mitos orientales (como muestran los temas de figuración en la cerámica ibérica), obje­tos de culto (páte­ras, jarros de libaciones, pebeteros, trípo­des), la metalurgia del hierro (era conocida en Iberia ya un poco antes pero se difundió gracias a ellos en la costa levan­ti­na), la es­critu­ra y el alfabeto (que pudo influir en el tar­té­sico y el ibéri­co), el arte (sobre todo en los temas decora­ti­vos).
7.2. GRIEGA.
La colonización griega es diferente, pues atendía a dos objetivos: la ruta de los metales y la explotación rural para verter el exceso de población. La superpoblación griega motivó la necesidad de tierras para la agricultura, las tensiones so­cia­les y la expansión co­mer­cial de las ciudades-estado. A par­tir del siglo VIII la solución fue crear colonias a lo lar­go del Medite­rrá­neo. Los eubeos y calcidios llegaron a la Magna Grecia (S de Italia) y desde ella se exten­dieron los griegos por toda la vertiente N del Medite­rráneo Occidental, pues la vertiente S estaba en manos fenicias.
En España los ro­dios llegaron a Rhode (Rosas) tal vez en 776 (noticia de Estrabón), pero la arqueología no lo ha pro­ba­do. Samnios y eginetas llegan a par­tir del 700: Heródoto na­rra el viaje de Colaios de Samos (630) y su amistad con el rey tar­tesio Ar­gantonio.
Destacan, sobre todo, los focenses (o fo­ceos, de Focea, ciudad jo­nia de Asia me­nor) que fundan la colonia de Mas­sa­lia (Marse­lla en el sur de Francia) en el 600 y en la Península la de Empo­rion (el “mer­cado”, actual Am­pu­rias) hacia 580-575, en el golfo de Rosas (Gero­na), a sólo 15 km del poblado ibérico de Ullastret. La colonia era de­pendiente de Mas­sa­lia y fue una pe­queña ciudad-co­lo­nia con un ur­ba­nismo regu­lar y ac­tivo comer­cio, con mucha po­blación ibera he­lenizada separa­da de la griega por una mura­lla; es evidente que hubo un acuerdo político entre ibe­ros y griegos, pues convi­vieron las dos comunida­des.
Más tarde se exten­dieron hacia el sur del Ebro, para co­mer­ciar con Tar­tes­sos, fun­dando Heme­rosko­pion (Denia, en Ali­can­te), Alonis, Akra Leu­ke, Maina­ke, Portus Menu­sius (cerca de Gadir)..., pero tras la de­rrota naval de Alalia en 535 ante la flota etrusco-púnica tuvie­ron que aban­donar el sur del Ebro (su presencia en Huelva desaparece, al mismo tiempo que el reino de Tartessos decae, y h. 500 es destruido por los cartagineses) y los fo­censes y massaliotas se con­cen­traron en Empo­rion, que en -218 fue la primera base mi­li­tar de la con­quista romana.
Las importaciones de productos griegos son muy importantes en el periodo 600-500, pero luego los talleres ibéricos asimi­lan su arte y copian sus cerámicas, hasta que desde el 450 la cerámica clásica ateniense se vuelve a imponer, influyendo muy al interior de la península.
La influencia cultural es muy im­portante: dioses, ritos funera­rios, mitos culturales, modo de vida heleno entre la aristocracia, la moneda (Emporion y Rho­de), que se difundirá en las muchas cecas ibéricas.
7.3. CARTAGINESA.
La colonización cartaginesa vive dos etapas: comercial al principio, militar al final.
Con la caída de las ciudades de Fenicia en manos de asi­rios y persas el predominio comercial pasó paulatinamente a los púnicos de Cartago (fun­dada en -630), que en la primera etapa, des­de el 600, se asentaron en las cos­tas de la Cordillera Peni­bé­tica, desde Málaga a Almería (colo­nia de Baria, importan­te puerto de minerales) y dominaron la ciudad de Ebussus. Montaron fábri­cas de salazón del pes­cado, de púrpu­ra (ex­traída de la concha del murex) para la in­dustria textil. Explo­taron el es­parto para las cuerdas y la cestería, así como gran­des explota­ciones agrí­colas de vid, oli­vo, grana­do, con trabajo esclavista y avanza­das técnicas de cultivo. Importaron a cambio vasos griegos, amuletos de hueso, huevos de avestruz, vidrio, teji­dos, orfe­bre­ría, armas...
Tras la derrota en la I Guerra Púnica con Roma, los carta­gineses pasa­rán a la ocupación militar del interior peninsular, durante unos dece­nios. La familia Barca, con Asdrúbal, Amílcar y des­pués Aníbal for­ma­ron un ver­dade­ro imperio, el primero en la Península, con una ex­plota­ción orga­niza­da de las riquezas (ali­men­tos, metales, sol­dados), has­ta su derrota a finales del s. III. Fundaron Car­tago Nova (Car­tagena), como base naval para su futuro ataque a Roma.

Pero todo este gran imperio cartaginés se desmoronará cuando Roma gane las guerras púnicas.

Mapa de la conquista romana, a partir de la zona al norte del Ebro.
BIBLIOGRAFÍA.

Documentales.
Serie Memoria de España, RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: En el inicio de los tiempos. / De Altamira al útil de metal. / Tarteso, reino legendario. / Las potencias se disputan Iberia. / Hispania, un producto de Roma.
Tartesos. Serie Memoria de España. 60 minutos. Sobre la civilización tartesia y la colonización fenicia y griega.

Exposiciones.
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Libros.
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Arribas, Antonio. Los iberos. Ayma. Barcelona. 1972. 242 pp.
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Montañés, José Ángel. El AVE reescribe la historia. “El País” Cataluña (29-I-2012) 1 y 4. Las obras del AVE en la zona de Sant Andreu-Sagrera de Barcelona abren una inmensa excavación arqueológica, con yacimientos desde el Neolítico hasta el siglo XIX. Destacan una fosa múltiple neolítica, en la que fueron enterrados un centenar de víctimas de una epidemia, y una villa romana en el puente de Treball Digne.

PROGRAMACIÓN.
LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 4. Sociedades his­tóricas. Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizaciones y Anti­güedad clá­sica. En el apartado: - Las sociedades prehistóricas cazadoras y recolectoras. La Revo­lución Neolítica. Las primeras civilizaciones. - Aspectos sig­ni­ficativos de la Prehistoria y la Edad An­tigua en el terri­to­rio español actual.
Se secuenciará antes del tema de la Prehistoria Balear, en el que se estudian las culturas pretalayótica y tala­yótica, y la colonización púnica y la influencia griega en las Baleares. Este será por tanto, un tema de doble finalidad: intrínseca al contexto peninsular e introductorio a la prehis­toria e inicios de la Historia en Baleares.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Tema de Educación Moral y Cívica, de Educación para la Paz, de Educación Ambiental.
TEMPORALIZACIÓN.
Cinco sesiones.
1ª Documental sobre el Paleolítico español. Diálogo con los alumnos, para evalua­ción previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Diálogo.
3ª Exposición del profesor. Actividades.
4ª Documental sobre los iberos. Diálogo. Exposi­ción del profesor.
5ª Exposición del profesor, de repaso y refuerzo. Actividades de esquemas, comentario, mapas.
Varias de las actividades de grupo e individuales se harán fuera de clase, como deberes en casa.
OBJETIVOS.
Identificar las distintas etapas históricas de la penínsu­la hasta la dominación romana.
Relacionar las etapas anteriores con los modos de vida.
Realizar una termi­nolo­gía del periodo, me­diante fichas.
Realizar cronologías, esque­mas, gráfi­cos y mapas.
Valorar el arte y los objetos del pasado, como sig­nos de la cultu­ra del hombre.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Prehistoria peninsular: Paleolítico Inferior, Medio y Su­perior; Epipaleolítico; Neolítico; megalitismo; Edad de Bronce.
Edad del Hierro: Tartessos, Iberos, Celtas y pueblos del centro y N de la península.
Colonizaciones fenicia, griega y cartaginesa.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: Análisis, interpretación y síntesis de información a par­tir de mapas, diapositivas y cua­dros cronológicos, para formar conceptos abstractos. Clasifi­cación y registro con fichas y esquemas. Uso de la termino­logía prehistórica. Localización en mapas de las industrias líticas, las loca­lizaciones de núcleos, la difusión del Neolítico, etc. Comentario de fuentes escritas indirectas. Análisis de casos concretos.           
Explicación multicausal: Comprensión de conceptos de tiem­po largo y lento, de cau­salidad múltiple.
Indagación e investigación: Iniciación a la interpreta­ción histórica y artística de las manifestaciones culturales. Técni­cas de trabajo histórico con fuentes arqueológicas.
C) ACTITUDINALES.
Rigor y curiosidad científica: estímulo de la curiosi­dad por el análisis histórico a tra­vés de las fuentes arqueoló­gicas y clásicas.
Valoración de los yacimientos arqueológicos.
METODOLOGÍA.
Expositiva y participativa.
En el primer ciclo de ESO debe enlazar con los contenidos de la Educación Primaria (EP), como “Formas de vida y paisajes históricos” (la vida cotidiana en la Prehistoria). En el segun­do ciclo se relaciona con el principio de la Historia en la Península. Hay que explicar y desarrollar un esquema conceptual en presentación digital (o en trans­parencias), con algún video sobre alguna población pre­histórica actual. Fomento de la participación oral.
MOTIVACIÓN.
Documental sobre el Paleolítico. Diálogo, que además sirva de evaluación previa. Documental sobre los iberos. Ambos documentales servirán para, en la 1ª y 3ª sesio­nes respectivamente, concitar y soste­ner la atención de los alumnos. No se hará lo mismo con las colonizaciones, sobre todo por falta de tiempo.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición en clase, con uso de presentación digital (o en su caso transparencias para los es­que­mas con­ceptuales y diapositi­vas), mapas.
En el aula situar en el mapa los yacimientos y localida­des más importantes, gráficos cronológicos, estudio de casos con­cretos: Millares, Numancia, el enigma de Tartessos...
Se conectará con una actividad de la UD siguiente, de Ba­leares, que tiene en su programación de actividades una visita al Mu­seo arqueo­lógico (de cada is­la), concen­trada en las salas más inte­resan­tes: p.e. del pretalayótico y talayótico en Mallorca Menorca, de la co­loni­zación púnica en Ibiza. Esto ser­virá de refuerzo y repaso de esta UD.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados.
Realizar una línea de tiempo.
Realizar tres mapas: 1) Paleolítico, 2) Neolítico, 3) Ibe­ros, celtas y pri­me­ras colonizaciones.
Un debate sobre el iberismo de los pueblos mediterráneos.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Manuales, textos, libros especializados, artículos, trans­parencias, dia­positi­vas, fotografías, películas, mapas, etc.
EVALUACIÓN.
Continua, tanto de los grupos como de los indi­viduos, va­lorando todos los contenidos.
Una prueba escrita junto a la UD de las Islas Baleares, que valo­re los conoci­mien­tos de conceptos y la capaci­dad de sín­tesis y relación. Se ha­rán pregun­tas de tipo test, un comen­tario de texto y una pre­gunta un poco más larga, dentro de las posibili­dades reales de tiempo.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

 Antonio Boix Pons, en Palma de Mallorca (1998 y 2011).


     [1] Clottes, Jean; Lewis-Williams, David. Les Chamanes de la préhistoire1997.
     [2] Joaquín González Echegaray, director del Instituto para Investigaciones Prehistóricas Santander-Chicago reúne todas las teorías anteriores en su curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
     [3] Curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
     [4] Curso en la UIMP (2002). Significado del arte paleolítico. “El País” (18-VIII-2002) 24.
 [5] León, Pablo. Almuerzo con… Rodrigo de Balbín: ‘Las preocupaciones de un cromañón eran semejantes a las nuestras. “El País” (28-II-2011) 64.
[6] Esta corriente procesual-funcionalista explica la arqueo­logía por la relación de los restos o monumentos con el medio natural, siendo sus causas y formas adaptaciones de los hombres al medio en el que viven.


Enlace al tema en la web oposinet

2 comentarios:

  1. Hola herminia me gustaria saber si puedo conseguir mas temas. Muchas gracias!!!

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  2. Hola voy a prepararme oposiciones donde puedo conseguir todos Los temas.

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